All Boys Forever ¿Redefine el concepto de las comedias románticas?

Merari Adriana Estrada Agustin 

Hace unos días mis redes sociales comenzaron a llenarse de frases y fotos de una misma película, la foto consistía en una foto de cabina con una pareja que portaba una camiseta de boliche rosa con poses muy románticas, después me percate que era la nueva película de Netflix “All Boys Forever”.

La película comenzó a llamar mi atención puesto que muchas de mis amigas compartían publicaciones similares y hubo en específico un post de una de las cuentas de Netflix en donde mencionaban que esta trilogía había marcado a toda una generación por su redefinición del concepto de las comedias románticas, esto último fue lo que provocó que viera la cinta y VAYA QUE TENEMOS QUE HABLAR SOBRE “ALL BOYS FOREVER”. 

Mi propósito no es generar hate a la película ni mucho menos criticar si tu la viste y te pareció linda y te dieron ganas de tener una relación tan bonita como la de Peter Kavinsky y Lara Jean. Mi objetivo de escribir y compartir esto con ustedes es invitarles a cuestionar los argumentos con los que plataformas de streaming como Netflix, venden sus películas y series.

En uno de los puntos que toca el post de Instagram de Netflix que mencioné al inicio, fue sobre “el discurso feminista de la trilogía” basado en que la protagonista Lara Jean, no espera a que los hombres den el primer paso, sin embargo al momento de ver la cinta parece todo lo contrario, pues Lara Jean gran parte de la película se encuentra en una situación de elegir entre estudiar en la universidad que quiere o su relación con Peter, pues su universidad se encontraba al otro lado del país.

Lara Jean siente miedo por hablar esto con su novio, otro punto para hablar de la película. No olvidemos que una de las cargas sociales más grandes que tienen las mujeres es tacharlas como “exageradas” o “dramáticas” por “cosas pequeñas”. En una de las escenas se pudo observar perfectamente esto, Lara Jean siente miedo para hablar con Peter y cuando finalmente lo logra, este acepta con mucha facilidad, sin embargo, la aceptación de Peter viene acompañada de una propuesta, aceptando que Lara se fuera a la otra universidad únicamente por un año y solicitara su cambio para el siguiente ciclo escolar en la misma universidad donde él estudiara. 

En la película nos muestran por dos horas la travesía de Lara por resolver su sueño de estudiar y de mantener su relación con Peter al mismo tiempo. A pesar de ello a Peter nunca se le cuestiona sobre un cambio de universidad o que replanteara estrategias para mantener su relación y la universidad. También es importante dejar en claro que la cinta continúa basada en la perspectiva de un amor romántico, estereotipando los roles de género, pero la plataforma la vende como una trilogía con discurso feminista.

Y ¿Por qué es importante hablar de esto?

El 2020 fue un año inesperado, un año diferente en donde todas y todos nos vimos obligades a modificar nuestra rutina; trabajar o estudiar desde casa, tener más videollamadas con nuestros seres queridos y nuestros hábitos de consumo de entretenimiento también se vieron modificados, no solamente hablando sobre las redes sociales, sino también el auge que han llegado a tener los servicios de streaming de películas y series como la entrada al mercado de Disney+ en México y la ya bien posicionada plataforma de Netflix entre otras.

Hablando de esta última, según datos hasta 2019,  México es el segundo país más consumidor de este servicio con 17.6 millones de usuarios y usuarias (Cahun, 2019).  Sin embargo, es importante recalcar la voz tan fuerte que tienen estos servicios digitales, pues estamos hablando que en promedio según un estudio realizado por Streaming Observer, detalló que las horas que pasa una persona frente a la pantalla, son más que las productivas (Correa, 2019).

Vivimos en una sociedad que se rige en un sistema capitalista que ha traído como consecuencia que lo que se consuma en Europa se pueda consumir en América Latina, Asia y el resto del mundo. Se consumen las mismas películas, series, ropa y hasta comida. Dentro de los servicios de entretenimiento que más consume México es el mundo de la cinematografía, siendo el cuarto país que más cine consume (Senado de la República Coordinación de Comunicación Social , 2018). 

Uno de los temas más endebles reproducidos a través de los medios audiovisuales (en este caso, el cine) es el de los estereotipos de género que el público espectador percibe mediante sus películas o series favoritas. El problema yace en la construcción de la identidad de espectadores y espectadoras más jóvenes debido a que se encuentran en una etapa de construcción de identidad en su vida. Esta población percibe y acepta los estilos de vida que muestran los medios de comunicación y buscan adaptarla a su proyecto de vida llevándolas a la realidad, muchas y muchos sin ser conscientes totalmente que lo que se muestra a través de la pantalla es ficción por muy identificados que se sientan tanto espectadoras como espectadores.

Siendo más concreta, los roles de género se relacionan con los patrones machistas que siguen desarrollando las películas más vistas en nuestra sociedad, pues el laboratorio de las diversidades de la UNAM, en su artículo Cine y género: una representación de la desigualdad, toman diez películas mexicanas para analizar, en las cuales se observó que un 40% ocurrieron escenas de acoso sexual, pero fueron tratados como graciosos. 

