Carta Editorial Enero – Acoso

Por Natalia Ventura

Hace aproximadamente cinco años, cuando me encontraba cursando mis primeros semestres de la carrera en Relaciones Internacionales de la Universidad de Guadalajara (UDG) tuve uno de los encuentros más desagradables con uno de los profesores en plena clase. Nos encontrábamos en plena clase y la dinámica consistía en que el profesor preguntaba a los alumnos sobre ciertos puntos del tema que estábamos viendo. Me llegó mi turno y el profesor me preguntó:  “Natalia tienes x (digo equis porque realmente no recuerdo a qué se refería) punto?” y yo o por timidez o distracción contesté “No”, a lo que acto seguido él respondió frente a toda la clase: “No tienes ese punto pero tienes punto G ¿verdad?” y empezó a reír, acompañado de la risa de más de alguno de mis compañerxs. 

Mi única reacción en ese momento fue ponerme roja como tomate, bajar la vista y sentir como todo mi cuerpo y mente  hacía cortocircuito para intentar entender que había pasado. Como suele ocurrir en estos casos, no hice nada, quise minimizarlo, no verlo y dejar pasar lo usé había sucedido, pero me sentía minúscula, ridiculizada, expuesta, impotente y molesta, pero algo cambió desde ese día y hacía todo lo posible por evitar al profesor, a quien siempre saludaba antes cuando me lo topaba en el pasillo, e incluso con quien platicaba (siempre de forma incómoda) entre clase, porque como ya se imaginarán, de alguna forma él se había “acercado” a mí antes del incidente.

Ahora que he podido analizarlo, sé que el comentario y sus acercamientos no fueron hechos aislados, las insinuaciones de sus intenciones siempre estuvieron ahí pero hasta antes de ese incidente no me había dado cuenta que lo que él estaba haciendo tiene nombre y apellido y que yo como muchas otras (desgraciadamente) sufrí de ACOSO en las aulas de mi universidad. 

Mi historia termina aquí (por fortuna) pero tiempo después me enteré que lamentablemente chicas más jóvenes de mi carrera fueron acosadas por el mismo profesor y que este cruzó la línea al intentar besar a una de ellas. La indignación fue tanta que se interpuso una denuncia hacia el maestro pero como se resolvió internamente en la Universidad de Guadalajara el castigo más “grande” contra éste fue el pago de una multa, se rumora que fueron 7 salarios mínimos, ¡JA! Imagínate que el daño ocasionado por ser un acosador en potencia sea de aproximadamente 600 pesos, una burla, y la eliminación definitiva de su puesto como docente dentro de la carrera de Relaciones Internacionales, pero ojo, el profesor siguió ejerciendo como docente en otras carreras dentro de la Universidad de Guadalajara. 

Por eso, cuando me encontraba en la marcha del pasado #8M sobre Av. Juárez y vi a tantas chicas pintando con aerosol las paredes del inmueble y escribiendo frases en el piso, en las bardas y ventanas, trepándose a las estatuas para decorarlas con frases y pañoletas verdes y moradas, no pude evitar soltar una que otra lágrima al coro unísono de “UDG encubre acosadores, UDG, encubre violadores” por qué si, la benemérita Universidad de Guadalajara encubre a mí acosador y al de tantas. La casa de estudios más grande de Occidente y la segunda universidad pública más importante del país es también el hogar de acosadores y violadores por montones a quienes protegen más que la integridad misma de las alumnas, profesoras y administrativas que por AÑOS han/hemos sido vulneradas. 

Sé que el acoso no tiene género, ni nombre, ni profesión ni estatus social y sé que es cierto que “no todos los hombres” (porque por alguna razón se tiene que clarificar esto siempre aunque resulte obvio) pero lo cierto es que todas las mujeres tenemos mínimo una historia de acoso, de alguna clase de violencia o agresión sexual y que empezamos a ser víctimas de ello a cortísima edad y muchas veces, en los espacios que creíamos seguros como nuestras casas o la escuela. 

Mi caso, mi historia no se compara en nada con lo que les ha tocado sufrir a miles de mujeres cada día en nuestro país. Hoy las abrazo a todas, porque por mínima o pequeña que parezca la agresión, sigue siendo eso, una agresión sexual, un acto o acción perpetrada sin consentimiento, una violación a nuestra intimidad, a nuestros cuerpos, a nuestro SER. Tras mi experiencia entendí que, me atrevo a decir, todas las mujeres hemos sido víctimas de alguna clase de acoso y/o agresión sexual y que la gran mayoría de nosotras no lo hablamos porque nos han enseñado a “normalizarlo” a minimizarlo, a culparnos  y a cargar con ello porque “así son los hombres”. Yo ya no me callo más y hoy cuento mi historia esperando con ella animar a más mujeres a contar la suya, sin importar lo “pequeñita” que parezca, lo irrelevante que les hayan hecho creer que fue lo que les pasó porque no es así, en un país donde mueren 10 mujeres al día, todas las señales “mínimas” de machismo son señales de alarma. 

