Soy feminista y me gusta el Romance

por Cristina Toro

Como cada año, el 14 de febrero es la fecha de la celebración del amor: San Valentin.  Y nada engloba mejor los clichés románticos que esa fecha. Algunos compran flores, otros regalan chocolates en forma de corazón, firman tarjetas, envían mensajes con emojis y gifs, o mejor, hacen fila en los restaurantes y moteles. Otros -como me contó un amigo – se reúnen para hacer una “fiesta contra el amor romántico”, una especie de encuentro anti-romanticismo, y me preguntaba si el ser romántico iría en contravía de ser feminista. Ambas afirmaciones son problemáticas, por un lado, el declararse feminista, es hoy para algunos un acto subversivo, casi demoníaco, como lo es el declararse ateo, donde tienes que justificar todo el tiempo, las razones por las cuales te autodenominas feminista o comulgas con ideas feministas. Las personas (hombres y mujeres) que alguna vez te escucharon un comentario o una aclaración de género, te reclaman, te exigen coherencia, te hacen burla o subrayan tu postura cada vez que pueden, bien sea porque te pusiste labial, usaste tacón o tienes en tu playlist a Madonna o Beyoncé, o simplemente porque en el ámbito cotidiano, tu comportamiento social no refleja una postura “realmente feminista”, como si existiera una manera única y estereotipada de ser feminista que determina, desde cómo lucir, cómo hablar y hasta cómo caminar, cuando, por el contrario, en el feminismo- que no es sólo uno, sino una multiplicidad de posturas tanto teóricas como prácticas- el abanico de posibilidad es tan amplio que, creo, tiene una bandera común que las cobija: “sé lo que quieras ser, sin ataduras, siguiendo sólo tú voluntad”.

Esta máxima que me inventé y suelo repetir en distintos escenarios, parece una frase cliché y simple, pero en el fondo pretende abrir la reflexión, frente a lo importante que es el construirse a sí misma, como una tarea humana y singular. Ese construirse a la manera de una obra de arte, a la manera de “ser lo que quieras ser”, implica hacer una deconstrucción o una crítica a los esquemas que no nos lucen, que no nos caben en la piel o incomoda nuestro pensar, mirando en el entorno personal, familiar, cultural, político y económico, aquello que nos ata, a la manera de una barca con un ancla que está en la orilla de un gran mar sin navegar, en donde la voluntad parece diluirse en los convencionalismos, en el vaivén de olas que no sabemos remar o no conocemos cómo sortear. Una voluntad que requiere ser revisada, no sólo desde la razón, sino también desde el sentir, porque es en esa voluntad sentipensante donde se halla la libertad. De allí que me pregunte, ¿acaso a todas nos atan las mismas anclas y nos golpean las mismas olas? ¿acaso nos aprieta y nos talla lo mismo? por supuesto que hay puntos comunes que nos religan a todas, porque estamos -como mujeres en general- abocadas a un mismo mar, pero hay otros puntos que son tan particulares y singulares que nos distancian y eso es lo que precisamente enriquece los feminismos.

Ahora bien, ¿es el romanticismo una atadura? ¿tendría una mujer que abstenerse de celebrar San Valentín? ¿debería una “feminista” rechazar las flores, las invitaciones y despreciar los halagos? San Valentín como es, como sabemos, una celebración donde se comercializa el amor, como muchas otras celebraciones que mercantilizan las afecciones humanas en un mundo capitalista, pero el romanticismo escapa a este día, cuando se habla de romance, más bien hay una referencia a la idea caballeresca de la Edad Media, relacionada con el cortejo de aquel hombre a caballo, caballero, cuyo título, modales cortesanos y maneras retóricas, eran usados para mostrar los afectos, cariños o pretensiones amorosas a una mujer.