“El arquetipo del misógino agradable es habitual en la llamada cultura pop, personajes que son expresamente sexistas e inclusive definidos por esa conducta, pero que al final del día son amigables y agradables, así se redimen y siempre son perdonados. Su misoginia nunca es tratada como algo suficientemente serio como para dañar sus relaciones de amistad, amorosas o laborales.” (LABORATORIO NACIONAL DIVERSIDADES, 2018)

Es decir, el cine se ha encargado de romantizar las actitudes machistas mediante sus película, generando que los espectadores varones se apropien de dicha personalidad, incluso en su forma de relacionarse con las mujeres. Lamentablemente, la respuesta obtenida en las relaciones reales de los hombres con las mujeres contrasta con el ideal mostrado en las películas. 

Retomando el caso Lara Jean y Peter Kavinsky, ¿Realmente esta trilogía redefine el concepto de las comedias románticas?

Tomando en cuenta que Netflix se convirtió para muchas personas en una de sus plataformas consentidas por contar con sus series y películas favoritas, se realizó una investigación acerca de cómo influyen los estereotipos machistas en películas transmitidas en dicha plataforma, reforzando la violencia de género en pareja, en donde se obtuvo que si bien Netflix no es el principal reproductor de violencia de género, gran parte de sus películas expuestas en su “TOP10” son películas en donde se muestran roles de género “tradicionales”. Es importante tomar en cuenta la situación en la que se encuentra México en relación a la violencia de género para concientizar el impacto que conlleva el mostrar contenido de entretenimiento sexista.

Nuestro país ocupa los primeros lugares en violencia de género, en el 2019, el 66.1% de las mujeres mayores de 15 años enfrentaron violencia de cualquier tipo (INEGI, 2019). Es por esto, la invitación a analizar actividades de la vida cotidiana, como lo son ver una serie o una película para identificar aquellos factores que siguen alimentando esta violencia contra la mujer. 

Es importante mencionar también que la lucha de la violencia contra la mujer en medio de esta crisis sanitaria jamás descansó ni dejará de hacerlo, por ello es importante cuestionarnos qué es todo aquello que estamos observando en nuestras películas y series favoritas y el impacto que pueden tener en nuestras formas de relacionarnos con nuestres iguales. 

Por eso, a través de este artículo, hago la invitación a cada lector y lectora a cuestionar sus series y películas favoritas además de también, voltear a ver historias escritas y creadas por personas con visiones y experiencias diversas en donde nos muestran realidades más equitativas, historias dando voz a diferentes sectores.

Es importante seguir generando activismo desde estas plataformas porque nosotres como consumidores tenemos derecho a tener entretenimiento de calidad y ¡¡NO!! La falsa inclusión o “Tokenismo” no es entretenimiento de calidad.

Tomemos en cuenta que la educación no solo viene de las escuelas, sino también todo aquello que percibimos en lo cotidiano son experiencias y realidades que nos permiten aprender y conocer otras vivencias, tenemos derecho a exigir que estas grandes empresas de entretenimiento comiencen a crear contenido bajo la perspectiva de género, que como ya leímos en párrafos anteriores, es una de las problemáticas más grandes que padece nuestro país. Y exigir este derecho no solamente pensando en nosotres porque si bien, nos encontramos leyendo este artículo, existen infancias, adolescencias y mujeres que tienen mayor accesibilidad a series y películas de streaming que a libros e información de calidad.

Si bien Netflix ha buscado crear material mostrando las diversidades que existen en la sociedad y desde una perspectiva incluyente y crítica, como es el caso de “Ya no estoy aquí” o “Roma” el problema es ¿cuánto tiempo permanecen estas producciones en su conocido TOP10 en el cual todes tenemos acceso para elegir cual será nuestra próxima serie o película con la que nos engancharemos? Además ¿Cuáles son algunas producciones de Netflix con perspectiva de género y si existen cuál ha sido su alcance? 

Es importante analizar quienes son las personas que tienen mayor facilidad de acceso a estas cintas y hago referencia a la simplicidad de la historia para que las y los consumidores puedan entenderlas, porque todas, todos y todes tenemos derecho a la cultura.Repensemos cómo estas actividades cotidianas impactan sigilosamente en la vida de las consumidoras y los consumidores y pidamos que las empresas que consumimos produzcan bajo una consciencia de consumo responsable y no usando conceptos de luchas sociales “por moda”, el feminismo no es consumible.

Camino sin fin

Texto Fer Hernández

Fotografía Lily Sánchez

Tener una relación tóxica es estar en una burbuja que todos ven excepto tú. Decirlo en voz alta, “animarte” a terminarla, es un grito sofocado de la tan famosa “salud mental” “paz emocional” o cualquier otro término por el estilo para desechar todo eso que te hace sentir tan mierda, pero que tú mismo has estado formando. Para mí es como un trip que nunca acaba, o como un laberinto en el que a veces crees encontrar la meta y aceptas todos los pasajes y caminos inciertos por un momento de felicidad. Pero éste nunca abandona su naturaleza de muros, de vueltas interminables y pies y mente y todo desgastado de tanto recorrerlo.

Me parece aburrido contar cualquier detalle de mi relación, porque es la historia que todos conocemos: chico y chica llegan a los niveles más miserables y codependientes, enfermizos y catárticos, por razones que estaban y no estaban en su control. Creo que nadie es la víctima y los dos los culpables, tal vez uno más pendejo que otro, otro más abusivo o chantajista, pero al fin y al cabo, la historia de dos.

El Dédalo de nuestro laberinto fuimos él y yo, y me cuesta perdonarme por permitirle hacer todo lo que hizo y todo lo que hice. Y es que al principio me sentí tan enamorada como Pasifae, y construí mi propia vaca para amoldarme a todas sus formas. Naturalmente mis decisiones engendraron una bestia destructora que comía uñas y recuerdos, devorada buenas intenciones y liberaba tricotilomanía y desvelos.