Por eso este mes las invitamos a todas a utilizar este espacio de La Ola Púrpura para compartir sus experiencias con el acoso, con la única intención de soltarlo, compartirlo y encontrar empatía entre unas y otras. Las historias pueden ser anónimas o publicarse con el nombre y pueden ser contadas de la manera en la que cada una de ustedes prefiera. Las iremos compartiendo conforme vayan llegando y tienen todo enero para enviarnos sus experiencias.

Les mandamos un gran abrazo y esperamos que a través de este espacio sororo encuentren la manera de compartir su experiencia y liberarse de ella. 

Queremos invitarlas a compartirnos sus experiencias de acoso y contribuir a nuestro tendedero del acoso virtual, ya sea a través de una foto del testimonio, video, imagen o mandandolo por correo al correo de La Ola Púrpura, hazqueseveapurpura@gmail.com. Estaremos compartiendo este mes los testimonios para ayudara visibilizar las experiencias que todas hemos tenido que afrontar.

Los náufragos – La Isla Centeno (2020)

por Lucero Salazar

La Isla Centeno es un dúo tapatío compuesto por Lito de la Isla y María Centeno, esta unión musical surgió cuando Lito regresó a Guadalajara para descansar a consecuencia de su miocarditis, una enfermedad del corazón, y después de coincidir en un paseo en el parque, quedaron para escribir y lo demás se ha ido escribiendo desde 2018. 

Cómo diría mi abuela: no hay mal que por bien no venga y esta condición terminó titulando su primer álbum, que sacaron apenas el año pasado. Una definición de miocarditis dice que “los casos graves pueden debilitar el corazón” y parece que sí lo fue pues, al menos musicalmente, surgió un disco repleto de letras nostálgicas propias de un corazón roto, acompañado por la formidable guitarra de Lito y la melódica voz de María.

Las canciones de La Isla nacieron por casualidad, pero se han ido construyendo a través de gustos en común, como las rancheras de José Alfredo Jiménez y la admiración a Chavela Vargas, los boleros, el flamenco, los ritmos caribeños, el folk latinoamericano, entre otrxs. 

Los náufragos

El 2020 ha sido un año difícil, así que en los primeros meses de “cuarentena” era un alivio y un rayito de luz que fueran revelando cada ciertas semanas otra canción de su nuevo álbum. En tiempos donde salir de vacaciones es señalado e irresponsable, nos transportaron a dos elementos distintivos de su música: el mar y el sol, al alcance de un par de audífonos.

En Los Náufragos nos hablan del amor, cuando llega y también cuando es mejor dejarlo ir sin reprochar. 

miel everywhere

Con ‘Aquí’ inicia el disco, es una canción que evoca el deleite del nuevo amor, un tema que bien nos podría acompañar mientras naufragamos emocionadxs por aguas desconocidas.

‘El amor no existe’ nos dice que estaría bien tomar esos riesgos que podrían parecer de locxs en estos tiempos pero que si no los tomamos ¿qué chiste? dice “.. que el mundo se va a terminar y que no habrá vida en ningún lugar, mañana, pero hoy, aquí estás”.

‘Hace tiempo’ habla sobre esas ganas por fin realizadas de un amor bonito.  

te lo agradezco pero no

‘En las olas’ habla sobre honrar la felicidad compartida y lo mucho que duele cuando nos sueltan. 

En ‘Lejos’ nos acompañan en el trago amargo que es aceptar que lo mejor es dejar ir, dice “si no estás yo me busco otro camino para andar, y ojalá que a ti te vaya bonito”.

En ‘El remedio’ cantamos sobre lo mucho que duele salirse de esa relación más tóxica que un estornudo en tiempos de covid-19, se acompaña con mezcal sí o sí.

Parece que Los náufragos es un disco sobre enamorarse y desenamorarse en partes iguales, es como el acertijo de ¿qué es primero la gallina o el huevo? y quizá no hay respuesta. Es lo uno y lo otro y así, ad infinitum.

Donde quizá el mensaje más importante que nos deja es que, a pesar de que sepas que saldrás con el corazón roto, siempre valdrá la pena dejarse llevar por lo que desencadenan dos miradas que explotan en alegría al verse.

El álbum cierra, una vez más, con letras de despedida y termina preguntando: ¿Qué dirán los náufragos de ti? Pues que gracias por este perro discazo.

Hasta que te pasa a ti

Ilustración Andrea Rafols

Tenía 19 años cuando abusaron de mí. 

Cuando pasó estaba en mi casa, con “amigxs”.

Es difícil escribir esto y me tiembla un poco la mano. Se me pone fría la piel con solo recordarlo pero quiero escribirlo, quiero que salga de mi porque ya no quiero cargarlo por otros 5 años más, ya no quiero lidiar con este sentimiento de culpa que a veces me oprime y no me deja respirar, ni con la sensación de asco que me recorre el cuerpo cuando por cualquier detalle o comentario viene a mi memoria ese momento. 