Esta idea, originariamente se halla en la literatura, en los romances, en esas formas poéticas que eran cantadas por juglares o que aparecen en las novelas caballerescas que hablaban del amor eterno, del amor cortés y de las hazañas para conquistar -a la manera de un territorio- a una mujer amada, estos modales o maneras eran el medio para cumplir el deseo erótico y/o para buscar emparejarse, por lo general se cumplían ciertos pasos:

1. Se contemplaba al ser amado, desde la lejanía,

2. Se pasaba a la conversación, como modo inicial de acercarse, mirarse, enviarse presentes o cartas

3. Había contacto físico sutil, como caricias y toma de la mano y

4. Se besaba como parte final del cortejo e inicio de la intimidad.

Esas “maneras” aunque hayan cambiado un poco, siguen la misma intención de la medievalidad, los medios han cambiado y quizá no hay mucha hazaña para adquirir el “trofeo” sexual del ser amado, quizá el orden haya variado y primero se da el acto sexual, luego el beso y quizá, por error o por afecto se sigue con lo demás. Pero me cuestiono, si se trata de un construirnos a nosotras mismas y de seguir nuestra voluntad, ¿no sería también un acto revolucionario el cortejar románticamente a un ser amado?, ya que las modos de objetivación de la mujer y del hombre como seres que usamos a nuestro antojo según nuestro capricho consumista y sexual, están siendo hoy parte de una lógica individualista, fría y calculada que nos distancia y abre las brechas de comunicación y de comprensión del sentir del otro, para respetarlo y no violentarlo, ¿no sería el 14 de febrero un motivo para cambiar los modos de pensar el romanticismo medieval del cortejo masculino al femenino, para dar al otro y no sólo recibir?

Esto es entonces una invitación a celebrar el amor romántico, en el sentido de vivir el erotismo, de expresar nuestros deseos, de regalar por qué no, una flor a un hombre, de dar un abrazo sincero, dar un beso apasionado, no arrodillándonos, ni esperando que se arrodillen como retratan algunas pinturas medievales del amor cortés, pero sí como un “no queriendo conquistar otros territorios masculinos”, sino respetando sus maneras diversas de masculinidad que también se hallan hoy en aguas pantanosas. Siento y pienso, que así como las luchas, las arengas, los actos públicos y políticos son importantes para expresar el inconformismo con ciertos normas morales, culturales o sociales, también desde la seducción, los afectos, desde el amor, es posible entablar relaciones horizontales y de no-dominación, desde el cariño respetuoso y sincero, desde la reciprocidad de un regalo, de un recibir y dar, de un halagar y recibir un halago, desde un compartir sin violentar. Yo soy feminista y soy romántica, creo en el amor como vehículo para luchar contra las injusticias y desigualdades, porque el erotismo, la poesía, el arte, son vías alternativas para sensibilizar, para deconstruir y hacer crítica a un mundo que demanda en vez menos violencia y exclusión y más empatía y comprensión.

Summer Finn: (Not) Your Manic Pixie Dream Girl

por David Lopez

El arquetipo de la “Manic Pixie Dream Girl” lleva décadas poblando a los personajes femeninos de la cultura pop. El término fue ideado por el crítico Nathan Rabin en 2007 y se usa para encapsular a todos esos personajes femeninos cuya única función es cumplir las fantasías de sus creadores (usualmente hombres). Tales personajes usualmente son mujeres jóvenes y atractivas que llegan a la vida de un personaje cínico y/o deprimido a enseñarle a vivir mediante “quirks” raros y actitudes que están a un paso de ser infantiles (algunas manifestaciones de este término llegan incluso a tener un aura de autismo en sus interacciones).

Eternal Sunshine of the Spotless Mind, 2004, Focus Features

Eventualmente, Nathan Rabin se deslindó del término porque la cultura pop lo empezó a utilizar para describir a cualquier personaje femenino que tuviera particularidades o fuera “rara”, ignorando el propósito inicial del mismo, que era denunciar las narrativas femeninas que idealizaban que la existencia de estas fueran alrededor de ayudar a un hombre y nada más.

Scott Pilgrim vs The World, 2010, Universal Pictures

Algunos de los ejemplos más reconocibles son Natalie Portman en Garden State, Kate Winslet en Eternal Sunshine of the Spotless Mind, Kirsten Dunst en Elizabethtown, Mary-Elizabeth Winstead en Scott Pilgrim vs The World e incluso Amelie Poulain.

Amelie, 2001, UGC Fox Distribution

Recientemente, el ejemplo que tomó más tracción en el imaginario colectivo de este concepto, es Summer Finn, interpretada por Zooey Deschanel en (500) Days of Summer del año 2009 (quien en ese entonces ya era reconocida por interpretar este tipo de personajes).

A 10 años de su estreno, (500) Days of Summer, para bien o para mal, ha creado un legado. De ella se han dicho mil cosas, hay quienes la consideran una deconstrucción de las comedias románticas y sus arquetipos (incluyendo la manic pixie dream girl) y hay quienes la consideran basura misógina. Personalmente, creo que está en un punto medio entre esas dos categorías.