Salir me costó mucho, muchísimo, todo lo contrario que entrar. Pensar en salir del encierro me frenaba, me daba un sabor agridulce por recordar que fuimos Pasifae, pero también el Minotauro, y olvidamos el hilo de regreso, pero es que después de tanto ya no queda espacio para un acto heroico. Queda caminar recto en direcciones opuestas, en un camino igual de oscuro e incierto. Un camino solitario y de ecos.

De nuestra autora de hoy

Me llamo Fernanda pero me gusta que me digan Fer. Mis cosas favoritas son el mar, leer, andar en bici, hacer collages, el té verde, los atardeceres, y compartir y aprender de los demás. Escribir es mi yo más auténtico porque es escuchar y materializar todas esas cosas que conscientemente no sé que hay en mí, pero que surgen al hacerlo.

Club de Lectura La Ola Púrpura – Carta Editorial Febrero

Club de Lectura de amor a las Mujeres que escriben

¿Quiénes somos? ¿Quienes somos las que nos leemos, nos escribimos, nos reflejamos en los libros? ¿quienes son las mujeres que escriben a otras mujeres, y de otras mujeres? ¿Dónde están las mujeres que escriben y las mujeres que leen? ¿Dónde están las mujeres que plasman sus vidas, sus sueños, sus ambiciones en los libros, en las páginas en los espacios que construimos?.

Nombramos para dar vida, ponemos nuestro nombre en las cartas que enviamos, en los mensajes que recibimos, en las imágenes que pintamos. Debemos nombrarnos y nombrar a las mujeres que crean, que escriben que han dado vida con sus palabras a universos inexplorados. Leer a mujeres me ha salvado la vida, leernos me ha ayudado a reconocerme en sus palabras, apreciar mi experiencia, mis sentidos, mis deseos e inseguridades. El amor sororo que nos ha dado el feminismo, que nos han regalado todas las mujeres en la historia que inconsciente o conscientemente nos heredaron del fruto de su lucha, me lo han dado también las letras. Regreso a los libros y a las páginas y a los cuentos y a la poesía como una niña en su guarida y me maravillo cada día que leo en otra lo que mi corazón desea. Agradezco todos los días a las mujeres que escriben lo que yo misma quisiera escribir, agradezco a las que me han dado las letras, agradezco a las que pese a la censura años antes que yo, se volcaron en las letras para que nosotras, otras tantas, siglos después pudiéramos conocernos juntas en este espacio. 

En este mes La Ola Púrpura inicia un círculo de amor, de lectura de amor por nosotras, de amor entre mujeres y amor por la lectura de mujeres. Damos por iniciado nuestro Club de Lectura, un lugar para conocernos a nosotras, a todas y a las que escriben; para conocer el trabajo de las mujeres que han plasmado sus vidas en las páginas; para recuperar y visibilizar el trabajo de las escritoras, de las narradoras, de las poetas, de las ensayistas, de las periodistas, de las críticas, el trabajo de las mujeres que escriben.

El propósito de este Club de Lectura es conocer a las autoras latinoamericanas contemporáneas que dedican su vida a las letras, para leerlas en comunidad, conocer su experiencia y conocernos juntxs. 

Club de Lectura Púrpura

Objetivo: Club permanente con un periodo de descanso

Este Club es un lugar para compartir autoras latinoamericanas contemporáneas y para crear lazos entre nosotras desde la sororidad. Es un lugar propositivo en el que deseamos participar compartir y crear desde la lectura, un espacio para reflexionar lo que creamos.

Dinámica: Leeremos un libro cada mes, o mes y medio -dependiendo la extensión- con sesiones quincenales por Zoom.
Temática: Leeremos distintos géneros, realizando tres lecturas por género inicialmente.
Géneros: Abierto, iniciaremos con un género elegido por nosotras y continuaremos desde la creación en comunidad. 
Fecha: 2 jueves al mes
Fecha de inicio: jueves 25 de febrero

Lxs invitamos a inscribirse con nosotras y mandarnos un DM o mensaje en nuestras redes. 
Esperamos conocerlxs muy pronto. Todxs son bienvenidos.

Olimpia Coral Melo

Por Karen Castro

¿De dónde viene la Ley Olimpia? Esta ley que protege a las mujeres de la violencia digital y mediática sexual en nuestro país fue redactada y propuesta por una mujer excepcional, Olimpia Coral Melo.

La Ley Olimpia, nos protege de los delitos contra la intimidad sexual, es decir la difusión de imágenes, videos o audios con contenido sexual sin consentimiento de las víctimas, así se obliga a las autoridades competentes a “bajar o bloquear” el contenido difundido sin consentimiento de los espacios digitales para inhibir la violencia digital.

Olimpia Coral Melo es la redactora e impulsora de la ley que prohibe la violencia sexual que muchas mujeres hemos experimentado y ella también en carne propia. A los 18 años un video sexual realizado con su entonces pareja, donde solo se le podía identificar a ella se difundió en WhatsApp. Muy pronto se vio acosada en su ciudad, Huachinango, Puebla y en redes sociales. Se lucró con el video en un periódico local y en su comunidad; se le asignaron apodos peyorativos y la difusión del video llegó a todo Puebla. El acoso la llevó a encerrarse durante ocho meses en casa, el desconocimiento y la vergüenza la obligaron a aislarse y a intentar suicidarse.