Era miércoles, yo tenía clases al otro día, era mi segundo año en la universidad y viviendo sin mi familia. Mi amiga me llamaba y me insistía en que ella y sus amigos fueran a mi casa, al final dije que sí porque vivía con la constante idea de no querer incomodar, de no querer quedar “mal” con las personas porque después ya no querrían verme o me considerarían “aburrida”. Recuerdo que cuando llegaron yo ya tenía mucho sueño, pero llevaban comida y tequila y aunque yo ya no quería, seguía tomando los vasos que me servían, en algún momento pensé ¿qué es lo peor que puede pasar si estoy en mi casa?. 

Uno de los amigos de mi amiga trataba de hablarme y se acercaba mucho pero yo no tenía ningún interés en establecer ninguna especie de relación con esta persona, así que sólo trataba de no ser “grosera” y le contestaba lo mínimo. Por alguna razón, esta persona tomó eso como que yo le estaba dando pie a que intentara besarme así que lo hizo, me fui y le dije que no, que  yo no quería eso. Me empecé a sentir muy incómoda y quería que se fueran así que fui a buscar a mi amiga y me dijo que no exagerara, que además, él era “guapo” así que me quede pensando que tal vez ella tenía razón, que yo estaba exagerando, que todo estaba bien.

No recuerdo mucho después de eso, empecé a sentirme mal y muy cansada, recuerdo que alguien trataba de jalar mi ropa de mi cuerpo, yo trataba de patear y decir que no pero en algún punto todo se volvio negro y no supe más. 

Desperté sin mi ropa.

Con el cuerpo de un hombre desnudo a mi lado.

La cantidad de sensaciones que inundaron mi cuerpo no las puedo describir, ni siquiera podía hacer sentido de lo que estaba pasando, tomé mi ropa, me fui corriendo al baño y empecé a llorar. Empecé a gritar que se fuera. Encontré a mi amiga y me dijo que estaba exagerando pero que si quería ella me prestaba para la pastilla del día siguiente “por cualquier cosa”.

Tomé mis cosas, me subí a un taxi, llegué a la escuela y me quedé llorando en una banca con una de mis amigas de la universidad a la que le conté lo sucedido, me llevó a la farmacia y me acompañó todo el día, no entré a ninguna de mis clases y mi cerebro estaba en blanco.

Tardé algunos días en poder volver a mi casa, renuncié a mi trabajo y reprobé varias materias. 

No quería ver a nadie, sentía que no tenía nada que decir solo quería llorar, sentía asco de mi propio cuerpo y me reprochaba a mí misma las circunstancias que me habían llevado hasta ese lugar. Pasaba el tiempo leyendo artículos sobre personas que habían pasado por algo similar para tratar de no sentirme tan sola. Sabía que mis amigxs estaban ahí pero mi mente no creía que alguien más pudiera entender lo que estaba pasando. Pasé mucho tiempo sola, queriendo no estar aquí. 

A veces pienso mucho en una foto que me había tomado ese día en la mañana, la recuerdo muy claramente porque siento que después ya no volví a ser ella, ya no volví a verme igual.

Hoy decido contar esto porque 5 años han sido suficientes para mí, porque por fin me doy cuenta de que la culpa no fue mía, porque hoy por fin me doy cuenta que no hay nada que yo podría haber hecho para provocar que esto me pasara. 

La culpa no era mía, ni de dónde estaba, ni de lo que vestía. El violador es él. 

Escribo esto después de mucho tiempo de terapia, de pasar por momentos muy oscuros, de dejarme llevar por relaciones muy malas. Escribo con todas las cicatrices físicas y emocionales que me han quedado, con mucho miedo pero al mismo tiempo fuerte, con una red de apoyo de mujeres increíbles que sé que estarán ahí para mí y con la firme convicción de que sobre mi cuerpo solo decido yo, de que mi cuerpo y mi vida valen. Hoy perdono a la Azalia de 19 años y le agradezco por resistir y por creer que algún día llegaría a sanar, aún cuando todo parecía indicar lo contrario. 

Escribo esto porque tristemente sé que no soy la única persona que ha pasado por algo así, porque sé que no soy la única que ha cargado la culpa por años y lo único que estoy tratando de hacer, es de alguna forma decirle a las personas que me están leyendo que no están solas, que estamos juntas y juntas somos más fuertes, que lo que nos paso no lo causamos nosotras y sobre todo, que lo que nos pasó no nos define.

No es no, nuestros cuerpos son solo nuestros y nuestras vidas nos pertenecen.

Calaverita

Por Natalia Ventura

Ilustración de Andrea Rafols

La calaca confundida y dolida

no entendía porqué en México se perdían

las vidas de 10 mujeres al día

“¿Cómo es que este año a tantas

mexicanas recibo en mis brazos?