500 days of Summer, 2009, Fox Searchlight Pictures

Dirigida por Marc Webb, con un guión por Scott Neustadter y Michael H. Weber, hay que tener en cuenta que esta película es un producto manufacturado enteramente por hombres heterosexuales, por lo que no es una sorpresa que su principal lectura sea aquella de desahogo hacia las mujeres que les rompieron el corazón.

Lo anterior se hace bastante evidente en los primeros segundos, con la incursión del narrador y la presentación  del film (The following is a work of fiction. Any resemblance to persons living or dead is purely coincidental. Especially you Jenny Beckman. Bitch.). Esa frase encapsula perfectamente la perspectiva que el film toma ante las relaciones heterosexuales,  la de los hombres que caen en la categoría de “good guys” a los que mujeres como Summer fallaron en cumplir sus idealizaciones.

Y aquí es donde las cosas empiezan a ponerse interesantes, porque con estos antecedentes todo indicaba que la película iba a ser un desastre misógino y meninista como muchos que disfrazan su sexismo con sátira y “deconstrucción”. Pero realmente, (500) Days of Summer de verdad deconstruye algunos elementos de la comedia romántica en una manera progresista, especialmente, el arquetipo de la manic pixie dream girl.

500 days of Summer, 2009, Fox Searchlight Pictures

Al principio de la película, el narrador nos da trasfondo acerca de la vida de Summer y Tom por igual en un prólogo, pero cuando este termina, todo lo que sigue es visto desde la perspectiva del protagonista masculino, Tom, quien al ser el personaje principal, es con quien los espectadores tienden a simpatizar.

Esta empatía corresponde a la manera en la que la película está narrada, donde como él nos está contando las cosas, él es “el bueno” y ella, al lastimarlo, es “la mala”. Esta es la lectura más común del film y la cual el espectador promedio (al menos en su estreno, hace 10 años) probablemente tomará. Ciertamente cuando yo la vi por primera vez eso fue lo que hice, pero ahora, revisitando el film, escenas que pasaron desapercibidas antes, ahora alzan alarmas o destacan de otra manera.

500 days of Summer, 2009, Fox Searchlight Pictures

Por ejemplo, en repetidas ocasiones, Tom y sus amigos hablan de Summer y otras mujeres de manera despectiva, haciendo comentarios acerca del físico, actitud y vida sexual de mujeres, comentarios que son extremadamente misóginos y no se puede evitar pensar cómo es que ese tipo de expresiones eran tan comunes hace tan solo 10 años y ahora, dejan un malestar en el estómago.

En el otro espectro están los diálogos de Summer. Las primeras veces que vi la película, al ser adolescente, para mi ella era un personaje algo indescifrable y más tarde entendí que dada la misoginia internalizada con la que se nos cría a los hombres, este cuestionamiento del comportamiento que una mujer segura de sí misma tiene es algo que muchos podrían encontrar como agresivo y soberbio.  

Es gratificante, entonces, encontrar que con un poco más de experiencia en la vida, entiendo a Summer y simpatizo con ella. Usualmente al hablar de ella se concibe la imagen de una mujer que se aprovecha de los hombres y los tortura por placer. Nada más lejos de la realidad. La película nos muestra a un personaje completamente libre y seguro, pero no perfecto.

La libertad de Summer es lo más importante para ella en todos los sentidos, desde sus decisiones amorosas hasta las laborales y estéticas. Ella simplemente quiere hacer lo que quiera, y en el transcurso del film, Summer aprende que ir por la vida así puede lastimar a las personas que quiere y que hacer compromisos, no significa limitar tu libertad.

Su relación con Tom está basada en esto. Ella está con el porqué genuinamente piensa que Tom es una persona interesante y atractiva tal y como es. Tom tiene una atracción con Summer desde la primera vez que la ve y solo va creciendo cuando él se da cuenta de que “no es solo otra chica” porque comparte gustos con él (la ya icónica escena del elevador con The Smiths) y pueden hablar de cosas “profundas”.

Esta dualidad en la atracción de una pareja heterosexual es algo que sigue completamente vigente diez años después. Mientras ella genuinamente quiere seguir conociéndolo, él, cuanto más la conoce, más la idealiza y la encasilla en ciertos roles que la sociedad ha hecho creer a los hombres que las mujeres deben encarnar.