El apoyo de su madre fue indispensable para ella, al enterarse le dijo “Todas cogemos, la diferencia es que a tí te ven coger. Eso no te hace una mala persona o una delincuente. Tú solo disfrutaste de tu vida sexual”; así su madre le permitió en sus palabras “conocer la sororidad, que las mujeres somos muy poderosas”, la protegió del mundo, pese al acoso que vivían de vecinos y desconocidos en su propia puerta. El acoso y la invasión limitaron su libertad y su vida, la culpa le había impedido acceder a la justicia. Los likes se sentían como una violación al utilizar su cuerpo digitalizado.

Cuando encontró otras páginas donde se burlaban de más mujeres por infinitas razones comenzó a comprender que ella no tenía la culpa y fue ahí cuando decidió denunciar. Se encontró con que de acuerdo a la justicia y al código penal, al no ser violación no se consideraba un delito y que ante esa violencia aún no tipificada el Estado no la protegía. Comenzó a contactar a otras chicas que habían sido exhibidas en internet para comenzar un proyecto de reforma para Puebla, pese a los consejos de no hacerlo, al pensar en todas las chicas que estaban pasando por los mismo y que pensarían en quitarse la vida. La propuesta de la ley se presentó en un foro de propuesta ciudadana en marzo de 2014 con apenas 19 años, por fin entendía que aquellos que habían compartido y viralizado el video eran los verdaderos delincuentes. “ A mí ya no me da vergüenza tener dos senos. A mí ya no me avergüenza vivir mi sexualidad”. Sin embargo el camino para aprobar la ley fue largo. Hasta 2018 se aprobó la reforma de delitos contra la intimidad sexual en el código penal y tras dos años de intentos la ley se aprobó en Puebla, su primer meta. La reforma se comenzó a conocer como “Ley Olimpia” por la mujer que había tenido la valentía de proponerla. Junto con otras mujeres, Olimpia Coral, formó el Frente Nacional para la Sororidad, el cual presentó la primera iniciativa en el Congreso de Puebla. Hasta el momento esta ley se ha replicado en 16 estados más. En noviembre de 2020 se aprobó por unanimidad en el Senado de la República la reforma para modificar la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y el Código Penal Federal derivada de la Ley Olimpia.

El enorme esfuerzo y valentía por luchar contra la violencia digital y mediática hacia las mujeres de Olimpia Coral Melo, busca otorgar a todas la mujeres del país la oportunidad de acceder a la justicia ante la violencia y lo ha logrado en muchas partes del país. “Estoy viva gracias a las mujeres, después de mi mamá fue mi abuela y luego mis hermanas, después mis compañeras feministas y todos los días son todas” son las palabras de Olimpia. Desde La Ola Púrpura y en nombre de todas las mujeres que han sufrido violencia digital y mediática te decimos ¡Gracias Olimpia!.

Carta Editorial Enero – Acoso

Por Natalia Ventura

Hace aproximadamente cinco años, cuando me encontraba cursando mis primeros semestres de la carrera en Relaciones Internacionales de la Universidad de Guadalajara (UDG) tuve uno de los encuentros más desagradables con uno de los profesores en plena clase. Nos encontrábamos en plena clase y la dinámica consistía en que el profesor preguntaba a los alumnos sobre ciertos puntos del tema que estábamos viendo. Me llegó mi turno y el profesor me preguntó:  “Natalia tienes x (digo equis porque realmente no recuerdo a qué se refería) punto?” y yo o por timidez o distracción contesté “No”, a lo que acto seguido él respondió frente a toda la clase: “No tienes ese punto pero tienes punto G ¿verdad?” y empezó a reír, acompañado de la risa de más de alguno de mis compañerxs. 

Mi única reacción en ese momento fue ponerme roja como tomate, bajar la vista y sentir como todo mi cuerpo y mente  hacía cortocircuito para intentar entender que había pasado. Como suele ocurrir en estos casos, no hice nada, quise minimizarlo, no verlo y dejar pasar lo usé había sucedido, pero me sentía minúscula, ridiculizada, expuesta, impotente y molesta, pero algo cambió desde ese día y hacía todo lo posible por evitar al profesor, a quien siempre saludaba antes cuando me lo topaba en el pasillo, e incluso con quien platicaba (siempre de forma incómoda) entre clase, porque como ya se imaginarán, de alguna forma él se había “acercado” a mí antes del incidente.

Ahora que he podido analizarlo, sé que el comentario y sus acercamientos no fueron hechos aislados, las insinuaciones de sus intenciones siempre estuvieron ahí pero hasta antes de ese incidente no me había dado cuenta que lo que él estaba haciendo tiene nombre y apellido y que yo como muchas otras (desgraciadamente) sufrí de ACOSO en las aulas de mi universidad. 

Mi historia termina aquí (por fortuna) pero tiempo después me enteré que lamentablemente chicas más jóvenes de mi carrera fueron acosadas por el mismo profesor y que este cruzó la línea al intentar besar a una de ellas. La indignación fue tanta que se interpuso una denuncia hacia el maestro pero como se resolvió internamente en la Universidad de Guadalajara el castigo más “grande” contra éste fue el pago de una multa, se rumora que fueron 7 salarios mínimos, ¡JA! Imagínate que el daño ocasionado por ser un acosador en potencia sea de aproximadamente 600 pesos, una burla, y la eliminación definitiva de su puesto como docente dentro de la carrera de Relaciones Internacionales, pero ojo, el profesor siguió ejerciendo como docente en otras carreras dentro de la Universidad de Guadalajara. 