¡Yo no las he llamado!”

Lloraba en agonía

porque sabía que a ninguna de ellas

la muerte había llamado.

No entendía cómo a todas,

la violencia machista

la vida les había quitado.

“Esto no es obra mía mis niñas,

en su destino no estaba

que yo por ustedes pasara,

la barbarie que a mí las trajo

es culpa del feminicida

y no un acto por mí orquestado.

Pero no teman más

que aquí yo les doy descanso,

y  allá entre los vivos

las mexicanas buscarán hacerles justicia

para que sus nombres no sean olvidados”.

Entre cempasúchil y veladoras, 

los xoloitzcuintles las guiaba en el camino,

rumbo al merecido descanso eterno

de aquellas almas que injustamente

del mundo de los vivos se fueron. 

La flaca en sus brazos las arropaba

los ojos les besaba y en el último suspiro,

sus nombres llamaba

sus rostros memorizaba

y deseaba que ni una más

de forma tan cruel su vida acabara.

-En honor a las víctimas de feminicidio, 

que su luz y nombre perdure en la memoria. 

Justicia para todas.  

Lo que no nos dicen de la maternidad y leemos en Casas vacías de Brenda Navarro

Por Mayra Franco

Leí Casas vacías de Brenda Navarro por cuestiones del destino. Una amiga me lo recomendó y dejó en mi casa la edición física de Sexto Piso de 164 páginas para que lo leyera “cuando tuviera chance”. 

Iniciaba marzo y había decidido empezar a leer sólo a escritoras mujeres porque me di cuenta que los hombres predominaban en mis lecturas y quería más mundos literarios creados desde la pluma femenina.

Sentada un domingo en la noche intentando concentrarme en trabajar, vi el libro de Brenda a un lado y empecé a leerlo. Leí más de 30 páginas de un jalón sin darme cuenta. Formalmente y sin buscarlo, este libro inauguró mi ruta literaria.

***

Dice Brenda Navarro que es tan duro ser madre, que si realmente nos dijeran a las mujeres lo que implica, muy pocas querrían serlo. Muy pocas vivirían “el esfuerzo anímico, emocional y físico que significa hacerte cargo de una persona que, además, después te va a pedir independencia”.


No me lo dijo a mí, se lo dijo a Adriana Pacheco en su podcast Hablemos Escritoras, que escuché luego de leer la que sería su primera novela. Un libro que Brenda no pensó escribir tomando como tema principal la maternidad, y sin embargo, está presente en toda la obra.

La maternidad impuesta, la elección de ser mamá, la soledad de las mujeres en este camino pese a tener una pareja y esas cosas de las que no nos hablan las mujeres que son madres a las que aún no sabemos si algún día lo querremos ser, se pueden leer en este libro.

“No parir, no engendrar, no dar pie a las células que crean la existencia. No ser vida, no ser fuente, no deja que el mito de la maternidad se prolongara en mí (…) No parir, porque después de que nacen, la maternidad es para siempre”. *

Casas vacías, Brenda Navarro, Editorial Sexto Piso

El libro está dividido en tres partes y narrado en primera persona por sus dos protagonistas mujeres que exponen sus pensamientos, vivencias y sentimientos en torno a la maternidad y al hecho de ser mujer.  

La historia inicia cuando la primera voz cuenta cómo fue que su hijo Daniel desaparece en un parque estando ella presente y cómo son los días posteriores al hecho: la búsqueda, la pésima burocracia mexicana por la que tienen que pasar las personas que buscan a sus desaparecidos y las interrogantes internas de alguien que, para empezar, no había visto como principal proyecto de vida ser madre.

El libro habla de cómo las madres (e incluso las mujeres en general) casi siempre están solas, aunque tengan una pareja que aparentemente está ahí como apoyo y que muchas veces, más allá de entender los sentimientos de la mujer, los minimiza. Porque como dijo Brenda en el podcast de Pacheco: “hay una idea de que somos madres y sabemos hacerlo todo”.

Casas Vacías nació en México en el tiempo que el expresidente Felipe Calderón declaró su famosa guerra contra el narco. Navarro inició la novela justo en un tiempo donde, a palabras de ella, dicha guerra “parecía no darle cabida a los desaparecidos y a las madres que buscan a sus hijos”.

Dos madres con diferentes perspectivas de lo que esperaban de la maternidad hablan desde sus adentros y para ellas mismas. Porque casi ninguna mujer habla del dolor que también implica ser madre y cuando lo hace es en voz bajita y cualquier comentario de sufrimiento va complementado de un “pero también… (inserte frase optimista) sobre ser mamá”.

“Nunca quise ser madre, ser madre es el peor capricho que una mujer puede tener”.*

Casas vacías, Brenda Navarro, Editorial Sexto Piso
Casas Vacías no expone mujeres “rosas”, madres inmaculadas que todo hacen bien, que sólo ven la felicidad de la maternidad, como nos lo pintan casi siempre. Muestra personajes con sentimientos y pensamientos reales, las maravillas y vilezas que nos componen como personas, como diría la cronista Leila Guerriero. 