Summer es una deconstrucción funcional de la “manic pixie dream girl” porque es una mujer libre, excepcional y hasta cierto punto excéntrica que posee estas cualidades por y para ella misma.

500 days of Summer, 2009, Fox Searchlight Pictures

El gran error al ver este film es quedarnos centrados en la perspectiva de Tom y los clichés que las comedias románticas han impuesto en nosotros por décadas y pensar que Summer y sus cualidades deben servir de algo a Tom, como ayudarle a avanzar su narrativa o mejorar su vida.  

El personaje de Tom cree esto y cuando su relación con Summer empieza a decaer es incapaz de ver que la culpa es de su idealización de la “mujer perfecta” y la presión que esto ejercía en Summer. Y en lugar de ser introspectivo, hace lo que los principios tóxicos del amor romántico han enseñado a los hombres a hacer durante siglos, culpar a la mujer por no ser todo aquello que ellos quisieron que sea.

500 days of Summer, 2009, Fox Searchlight Pictures

Claro, que esta es una conclusión a la cual es difícil llegar solamente viendo el film. El tono y el montaje hacen que parezca necesario ponerse del lado de Tom para entender el film, incluso cuando nosotros como audiencia sabemos que lo que él está haciendo está mal, hay algo que nos hace simpatizar y justificarlo. Todo lo contrario con Summer, que realmente nunca hace nada especialmente reprobable, solamente es honesta, no se compromete y muestra dudas e inseguridades, pero cualquier acción mínimamente insidiosa en ella pesa mucho más por el hecho de no llenar las casillas que el estereotipo que ella deconstruye, usualmente debería de llenar.

Summer no es una persona inocente y perfecta y Tom no es un antagonista sin remordimientos. Ambos son personas imperfectas que intentan ser felices. Summer lo intenta saliéndose de los roles que la sociedad ha impuesto sobre ella y las mujeres (no creyendo en el amor romántico, haciendo lo que la hace sentir bien, cambiando constantemente) y Tom lo hace mediante todo lo contrario, queriendo encajar y hacer que su pareja encaje en estos roles incluso agresivamente.

500 days of Summer, 2009, Fox Searchlight Pictures

Recientemente la agresividad hacia el personaje de Summer ha bajado debido a declaraciones en las que Joseph Gordon-Levitt, que interpreta a Tom, ha dicho que la película es una advertencia de los peligros de idealizar a las personas y que Tom fue quien tuvo la culpa de varias de las cosas que sucedieron en la película.

500 days of Summer, 2009, Fox Searchlight Pictures

Si realmente los creativos detrás de (500) Days of Summer hicieron estas deconstrucciones de los arquetipos de la comedia romántica a propósito o no, es algo que nunca se va a clarificar al 100%, pero ver como la perspectiva de varios ante el film va cambiando con los años hace darnos cuenta que los clichés y roles de género tóxicos que el amor romántico propaga cada vez son menos aceptados y los productos culturales tienen que adaptarse a este cambio.

500 days of Summer, 2009, Fox Searchlight Pictures

Esta película no es algo meramente progresista en ese sentido, pero tampoco cae en las trampas misóginas que muchas de sus contemporáneas propagaron en la primera década de los 2000. Si bien Summer es un personaje que no deja de ser una fantasía masculina, creo que este personaje representó uno de los primeros pasos tomados por el género de la comedia romántica para alejarse de ciertos convencionalismos dañinos que hacían que sus personajes femeninos solo sirvieran para avanzar narrativas de contrapartes masculinas.

La realidad de manera virtual, la realidad de manera Ambulante.

por Ilena Sánchez

Esta semana se estará llevando a cabo la Gira de Documentales, Ambulante 2019, y como parte de su programa estará disponible al público el Salon Transmedia, un espacio interactivo diseñado con el fin de mostrar una selección de narrativas interactivas y transmedias de diversos países del mundo.

Esta sección de la Gira cuenta con aproximadamente seis visores de realidad virtual que ofrecen una variedad de contenidos divididos en realidad virtual, realidad virtual interactiva, Cinema 360° e Instalación multisensorial, a la que pueden acceder niños y adultos. A diferencia del año pasado, en esta edición el salón Transmedia funcionará a  través de citas previamente agendadas, para asegurar el completo disfrute de los espectadores, permitiéndoles conocer las 7 piezas que comprenden esta sección de la Gira, entre los que destacan Awavena, Coca sagrada, Trafficked, False Mirror y Chuang.