Por eso, cuando me encontraba en la marcha del pasado #8M sobre Av. Juárez y vi a tantas chicas pintando con aerosol las paredes del inmueble y escribiendo frases en el piso, en las bardas y ventanas, trepándose a las estatuas para decorarlas con frases y pañoletas verdes y moradas, no pude evitar soltar una que otra lágrima al coro unísono de “UDG encubre acosadores, UDG, encubre violadores” por qué si, la benemérita Universidad de Guadalajara encubre a mí acosador y al de tantas. La casa de estudios más grande de Occidente y la segunda universidad pública más importante del país es también el hogar de acosadores y violadores por montones a quienes protegen más que la integridad misma de las alumnas, profesoras y administrativas que por AÑOS han/hemos sido vulneradas. 

Sé que el acoso no tiene género, ni nombre, ni profesión ni estatus social y sé que es cierto que “no todos los hombres” (porque por alguna razón se tiene que clarificar esto siempre aunque resulte obvio) pero lo cierto es que todas las mujeres tenemos mínimo una historia de acoso, de alguna clase de violencia o agresión sexual y que empezamos a ser víctimas de ello a cortísima edad y muchas veces, en los espacios que creíamos seguros como nuestras casas o la escuela. 

Mi caso, mi historia no se compara en nada con lo que les ha tocado sufrir a miles de mujeres cada día en nuestro país. Hoy las abrazo a todas, porque por mínima o pequeña que parezca la agresión, sigue siendo eso, una agresión sexual, un acto o acción perpetrada sin consentimiento, una violación a nuestra intimidad, a nuestros cuerpos, a nuestro SER. Tras mi experiencia entendí que, me atrevo a decir, todas las mujeres hemos sido víctimas de alguna clase de acoso y/o agresión sexual y que la gran mayoría de nosotras no lo hablamos porque nos han enseñado a “normalizarlo” a minimizarlo, a culparnos  y a cargar con ello porque “así son los hombres”. Yo ya no me callo más y hoy cuento mi historia esperando con ella animar a más mujeres a contar la suya, sin importar lo “pequeñita” que parezca, lo irrelevante que les hayan hecho creer que fue lo que les pasó porque no es así, en un país donde mueren 10 mujeres al día, todas las señales “mínimas” de machismo son señales de alarma. 

Por eso este mes las invitamos a todas a utilizar este espacio de La Ola Púrpura para compartir sus experiencias con el acoso, con la única intención de soltarlo, compartirlo y encontrar empatía entre unas y otras. Las historias pueden ser anónimas o publicarse con el nombre y pueden ser contadas de la manera en la que cada una de ustedes prefiera. Las iremos compartiendo conforme vayan llegando y tienen todo enero para enviarnos sus experiencias.

Les mandamos un gran abrazo y esperamos que a través de este espacio sororo encuentren la manera de compartir su experiencia y liberarse de ella. 

Queremos invitarlas a compartirnos sus experiencias de acoso y contribuir a nuestro tendedero del acoso virtual, ya sea a través de una foto del testimonio, video, imagen o mandandolo por correo al correo de La Ola Púrpura, hazqueseveapurpura@gmail.com. Estaremos compartiendo este mes los testimonios para ayudara visibilizar las experiencias que todas hemos tenido que afrontar.

Los náufragos – La Isla Centeno (2020)

por Lucero Salazar

La Isla Centeno es un dúo tapatío compuesto por Lito de la Isla y María Centeno, esta unión musical surgió cuando Lito regresó a Guadalajara para descansar a consecuencia de su miocarditis, una enfermedad del corazón, y después de coincidir en un paseo en el parque, quedaron para escribir y lo demás se ha ido escribiendo desde 2018. 

Cómo diría mi abuela: no hay mal que por bien no venga y esta condición terminó titulando su primer álbum, que sacaron apenas el año pasado. Una definición de miocarditis dice que “los casos graves pueden debilitar el corazón” y parece que sí lo fue pues, al menos musicalmente, surgió un disco repleto de letras nostálgicas propias de un corazón roto, acompañado por la formidable guitarra de Lito y la melódica voz de María.

Las canciones de La Isla nacieron por casualidad, pero se han ido construyendo a través de gustos en común, como las rancheras de José Alfredo Jiménez y la admiración a Chavela Vargas, los boleros, el flamenco, los ritmos caribeños, el folk latinoamericano, entre otrxs. 

Los náufragos

El 2020 ha sido un año difícil, así que en los primeros meses de “cuarentena” era un alivio y un rayito de luz que fueran revelando cada ciertas semanas otra canción de su nuevo álbum. En tiempos donde salir de vacaciones es señalado e irresponsable, nos transportaron a dos elementos distintivos de su música: el mar y el sol, al alcance de un par de audífonos.

En Los Náufragos nos hablan del amor, cuando llega y también cuando es mejor dejarlo ir sin reprochar. 

miel everywhere

Con ‘Aquí’ inicia el disco, es una canción que evoca el deleite del nuevo amor, un tema que bien nos podría acompañar mientras naufragamos emocionadxs por aguas desconocidas.

‘El amor no existe’ nos dice que estaría bien tomar esos riesgos que podrían parecer de locxs en estos tiempos pero que si no los tomamos ¿qué chiste? dice “.. que el mundo se va a terminar y que no habrá vida en ningún lugar, mañana, pero hoy, aquí estás”.

‘Hace tiempo’ habla sobre esas ganas por fin realizadas de un amor bonito.  

te lo agradezco pero no

‘En las olas’ habla sobre honrar la felicidad compartida y lo mucho que duele cuando nos sueltan. 