Dice Brenda Navarro que si las madres supieran que van a ser esas casas vacías que sostienen el mundo, “probablemente hace mucho la revolución feminista habría iniciado”.


De nuestra autora de hoy

De La Laguna para todo el mundo. Me gusta leer, platicar y caminar. Y me gustó leer un día que todxs somos hijxs de Pedro Páramo.
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¿Por que las feministas admiramos a Ruth Bader?

Por Yoana Rodríguez

Simple e icónica. Su rostro enmarcado por unos lentes rectangulares de pasta gruesa, labios finos y sonrisa sutil, cabello recogido en una coleta baja y como accesorios únicos aretes pequeños y collar ancho o cuello de encaje. 

La imagen de Ruth Bader Ginsburg es la armonía entre la firmeza y seriedad de una mujer que se abrió camino en un terreno dominado por hombres, así como de la feminidad poderosa y atractiva, distintiva de la lucha a la que dedicó su vida: derribar las barreras sociales y legal entre hombres y mujeres.

Apodada como Notorious RBG, hace poco menos de un mes sobre leíamos de la muerte de esta jueza estadounidense, quien a sus 87 años falleció a causa de un cáncer de páncreas, pero ¿quién fue ella y cómo es que una mujer octogenaria se convirtió (a pesar de la seriedad de su cargo) en un ícono pop de la lucha feminista?

Joan Ruth Bader nació en Nueva York en 1933 dentro de una familia judía de clase media. Desde pequeña fue descrita como una niña callada, activa e inteligente, educada para ser independiente y en cuya formación se pusieron grandes expectativas familiares. Principalmente las de su madre, Celia, que la impulsó a interesarse por los libros y el estudio y quien falleció el día anterior a que Ruth se graduara del bachillerato. 

En plena década de los 50 Ruth se graduó de la Universidad de Cornell y después continuó sus estudios en Derecho en la Universidad de Harvard, donde destacó como una de las mejores de su clase.

Primero como abogada y luego como jueza del Tribunal Supremo de Estados Unidos, Ruth fue pionera en la defensa de los derechos de la mujer abriendo una tras otra las puertas que le cerraron a ella y tantas otras mujeres, inclusive hoy día.

Más de cuatro décadas de trabajo por la igualdad de derechos hicieron de ella un referente feminista de resonancia mundial. Sus acciones hicieron cambios reales, fue la segunda mujer en ser nombrada por la Corte Suprema de Estados Unidos y sus opiniones disidentes la conviertieron en una celebridad entre las generaciones más jóvenes.

¿Por qué admiramos a Ruth Bader? Porque es la historia real de una mujer que luchó toda su vida por un sueño común: un mundo más igualitario y justo para sus habitantes. Nos dio un modelo a seguir de estudio, trabajo, excelencia y lucha constante. Ruth se internó en lo más profundo de un sistema legislativo absolutamente patriarcal y desde ahí generó estrategias, observó y jugó a favor de su enfrenta, pero sobretodo nos dio la certeza que el cambio es posible, un espíritu de esperanza hoy más necesario que nunca.

Si quieres conocer más sobre ella, en 2016 publicó el libro My Own Words, un libro autobiográfico co-escrito con sus biógrafas Mary Hartnett y Wendy W. Williams. El libro es una recopilación de discursos y escritos emblemáticos desde su infancia. 

Para ver en pantalla, en 2018 salió el documental La Jueza (RGB), dirigido y producido por Betsy West y Julie Cohen, quienes narran desde el origen de la jueza, hasta su vida universitaria y sus brillantes estrategias legales que empujaron a alcanzar la igualdad de género frente a la ley estadounidense. El documental está disponible en Netflix.

Otra película reciente es La voz de la igualdad (On the basis of sex, 2018), protagonizada por Felicity Jones y dirigida por Mimi Leder el filme se sitúa en 1956, tiempo en la que joven Ruth era estudiante de Derecho en Harvard. La historia retrata la fuerza de su carácter  al enfrentar los constantes obstáculos de discriminación con sus profesoresy colegas desde el inicio de su carrera. Disponible en Prime Video

Fuentes:

https://elpais.com/internacional/2019/02/23/actualidad/1550937519_698822.html

https://www.lavanguardia.com/internacional/20200920/483572721689/ruth-bader-ginsburg-la-improbable-heroina-feminista.html

Ruth Bader Ginsburg: la gran disidente

*¿Quién fue Ruth Bader Ginsburg?* Conócela a ella y su enorme trabajo con estas películas en streaming

De nuestra autora de hoy

Yoana Rodríguez (Guadalajara, 1994) es egresada de la Primera generación de Periodismo y Comunicación Pública del ITESO. Desde una perspectiva de género, sus temas de interés son derechos humanos, desigualdades, arte y cultura. Es una de las dos miembros mas recientes de La Ola Púrpura.
Es un ser nocturno (las mañanas son su peor enemigo), ama a los animales (especialmente a su perro Titino), el color azul, visitar museos, andar en bicicleta y los atardeceres desde cualquier azotea.

