50 años de infeliz matrimonio

Por Diana Chávez

Hace tiempo, mi mejor amigo me invitó a la boda de oro de sus abuelos paternos que vivían en una comunidad rural llamada El Agostadero. Las bodas de oro son una celebración que llevan a cabo las parejas que contrajeron matrimonio y cumplen 50 años de casados; es muy común hacer una celebración con personas cercanas a dicha pareja, así como una ceremonia religiosa según las creencias de la misma. En la boda de oro a la que fui, y en general en la comunidad que se llevó a cabo, la religión que se profesa es la católica. 

Primero se llevó a cabo una ceremonia religiosa en el templo de la comunidad. Recuerdo perfectamente la manera en que la abuela y el abuelo entraron; él vestía un traje formal y ella un conjunto color perla muy hermoso. Durante toda la ceremonia, ellos estuvieron tan serios que podría jurar que irradiaban infelicidad (más ella que él) y en ningún momento se vieron a los ojos.

Recuerdo una frase que el sacerdote dijo y que me hizo sentir esclavizada: Dios es cabeza del hombre, y el hombre es cabeza de la mujer. Nunca me sentí tan pequeña como cuando entendí que la religión que yo, las mujeres de mi familia y en general la mayoría de las mujeres de esa comunidad profesamos, nos veía como inferiores, mucho más inferiores que la altura de la costilla del hombre.

En ese momento le hice la observación a mi amigo sobre la seriedad de sus abuelos en esa ceremonia; y con un tono de resignación me contestó: -es que mi abuelo engañó muchas veces a mi abuela durante toda su vida y además era un borracho y a veces llegó a maltratarla. No pude creer lo que estaba escuchando y mucho menos la farsa de la que estaba siendo parte en esa ceremonia. Le pregunté que si su familia sabía, ¿por qué sometían a su propia madre a semejante tortura? Y él me dijo que ellos querían hacer esa celebración y que su abuela lo hacía por ellos y no por ella misma ni por su esposo.

Sentí rabia en ese instante por la manera en que era obligada a presentarse junto a su esposo, un hombre cruel, machista, violento y con el suficiente descaro de pararse a un lado de una mujer magnífica;  y tristeza, porque ella sentía la obligación de estar ahí por sus hijos y por su familia, sin embargo, se le notaba la ausencia de su alma en ese altar.

A partir de ese horrible suceso, dejé de sentirme parte de una religión que nos somete a prácticas y creencias que nos restan valor y se lo suman a los hombres o a Dios, a partir de ese día, sumé en mí misma todo lo que la iglesia no quiere ver que somos.

    1. Hola Pam,

      A nosotras también nos impactó la veracidad de lo que leemos. Nos agrada leerte, ojala que puedas seguir disfrutando de nuestros contenidos. Si te gustó, no olvides compartirlo para juntxs poder seguir difundiendo el feminismo.

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