En ‘Lejos’ nos acompañan en el trago amargo que es aceptar que lo mejor es dejar ir, dice “si no estás yo me busco otro camino para andar, y ojalá que a ti te vaya bonito”.

En ‘El remedio’ cantamos sobre lo mucho que duele salirse de esa relación más tóxica que un estornudo en tiempos de covid-19, se acompaña con mezcal sí o sí.

Parece que Los náufragos es un disco sobre enamorarse y desenamorarse en partes iguales, es como el acertijo de ¿qué es primero la gallina o el huevo? y quizá no hay respuesta. Es lo uno y lo otro y así, ad infinitum.

Donde quizá el mensaje más importante que nos deja es que, a pesar de que sepas que saldrás con el corazón roto, siempre valdrá la pena dejarse llevar por lo que desencadenan dos miradas que explotan en alegría al verse.

El álbum cierra, una vez más, con letras de despedida y termina preguntando: ¿Qué dirán los náufragos de ti? Pues que gracias por este perro discazo.

Hasta que te pasa a ti

Por: Azalia Valdés

Ilustración Andrea Rafols

Tenía 19 años cuando abusaron de mí. 

Cuando pasó estaba en mi casa, con “amigxs”.

Es difícil escribir esto y me tiembla un poco la mano. Se me pone fría la piel con solo recordarlo pero quiero escribirlo, quiero que salga de mi porque ya no quiero cargarlo por otros 5 años más, ya no quiero lidiar con este sentimiento de culpa que a veces me oprime y no me deja respirar, ni con la sensación de asco que me recorre el cuerpo cuando por cualquier detalle o comentario viene a mi memoria ese momento. 

Era miércoles, yo tenía clases al otro día, era mi segundo año en la universidad y viviendo sin mi familia. Mi amiga me llamaba y me insistía en que ella y sus amigos fueran a mi casa, al final dije que sí porque vivía con la constante idea de no querer incomodar, de no querer quedar “mal” con las personas porque después ya no querrían verme o me considerarían “aburrida”. Recuerdo que cuando llegaron yo ya tenía mucho sueño, pero llevaban comida y tequila y aunque yo ya no quería, seguía tomando los vasos que me servían, en algún momento pensé ¿qué es lo peor que puede pasar si estoy en mi casa?. 

Uno de los amigos de mi amiga trataba de hablarme y se acercaba mucho pero yo no tenía ningún interés en establecer ninguna especie de relación con esta persona, así que sólo trataba de no ser “grosera” y le contestaba lo mínimo. Por alguna razón, esta persona tomó eso como que yo le estaba dando pie a que intentara besarme así que lo hizo, me fui y le dije que no, que  yo no quería eso. Me empecé a sentir muy incómoda y quería que se fueran así que fui a buscar a mi amiga y me dijo que no exagerara, que además, él era “guapo” así que me quede pensando que tal vez ella tenía razón, que yo estaba exagerando, que todo estaba bien.

No recuerdo mucho después de eso, empecé a sentirme mal y muy cansada, recuerdo que alguien trataba de jalar mi ropa de mi cuerpo, yo trataba de patear y decir que no pero en algún punto todo se volvio negro y no supe más. 

Desperté sin mi ropa.

Con el cuerpo de un hombre desnudo a mi lado.

La cantidad de sensaciones que inundaron mi cuerpo no las puedo describir, ni siquiera podía hacer sentido de lo que estaba pasando, tomé mi ropa, me fui corriendo al baño y empecé a llorar. Empecé a gritar que se fuera. Encontré a mi amiga y me dijo que estaba exagerando pero que si quería ella me prestaba para la pastilla del día siguiente “por cualquier cosa”.

Tomé mis cosas, me subí a un taxi, llegué a la escuela y me quedé llorando en una banca con una de mis amigas de la universidad a la que le conté lo sucedido, me llevó a la farmacia y me acompañó todo el día, no entré a ninguna de mis clases y mi cerebro estaba en blanco.

Tardé algunos días en poder volver a mi casa, renuncié a mi trabajo y reprobé varias materias. 

No quería ver a nadie, sentía que no tenía nada que decir solo quería llorar, sentía asco de mi propio cuerpo y me reprochaba a mí misma las circunstancias que me habían llevado hasta ese lugar. Pasaba el tiempo leyendo artículos sobre personas que habían pasado por algo similar para tratar de no sentirme tan sola. Sabía que mis amigxs estaban ahí pero mi mente no creía que alguien más pudiera entender lo que estaba pasando. Pasé mucho tiempo sola, queriendo no estar aquí. 

A veces pienso mucho en una foto que me había tomado ese día en la mañana, la recuerdo muy claramente porque siento que después ya no volví a ser ella, ya no volví a verme igual.

Hoy decido contar esto porque 5 años han sido suficientes para mí, porque por fin me doy cuenta de que la culpa no fue mía, porque hoy por fin me doy cuenta que no hay nada que yo podría haber hecho para provocar que esto me pasara. 

La culpa no era mía, ni de dónde estaba, ni de lo que vestía. El violador es él. 

Escribo esto después de mucho tiempo de terapia, de pasar por momentos muy oscuros, de dejarme llevar por relaciones muy malas. Escribo con todas las cicatrices físicas y emocionales que me han quedado, con mucho miedo pero al mismo tiempo fuerte, con una red de apoyo de mujeres increíbles que sé que estarán ahí para mí y con la firme convicción de que sobre mi cuerpo solo decido yo, de que mi cuerpo y mi vida valen. Hoy perdono a la Azalia de 19 años y le agradezco por resistir y por creer que algún día llegaría a sanar, aún cuando todo parecía indicar lo contrario. 