Galletas de Maíz

Por Natalia Ventura

¡Qué gusto encontrarnos otra vez! 

Hoy les traigo una receta de galletitas de maíz veganas que se deshacen apenas las muerdes ¡si! Terminan teniendo una textura tipo polvorón y son ideales para compartir con aquellos que son intolerantes al gluten.

Es una receta que mi mamá y yo hemos adaptado de las de galletitas sinaloenses coricos con lo que vamos aprendiendo de cocina vegana, por eso algunas cosas están en tazas y otras en gramos por lo que recomiendo seguir las medidas que están en gramos y no tanto la de tazas (aun no hemos tomado el tiempo suficiente para las tazas jeje, lo haré pronto, lo prometo) ¡Espero las disfruten tanto como nosotras! 

Ingredientes: 

250gr harina de maíz (2tz y media aprox)

125gr de manteca vegetal (⅓ taza aprox) 

1 taza de azúcar 

1cdita polvo para hornear 

Pizca de sal 

1 huevo de linaza 

½ cdtia bicarbonato de sodio

1cda de esencia de vainilla  

⅓ taza de agua o leche vegetal (no se usará toda, depende de la textura de la masa) 

Procedimiento: 

Primero preparamos el huevo de linaza con una cucharada de linaza molida y tres de agua, revolvemos y dejamos reposar de 5 a 10 minutos hasta que obtengamos una textura gelatinosa.

Incorporamos en un recipiente la manteca vegetal y el azúcar por unos 5 minutos, hasta obtener una textura cremosa.

En otro recipiente incorporamos los ingredientes secos, la harina, el polvo para hornear, el bicarbonato y la pizca de sal. 

Empezamos a añadir de a poco la mezcla de ingredientes secos y batimos con la batidora hasta haberlos incorporado en su totalidad. Añadimos el huevo de linaza y la escénica de vainilla. 

Aquí podemos pasar a empezar a amasar la mezcla con las manos para incorporar bien todos los ingredientes. Si consideras que está muy seca, añádele un poco de agua, la masa final debe tener  una textura arenosa pero que al amasarla no se deshaga. 

Finalmente vamos creando bolitas con la mezcla y las amasamos individualmente para que se compacte un poco más la mezcla. Aquí es donde nos podemos poner creativos y empezar a darles las formas que más nos gusten a las galletas, pero eso si, mientras más planas y delgadas sean, menos tardarán en cocerse en el horno. 

Metemos al horno por 25 a 30 minutos a 180 grados. Al sacarlas notarás quizá que están un poco blanditas ¡no pasa nada! Cuando se enfríen se endurecerán y tendrán al final una textura tipo polvorón. Dejamos enfriar completamente y ¡listo! Tenemos unas deliciosas galletitas veganas y sin gluten para disfrutar.

Poesia de Mujeres para Mujeres

Soy Elizabeth Morfín
A través de este poemario comparto mi perspectiva como mujer dejando en sus manos mis
palabras.



Sí, soy una mujer “problemática”
porque estoy harta de la actitud machista y burocrática.

El cambio radical que buscamos las mujeres aún no sucede,
mientras tanto, prometo escribir como protesta hasta que las palabras que conozco se me agoten.


1
Desde pequeña he sido muy ​“rezongona y rebelde”
Nada callada e ​“impertinente”

Con​ “malas formas de sentar”
Y​ “nada delicada al hablar”

Medio ​alborotada
y siempre he querido​ tener la razón

La terquedad me ha inundado
Hoy empiezo a identificar el origen de esto

Me he ​deconstruido

(léase todos los días)


2

Entre paredes hirvientes
con un dulce muy parecido al caramelo, a los músculos estrechos
les compiten ondas repetidas
que intentan pasar ​su límite

El control está en el aire
quemando la garganta
entrando ​una y otra vez

Erizada por su despertar

Ella​ es placible

Ella​ es flor

Ella​ es invencible

La masturbación femenina sigue escondida. No te permitas dejar de sentir por ideas represivas. Descubre que después de masturbarte la vida es punto y aparte.


3

El sin luz de la noche hoy tiene prisa.

Paso saliva de hierro
aún ni a la mitad ​del camino de gritos​ llego

Bocas de rocas abren paso
mientras mi vestido intenta hacerse más largo

Mi cuerpo camina pero se siente sin vida
Pasos detrás mío vigilan mi próxima salida

Cierro el puño y hundo mis uñas
Los huesos de mis piernas se vuelve más fuertes y mis pasos se aceleran

Ya es tarde,
siempre es tarde

Una mano de ​indol​ se atreve a tocarme

Lo golpeo​ con lo primero que encuentro en mi bolsillo
Lo dejo​ en el piso

Mi alma solloza

Mi piel sigue estando ​furiosa


Miles de mujeres, incluyéndome, hemos sido víctimas de acoso en las calles.