Este año su curaduría se amplía para abarcar temas que van desde lo social, la justicia (tema de la edición pasada), e incluso la conservación y dilemas de los pueblos originarios. Y es a través de estos proyectos que Ambulante busca presentar propuestas originales, extraídas de diversos contextos, que proponen un acercamiento a la realidad virtual, permitiendo un enfoque más intimo que lleve al espectador a dar una mirada diferente al mundo, más sensibilizada y consciente.

La propuesta es innovadora por sí sola, ya que lleva la idea del documental como medio de visualización y como experiencia empática, a un nuevo nivel, transformando el arte de la narración y, por lo tanto, su impacto en distintos entornos. Permite un acercamiento más personal entre la obra y el público, ya que el espectador puede sumergirse de primera mano en las particulares atmósferas de tribus que habitan Sudamérica, instantes de la guerra en Siria, ataques terroristas en Europa, e incluso presenciar al pie de la cama la triste despedida entre 2 amantes.

Sin embargo, la idea de contenido para todo tipo de público se ve un poco obtusa, ya que varios de los proyectos no cuentan con una versión al español, y en otros si el espectador no cuenta con alguna referencia o información básica previa se vuelve más complejo empatizar con el trabajo del autor.

La propuesta de Ambulante es ambiciosa al querer acercar un aspecto del cine, como lo es el documental, al público general acostumbrado a las cintas comerciales de gran presupuesto; y aunque no es una labor imposible, ciertamente si puede ser difícil. Pero este tipo de proyectos, como el salón Transmedia parecieran excelentes oportunidades para atraer al público, sobretodo al nuevo, a esta rama del cine en particular.

 En Guadalajara la sede del Salon Transmedia es Connectory by Bosch & Centraal (en Plaza Sania, segundo piso) y estará disponible  de manera gratuita hasta el 3 de abril. Cada pieza dura aproximadamente entre 6 y 15 minutos, por lo que el recorrido completo para verlas todas es de aproximadamente hora y media.

Carta Editorial: Abril, Nuestro Cuerpo

Llega abril y con él, la ola de calor abrasador que lo acompaña. Las altas temperaturas de la ciudad nos hacen querer usar menos ropa, por eso, creemos que es importante dedicarle este mes a la importancia que representa el mostrar nuestros cuerpos y sentirnos cómodas con ello.

Los estereotipos de belleza occidental  nos han enseñado que nuestros cuerpos son sólo bellos si cumplen con ciertos estándares; nos obligan a ser flacas pero no tanto como para no tener traseros voluptuosos o pechos desbordantes; nos dicen que está bien que  tengamos “carne” siempre y cuando no lleguemos a ser gordas, y que si mostramos nuestro cuerpo, que sean únicamente nuestras partes “favorecedoras”. Que no somos igual de lindas y valiosas (sí, porque al parecer nuestro valor y nuestra belleza son un binomino inseparable) si nuestros muslos son grandes o nuestras caderas anchas.

No importa la forma, las proporciones o el peso que tenga nuestro cuerpo, el patriarcado siempre nos hará sentir que hay alguna parte de nuestro cuerpo que no nos gusta y nos hace odiarla tanto, que se vuelve insoportable el levantarnos todos los días y vernos al espejo y sentir que si tan sólo pudiéramos cambiar ese lunar, bajar o subir algunos kilos, tener más pechos, una cintura de avispa, si tan sólo nuestra nariz fuera más respingada, entonces, sólo así podríamos querernos más.

¿Y saben una cosa? estamos hartas, hartas de que nos enseñen a no querernos, a menospreciarnos una y otra vez y a encajar en los estereotipos de la mujer occidental perfecta. Estamos hartas de la reducción de todo lo que representamos a un simple objeto de placer para consumo masculino.  Somos más que el vello que crece en nuestras piernas y la talla de pantalón que usamos, nuestro cuerpo es eso, NUESTRO y tenemos que dejar de martirizarnos por no cumplir con los cánones de belleza, es momento de que nos queramos un chingo a nosotras mismas, que usemos lo que se nos dé la gana  y que dejemos de ser tan duras entre otras, reivindiquemos que no somos mujeres perfectas, somos mujeres reales.

¡No podemos esperar a leerles!