Escribo esto porque tristemente sé que no soy la única persona que ha pasado por algo así, porque sé que no soy la única que ha cargado la culpa por años y lo único que estoy tratando de hacer, es de alguna forma decirle a las personas que me están leyendo que no están solas, que estamos juntas y juntas somos más fuertes, que lo que nos paso no lo causamos nosotras y sobre todo, que lo que nos pasó no nos define.

No es no, nuestros cuerpos son solo nuestros y nuestras vidas nos pertenecen.

Calaverita

Por Natalia Ventura

Ilustración de Andrea Rafols

La calaca confundida y dolida

no entendía porqué en México se perdían

las vidas de 10 mujeres al día

“¿Cómo es que este año a tantas

mexicanas recibo en mis brazos?

¡Yo no las he llamado!”

Lloraba en agonía

porque sabía que a ninguna de ellas

la muerte había llamado.

No entendía cómo a todas,

la violencia machista

la vida les había quitado.

“Esto no es obra mía mis niñas,

en su destino no estaba

que yo por ustedes pasara,

la barbarie que a mí las trajo

es culpa del feminicida

y no un acto por mí orquestado.

Pero no teman más

que aquí yo les doy descanso,

y  allá entre los vivos

las mexicanas buscarán hacerles justicia

para que sus nombres no sean olvidados”.

Entre cempasúchil y veladoras, 

los xoloitzcuintles las guiaba en el camino,

rumbo al merecido descanso eterno

de aquellas almas que injustamente

del mundo de los vivos se fueron. 

La flaca en sus brazos las arropaba

los ojos les besaba y en el último suspiro,

sus nombres llamaba

sus rostros memorizaba

y deseaba que ni una más

de forma tan cruel su vida acabara.

-En honor a las víctimas de feminicidio, 

que su luz y nombre perdure en la memoria. 

Justicia para todas.  

Lo que no nos dicen de la maternidad y leemos en Casas vacías de Brenda Navarro

Por Mayra Franco

Leí Casas vacías de Brenda Navarro por cuestiones del destino. Una amiga me lo recomendó y dejó en mi casa la edición física de Sexto Piso de 164 páginas para que lo leyera “cuando tuviera chance”. 

Iniciaba marzo y había decidido empezar a leer sólo a escritoras mujeres porque me di cuenta que los hombres predominaban en mis lecturas y quería más mundos literarios creados desde la pluma femenina.

Sentada un domingo en la noche intentando concentrarme en trabajar, vi el libro de Brenda a un lado y empecé a leerlo. Leí más de 30 páginas de un jalón sin darme cuenta. Formalmente y sin buscarlo, este libro inauguró mi ruta literaria.

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Dice Brenda Navarro que es tan duro ser madre, que si realmente nos dijeran a las mujeres lo que implica, muy pocas querrían serlo. Muy pocas vivirían “el esfuerzo anímico, emocional y físico que significa hacerte cargo de una persona que, además, después te va a pedir independencia”.


No me lo dijo a mí, se lo dijo a Adriana Pacheco en su podcast Hablemos Escritoras, que escuché luego de leer la que sería su primera novela. Un libro que Brenda no pensó escribir tomando como tema principal la maternidad, y sin embargo, está presente en toda la obra.

La maternidad impuesta, la elección de ser mamá, la soledad de las mujeres en este camino pese a tener una pareja y esas cosas de las que no nos hablan las mujeres que son madres a las que aún no sabemos si algún día lo querremos ser, se pueden leer en este libro.

“No parir, no engendrar, no dar pie a las células que crean la existencia. No ser vida, no ser fuente, no deja que el mito de la maternidad se prolongara en mí (…) No parir, porque después de que nacen, la maternidad es para siempre”. *

Casas vacías, Brenda Navarro, Editorial Sexto Piso

El libro está dividido en tres partes y narrado en primera persona por sus dos protagonistas mujeres que exponen sus pensamientos, vivencias y sentimientos en torno a la maternidad y al hecho de ser mujer.  

La historia inicia cuando la primera voz cuenta cómo fue que su hijo Daniel desaparece en un parque estando ella presente y cómo son los días posteriores al hecho: la búsqueda, la pésima burocracia mexicana por la que tienen que pasar las personas que buscan a sus desaparecidos y las interrogantes internas de alguien que, para empezar, no había visto como principal proyecto de vida ser madre.

El libro habla de cómo las madres (e incluso las mujeres en general) casi siempre están solas, aunque tengan una pareja que aparentemente está ahí como apoyo y que muchas veces, más allá de entender los sentimientos de la mujer, los minimiza. Porque como dijo Brenda en el podcast de Pacheco: “hay una idea de que somos madres y sabemos hacerlo todo”.

Casas Vacías nació en México en el tiempo que el expresidente Felipe Calderón declaró su famosa guerra contra el narco. Navarro inició la novela justo en un tiempo donde, a palabras de ella, dicha guerra “parecía no darle cabida a los desaparecidos y a las madres que buscan a sus hijos”.

Dos madres con diferentes perspectivas de lo que esperaban de la maternidad hablan desde sus adentros y para ellas mismas. Porque casi ninguna mujer habla del dolor que también implica ser madre y cuando lo hace es en voz bajita y cualquier comentario de sufrimiento va complementado de un “pero también… (inserte frase optimista) sobre ser mamá”.