4

Soyd​elgada
con ojos de estrellas,
muchos lunares
y sonrisa discreta

Mi ideas como flamas,
soy​ mujer…

…y en México
eso ​me pone​ en desventaja


La deplorable realidad que vivimos día con día en mi país. No importa el color de tu piel, ni la forma de tu cuerpo, ni tu forma de pensar, solo importa el “hombre” y su “potestad”


5

Mujer

Relieves acertijos

un colapso místico

jugo dulce de fruta de verano

y serenidad del prado

promesa de flecha

con intenciones de niebla

toque sin sonido

y un latido de nido

caos de ciencia

es la prueba fresca

red sin fin

mujer, caudal carmesí.


Mis ojos novatos describen lo que es una mujer.



Este poemario fue inspirado en la presencia y esencia de las mujeres y su lucha contra el sistema opresor.

Feministas desde chiquillas

por Natalia Hache.

Cuando escucho pláticas sobre qué materias se deberían dar en las escuelas que no están dentro de la currícula habitual escucho; finanzas personales, ecología y medio ambiente, sexualidad, música, nutrición, inteligencia emocional, meditación y un sin fin de materias que consideramos necesarias para desarrollarnos  como personas y obtener “habilidades para la vida”, no tanto conocimientos pedagógicos o cognitivos, si no habilidades para desarrollarnos como personas, pero ¿por qué nunca mencionamos materias que nos ayudarían a sociabilizar y a mejorar la calidad de la comunidad? 

La educación en algunas ocasiones profundiza en la enseñanza de conocimientos cognitivos para desarrollar habilidades como pensamiento matemático, razonamiento lógico, cálculo mental, habilidades lectoras y en algunas ocasiones o algunos sistemas de educación dejan de lado las habilidades sociales o los valores que debemos tener desarrollados desde pequeños que son base para la integración a la comunidad y uno clave y urgentemente necesaria; la empatía.

Y no responsabilizo completamente a nuestro sistema de educación, al final de cuentas a veces olvidamos que no todo lo que las pequeñas generaciones saben es directamente enseñado en las aulas; los medios de comunicación, sus círculos sociales (familia, amigos, vecinos), tienen una gran trascendencia en su sistema de creencias y en los valores enseñados y aplicados en sociedad.

La empatía es la participación afectiva de una persona en una realidad ajena; con ello entran tantos temas que carecen la sociedad en la actualidad; la responsabilidad socio afectiva, el machismo, el patriarcado, los roles de poder, el adultocentrismo; necesitamos impulsar dentro de las aulas una educación no sólo basada en un tema que se trabaja en el libro y queda en páginas respondidas, debemos apropiarnos de la cultura de la igualdad para obtener cambios trascendentales en nuestra sociedad y fomentar una cultura de igualdad en las escuelas; se comenta fácil pero conlleva una carga más grande que sólo cambiar un sistema educativo, hay que educar a TODA la comunidad escolar en la igualdad. 

Un artículo publicado en la revista Science (Bian, Leslie y Cian, 2017) hablaba de la influencia de los estereotipos que son asociados al género desde edades muy tempranas (6 años); a esta edad, las niñas comienzan a “creer” que por ser niñas son menos inteligentes que los hombres y evitan realizar actividades donde se “compruebe” su nivel de inteligencia. 

También se comprueba que desde edad temprana se relaciona los juguetes con algún género; las niñas con muñecas (reforzando el estereotipo de mujer=maternidad) y los niños con carros o legos (niño= pensamiento lógico) A través del juego, es como los niños y las niñas construyen su percepción del mundo; incorporando las ideas sobre su función y comportamiento en sociedad.

Es por esto que debemos optar dentro de la comunidad educativa clases para los docentes de primera instancia sobre el feminismo y su historia, sobre las huelgas y las revoluciones desde una perspectiva humanista, que lo veamos como una evolución humana donde se ha buscado la apropiación de los derechos humanos.

Establecer un patio de juego uniforme donde no reine el futbol, dejar de separar las filas de niños con las de niñas; fomentar una educación feminista que aunque no se notarán cambios de primera instancia, estaremos creando una sociedad a largo plazo fuera de estereotipos y roles de género que sólo fomentan una sociedad desunida, sin coincidir en un objetivo que debemos tener establecido desde la infancia; buscar un mejor mundo para todes.

Un mundo donde las niñas de seis años sepan defender a su compañera, un mundo donde puedan decirse feministas desde chiquillas, donde se busque la igualdad de los géneros, donde se pueda caminar en paz, donde se puedan sentir seguras y sobre todo amadas; por eso desde mi trinchera como docente, no me cansaré de seguirles diciendo lo mucho que valen, lo mucho que tienen por recorrer y sobre todo lo mucho que tenemos por aprender. 