América

Ileana Sánchez

Este jueves 28 de marzo “Ambulante: gira de documentales” proyectara su función inaugural, y en esta ocasión el proyecto encargado de la apertura será ​el documental “América”, de los directores Erick Stoll y Chase Whiteside.

La trama gira en torno a 3 hermanos cirqueros que regresan a casa para cuidar a su abuela, América, de 94 años, cuando su padre, quien se encargaba de ella, es encarcelado. A partir de ahí vemos como los hermanos se enfrentan ante las circunstancias inesperadas que trastocan la vida familiar, en una historia que contrasta en imágenes, la fragilidad de la anciana contra la vitalidad y fuerza de los nietos, mientras que juega con atisbos de humor y melancolía por igual, que retratan de manera agridulce los dilemas y complejidades de la tercera edad.

En América, vemos la fragilidad y la inocencia a la que retorna el ser en el ocaso de su vida, mientras lucha entre estados de lucidez y demencia senil. Mientras que entre los nietos se perciben las tensiones, diferencias y confrontaciones comunes de la dinámica familiar, pero exacerbadas por los vicisitudes que conlleva el cuidar de su abuela, buscar la liberación de su padre, Luis, y enfrentarse al declive de sus sueños juveniles individuales ante sus responsabilidades como adultos.

Todo ello mientras conviven con un sistema legal corrupto y el descuido hacia las personas mayores por parte de las autoridades.

Una nueva edición de Ambulante – De pulsos y resistencias


Ileana Sánchez

Otro año, otra edición de Ambulante que llega a la perla tapatía.

La decimocuarta edición de la gira de documentales Ambulante llega a la ciudad a partir de este jueves 28 de marzo y hasta el 4 de abril, como parte de su gira 2019 por México, donde tocará tierra en 8 estados diferentes, del 21 de febrero y hasta el 16 de mayo.

En 2019 Ambulant​e se presenta bajo una nueva imagen, misma que acompaña la temática del festival, que este año se centra en las ilusiones ópticas, “aludiendo así al carácter de construcción de interpretación que tiene el cine documental, en su labor de evidencia visible​, y la carga subjetiva que conlleva sobre la realidad, por medio de películas que generan la ilusión de esta”, así lo señalo A​ntonio Zirión, programador de Ambulante.

Con trabajos que tocan temas tan diversos como la migración y el suicidio en el campo mexicano; los movimiento políticos y sociales de la comunidad LGBT y las consecuencias ambientales y humanas de la guerra, entre otros. Esta nueva edición del festival busca acercar al público jalisciense a la cultura del cine documental, por medio de diversas funciones localizadas en​ 22 sedes de 4 municipios de Jalisco.

El programa, que incluye secciones ya clásicas como Pulsos, Sonidero, Ambulantito y Coordenadas; busca superar la cifra de asistencia del 2018 (6612 personas), por lo cual este año incluyeron 3 nuevas secciones:

● Retrovisor (material de archivo de reportajes y noticieros);
● Injerto (cine de vanguardia, que este año es representado por 20 mujeres
realizadoras);
● Resistencias (Antes conocido como Plataforma Justicia);

A esto se le suma la realización de un taller de hacking cívico y la plataforma del Salón Transmedia.

El programa completo de actividades lo puedes consultar en la pagina ​www.ambulante.org o en el facebook oficial Ambulante Jalisco.

Carta Editorial Marzo – 8M, Nuestro mes

“Abajo el patriarcado se va a caer, se va a caer”
8M

Bienvenido Marzo.

En este mes no celebramos, hay muy poco que celebrar. Marzo, en La Ola Púrpura es el mes de las mujeres. Y es que tiene que haber un mes para nosotras, para el 52% de la población en el mundo. Pareciera que el feminismo lo celebramos hoy, en medio de las protestas las pancartas y los pañuelos verdes. Este mes nos sirve para recordar el lugar en el que estamos paradas en la historia, y para recordar que aún tenemos que defender nuestros derechos, porque en algún momento de nuevo podrían ser arrebatados. Por decencia humana, por sororidad, por obligación de género estamos llamadas a salir y marchar, a exigir, a construir y desde espacios como este, que es suyo, de todas, donde podamos compartir y difundir; eliminar los prejuicios y luchar por lo que nos falta y lo que aún no hemos ganado.