“Nunca quise ser madre, ser madre es el peor capricho que una mujer puede tener”.*

Casas vacías, Brenda Navarro, Editorial Sexto Piso
Casas Vacías no expone mujeres “rosas”, madres inmaculadas que todo hacen bien, que sólo ven la felicidad de la maternidad, como nos lo pintan casi siempre. Muestra personajes con sentimientos y pensamientos reales, las maravillas y vilezas que nos componen como personas, como diría la cronista Leila Guerriero. 


Dice Brenda Navarro que si las madres supieran que van a ser esas casas vacías que sostienen el mundo, “probablemente hace mucho la revolución feminista habría iniciado”.


De nuestra autora de hoy

De La Laguna para todo el mundo. Me gusta leer, platicar y caminar. Y me gustó leer un día que todxs somos hijxs de Pedro Páramo.
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¿Por que las feministas admiramos a Ruth Bader?

Por Yoana Rodríguez

Simple e icónica. Su rostro enmarcado por unos lentes rectangulares de pasta gruesa, labios finos y sonrisa sutil, cabello recogido en una coleta baja y como accesorios únicos aretes pequeños y collar ancho o cuello de encaje. 

La imagen de Ruth Bader Ginsburg es la armonía entre la firmeza y seriedad de una mujer que se abrió camino en un terreno dominado por hombres, así como de la feminidad poderosa y atractiva, distintiva de la lucha a la que dedicó su vida: derribar las barreras sociales y legal entre hombres y mujeres.

Apodada como Notorious RBG, hace poco menos de un mes sobre leíamos de la muerte de esta jueza estadounidense, quien a sus 87 años falleció a causa de un cáncer de páncreas, pero ¿quién fue ella y cómo es que una mujer octogenaria se convirtió (a pesar de la seriedad de su cargo) en un ícono pop de la lucha feminista?

Joan Ruth Bader nació en Nueva York en 1933 dentro de una familia judía de clase media. Desde pequeña fue descrita como una niña callada, activa e inteligente, educada para ser independiente y en cuya formación se pusieron grandes expectativas familiares. Principalmente las de su madre, Celia, que la impulsó a interesarse por los libros y el estudio y quien falleció el día anterior a que Ruth se graduara del bachillerato. 

En plena década de los 50 Ruth se graduó de la Universidad de Cornell y después continuó sus estudios en Derecho en la Universidad de Harvard, donde destacó como una de las mejores de su clase.

Primero como abogada y luego como jueza del Tribunal Supremo de Estados Unidos, Ruth fue pionera en la defensa de los derechos de la mujer abriendo una tras otra las puertas que le cerraron a ella y tantas otras mujeres, inclusive hoy día.

Más de cuatro décadas de trabajo por la igualdad de derechos hicieron de ella un referente feminista de resonancia mundial. Sus acciones hicieron cambios reales, fue la segunda mujer en ser nombrada por la Corte Suprema de Estados Unidos y sus opiniones disidentes la conviertieron en una celebridad entre las generaciones más jóvenes.

¿Por qué admiramos a Ruth Bader? Porque es la historia real de una mujer que luchó toda su vida por un sueño común: un mundo más igualitario y justo para sus habitantes. Nos dio un modelo a seguir de estudio, trabajo, excelencia y lucha constante. Ruth se internó en lo más profundo de un sistema legislativo absolutamente patriarcal y desde ahí generó estrategias, observó y jugó a favor de su enfrenta, pero sobretodo nos dio la certeza que el cambio es posible, un espíritu de esperanza hoy más necesario que nunca.

Si quieres conocer más sobre ella, en 2016 publicó el libro My Own Words, un libro autobiográfico co-escrito con sus biógrafas Mary Hartnett y Wendy W. Williams. El libro es una recopilación de discursos y escritos emblemáticos desde su infancia. 

Para ver en pantalla, en 2018 salió el documental La Jueza (RGB), dirigido y producido por Betsy West y Julie Cohen, quienes narran desde el origen de la jueza, hasta su vida universitaria y sus brillantes estrategias legales que empujaron a alcanzar la igualdad de género frente a la ley estadounidense. El documental está disponible en Netflix.

Otra película reciente es La voz de la igualdad (On the basis of sex, 2018), protagonizada por Felicity Jones y dirigida por Mimi Leder el filme se sitúa en 1956, tiempo en la que joven Ruth era estudiante de Derecho en Harvard. La historia retrata la fuerza de su carácter  al enfrentar los constantes obstáculos de discriminación con sus profesoresy colegas desde el inicio de su carrera. Disponible en Prime Video

Fuentes:

https://elpais.com/internacional/2019/02/23/actualidad/1550937519_698822.html

https://www.lavanguardia.com/internacional/20200920/483572721689/ruth-bader-ginsburg-la-improbable-heroina-feminista.html

Ruth Bader Ginsburg: la gran disidente

*¿Quién fue Ruth Bader Ginsburg?* Conócela a ella y su enorme trabajo con estas películas en streaming

De nuestra autora de hoy

Yoana Rodríguez (Guadalajara, 1994) es egresada de la Primera generación de Periodismo y Comunicación Pública del ITESO. Desde una perspectiva de género, sus temas de interés son derechos humanos, desigualdades, arte y cultura. Es una de las dos miembros mas recientes de La Ola Púrpura.
Es un ser nocturno (las mañanas son su peor enemigo), ama a los animales (especialmente a su perro Titino), el color azul, visitar museos, andar en bicicleta y los atardeceres desde cualquier azotea.

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