La docencia es uno de los mundos más apasionantes que he conocido, hacer revolución desde las aulas es algo que he aprendido a lo largo de los años; yo no elegí la docencia cuando salí de la carrera, yo elegí la docencia desde que vi a mi mamá dar clase por primera vez porque cuando alguien hace algo con pasión y entrega, es imposible no inspirar a los demás; porque un maestro no sirve para enseñar, un maestro sirve para transformar vidas.

De nuestra autora de hoy

Natalia Berenice Rodríguez Hernández. Nací en Guadalajara, Jalisco, desde que recuerde me han gustado los libros y las letras así que decidí estudiar comunicación y el destino y una entrevista me llevaron a uno de mis oficios: la docencia. También me dedico a cuidar plantas y me considero fiel creyente de que el pozole no debería ser comida mexicana.
Redes: @Eneberreache

Musas Creadoras 2020. Programa de actividades

Musas Creadoras nace con el objetivo principal de mostrar a las mujeres en el arte desde la mirada propia, es decir, queremos crear un espacio en el que las mujeres sean a la vez la fuente de inspiración y de creación artística.

Para esta segunda edición, la muestra se llevará a cabo de manera virtual. Del 06 al 27 de agosto tendremos la exhibición de la galería virtual en la que participan más de 50 artistas. Estamos muy felices porque por primera vez, las bondades de la modalidad digital nos ha permitido llegar a lugares que nunca imaginamos.

¡Gracias infinitas a todas las artistas que se unieron a esta convocatoria! Gracias a sus participaciones, ésta será la primera edición de Musas Creadoras en la que contamos con talento tanto nacional como internacional y con una diversidad de experiencia en el mundo del arte que va desde los 13 hasta arriba de los 60 años.

Además de la galería online, estaremos realizando conversatorios y talleres que pretender resaltar el papel de las mujeres en las distintas disciplinas artísticas.

A continuación compartimos el programa general:

Redes de apoyo en el arte: Mujeres difundiendo mujeres.
Jueves 06 de agosto 7:00pm a 8:30pm.
Conversatorio que pretende ahondar en las redes colaborativas entre mujeres para impulsar proyectos de artistas y creadoras.
Participantes: Colectiva Hilos, Hazlo como Niña, la Tinta Negra, Liga de Artistas y Creadoras (LAC).
Vía Facebook La Ola Púrpura.

Cuerpos resilientes: conociéndonos a través de la danza.
Sábado 08 de agosto de 10:30 a 12:00pm.
Taller que invita a la experimentación en el espacio a través del cuerpo utilizando como base la improvisación.
Taller gratuito con registro previo. Impartido por Marta Lucas.

Instagram Takeover: Kim Sandoval.
Martes 11 de agosto. Todo el día.
Bailarina y artista originaria de Durango estará compartiendo a través del IG de la Ola parte de su proceso creativo.
Vía Instagram @laolapurpura

Mujeres en movimiento: Hacer arte con nuestro cuerpo.
Jueves 13 de agosto 7:00pm a 8:30 pm.
Conversatorio sobre las distintas experiencias y trayectorias de mujeres en las artes escénicas, desde la danza hasta el circo.
Vía Facebook La Ola Púrpura.
Participantes: Natalia Vazquez, Scarlett Güémez, June Serna, LaMae.

Instagram Takeover: Lily Sánchez.
Lunes 17 de agosto, todo el día.
Comunicóloga y fotógrafa tabasqueña estará compartiendo a través del IG de la Ola parte de su proceso creativo.
Vía Instagram @laolapurpura

La mirada femenina: Las mujeres en las artes visuales.
Jueves 20 de agosto 7:00pm- 8:30pm.
Conversatorio dedicado a todas las mujeres e interesados en el trabajo artístico desde una perspectiva femenina, para aquellos que quieran conocer y platicar del camino y procesos de mujeres creadoras y artistas.
Vía Facebook La Ola Púrpura.
Participantes: Lily Sánchez, Daniela Ladancé, Valeria Chairez, Julieta Alvarado, Andrea Ruvalcaba.

Lunaem. Música en casa
Viernes 21 de agosto 7:00pm.
Concierto en vivo de Lunaem.
Vía Instagram live @laolapurpura

Instagram Takeover: Andrea Ruvalcaba
Martes 25 de agosto, todo el día.
Artista plástica tapatía e internacionalista estará compartiendo a través del IG de la Ola parte de su proceso creativo.
Vía Instagram @laolapurpura

Clausura
Jueves 27 de agosto 7:00pm
Ceremonia de cierre en que haremos recuento de lo sucedido en las cuatro semanas y conversaremos con las artistas su experiencia durante la muestra.
Vía Facebook La Ola Púrpura

¡Les esperamos!