Porque las mujeres no se van, desaparecen, no se mueren, las matan. A las mujeres se las llevan, se apropian de sus cuerpos, de su vidas y de su libertad. En este mes conmemoramos lo que hemos ganado y los derecho que aún nos faltan y a todas aquellas mujeres que luchan por una igualdad verdadera y equitativa. Hay un millón de motivos para marchar, luchar, exigir y demandar, y en este mes aún escuchamos las voces de aquellos a los que les incomoda la reivindicación de las mujeres como personas con todos los derechos inherentes al ser humano, inalienables e intransferibles; con la libertad, aun entre el feminismo las diferencias, nuestras justas y necesarias diferencias son blanco para desmeritar nuestra lucha. No hay mejor momento para estar vivas y luchar que ahora, por nosotras por las que vinieron antes, y a las que les debemos tanto, y las que vienen detrás. Mujeres y revolucionarias, mujeres y vivas, con una postura política. En la Ola las invitamos a colaborar a unirse a ser parte del trabajo de todos los días por el que se ha luchado durante décadas.

Desde La Ola Púrpura con amor.

Reclamo mi placer

Karen Rodríguez

Reclamo mi placer disfrazado de tabú,

mis disgustos y mis labios,

la acera en la que camino,

las anécdotas que cuentan mis ojos,

mi útero enternecido.

Reclamo mi mañana,

mis maneras de decir “te quiero”,

el enojo que me hierve la sangre

cada vez que perturbas mi paz.

Lilith mitologíca, hecha de un barro inquebrantable:

desafiaste toda ley masculina que caía sobre ti

con más fuerza que la misma gravedad,

y fuiste exiliada a la soledad punzante como castigo.

Nosotras, descendientes de Lilith,

descendientes de una fuerza palpitante,

de libertad y autogestión,

creamos vida si así lo deseamos,

vivimos con nuestros múltiples orgásmos

y con el corazón en la mano

entregándolo a nadie, como Sabines poetizó.

Nosotras, mujeres,

más que seres de belleza y expresiones de etiqueta,

más que amantes de turno

entre las sábanas en una noche de vino,

más que fantasmas de la literatura y de la historia universal,

somos la humanidad sentipensante

que persiste y que no se deja derrotar,

por eso, más que nada, más que todo,

reclamo quien yo era antes de que llegaras a mi vida y a mi cuerpo,

violento como un desastre natural,

y me doy cuenta ahora de que existe la vida después del hombre.

Una mirada crítica a You de Netflix

“Hola. ¿Quién eres? Por tu onda, creo que eres estudiante. Llevas una blusa suelta. No buscas que te miren, pero tus brazaletes tintinean. Quieres atención. Me interesa. Revisas los libros. Ficción, de la F a la K. Veamos… No eres una típica insegura que busca un Faulkner que nunca terminará. Muy bronceada para Stephen King. ¿Qué comprarás? Pides perdón como si te avergonzara ser una buena chica, y murmuras tu primera palabra hacia mí. ¿No llevas sostén? Y quieres que lo note. Si fuera una película, te tomaría y tendríamos sexo contra la estantería.”

“You, 2018, Netflix”.

El párrafo anterior son las primeras palabras que suenan dentro de la cabeza de Joe en la serie. Desde el inicio nuestro protagonista y “héroe”  sabe absolutamente todo sobre Beck e intuye cada acción que realiza. Porque claro, si usas brazaletes es porque buscas atención, si pides perdón por chocar con alguien es para simular que eres “buena” y si no usas sostén es para que un chico te mire. Esta primera escena en la librería es un hecho simbólico (lo simbólico es lo que media entre lo imaginario y lo real) que sirve de parteaguas para una serie de acontecimientos violentos, misóginos y feminicidas.

En la Convención Belém do Pará 1 se define a la violencia contra la mujer como:


“Cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado.”


Convención Belém do Pará

Partiendo de este punto, hay que  señalar cómo desde el primer capítulo se busca crear una empatía entre el protagonista obsesivo y la audiencia, así, a lo largo de la serie, nos hacen sentir que “no está tan mal” todo lo que hace, desde acosar hasta matar, porque lo hace por “amor”. Esta característica la encontramos muy frecuentemente en todos los estudios alrededor del amor romántico, pero ¿qué es el amor romántico?

Es una práctica socio-cultural heredada de la burguesía del siglo XIX, donde lo personal no es político; si sufres de amor, si tu pareja te violenta, si te matan, es un asunto privado y no tiene porqué importarle a las demás personas, es por ello que en la serie vemos que la mayor parte de las escenas ocurren dentro de la casa de Beck, de Joe o en la librería, porque todos los hechos son más fáciles de controlar si la persona está en un espacio privado.

Alaín Pinzón, internacionalista y defensor de derechos humanos, dice que las redes sociales sirven para medir a la sociedad, y es muy cierto. Si introduces el #YouNetflix en Twitter, encontraremos una serie de comentarios, imágenes y GIFs en relación a la serie. Pero el resultado no es nada bueno: el 80% de estos tweets son a favor de Joe, de cómo la audiencia se asusta cuando Beck descubre el escondite en el baño, del enorme deseo de tener a un novio como Joe y un odio tremendo hacia la protagonista. Así, el acoso, el secuestro, el asesinato, la obsesión y la violencia nos conmueve, pero ¿por qué? Hemos romantizado todo tipo de violencia, creemos que el amor es igual a sufrimiento, y claro, cómo no vamos a creerlo si desde la niñez en la religión nos enseñan que un hombre sufrió y murió para salvarnos porque nos amaba.

Bien, ahora analicemos el primer asesinato que comete Joe para que Beck “tenga un peso menos”; puede parecer que en verdad asesina a Benji para que la protagonista sea libre, plena y feliz… Pero volvemos al amor romántico. Si bien es cierto que ella estaba en una relación muy tóxica con Benji porque la buscaba cuando él quería y la trataba como un objeto sexual, nada justifica que se haya cometido un asesinato “a su favor”, y es que todas las cosas que hace Joe son “por ella”, “por su bienestar” y “para que sea feliz”,de esa  manera justifican la crueldad interiorizada del personaje y los altos niveles de poder que busca tener sobre Beck.

En el segundo asesinato vemos que el tema de poder en Joe crece a tal grado que ya no le importa asesinar a alguien más con tal de poseer a Beck como un objeto más de su propiedad. Y claro, tenemos la relación obsesiva y tóxica de Peach, en la ella cual ejercía una violencia estructural enorme, con esto me refiero a que se restringen las necesidades de la otra persona, como la libertad, estableciendo también roles de mandato fijos. Quién tiene más dinero domina a quien tiene menos. Y a pesar de esto, el asesinato nunca será justificado, y menos “por la libertad” de Beck, porque volvemos a la justificación del personaje homicida.

Y llega el último asesinato de la serie: el de Beck. Como audiencia, esperamos que, al encerrarla en el sótano de la librería, la mate, como lo hizo previamente con Benji, pero honestamente, una parte nuestra espera que no la asesine porque “la ama”. Sin embargo se comete el asesinato, y no sólo eso, sino que el protagonista saca un libro que dice ella escribió y acusa a su amante del crimen hecho previamente. El orden patriarcal se muestra más fuerte que nunca, pues éste se reafirma a través de actos consecutivos que el protagonista realiza con el fin de demostrar que él puede acosar, secuestrar y asesinar quedando impune, dando así el mensaje colectivo a la población varonil de que sigue siendo suyo el control.

Cabe aclarar que el hecho de visibilizar un tipo de violencia no significa invisibilizar las otras, no es que los hombres vivan sin violencia, sólo hay que diferenciar que la que vivimos las mujeres, es por cuestiones relacionadas directamente con el género.

Esta serie tiene su éxito en el público joven, aquel que usa todas las redes sociales posibles, que toma fotografías de lo que come, que postea dónde se encuentra minuto a minuto. Si algo es positivo, es la prevención que surge como moraleja de esta serie al tener más cuidado con lo que compartimos o publicamos en redes sociales. Es fundamental destacar que se ha creado conciencia de la diferenciación entre el amor y la obsesión, lo cual es algo muy positivo en el día a día, en que se cree que los celos son muestras de afecto.

Aún nos queda mucho por aprender, desaprender, leer y deconstruir, pero los análisis internos nos acercan más a quitarnos esos mitos que tanto nos pesan, así que les invito a analizar personal y colectivamente esta y otras series, películas, libros, conductas, etc. para acercarnos más y mejor a un amor puro, sincero y real. Y como dice Coral Herrera: otras formas de quererse son posibles.

Mariana Jasso

Cuando las agujas del reloj se detienen

En la cocina de un tercer piso de la calle Angustias del centro de Madrid, había un reloj antiguo. A ella le encantaba ese maldito y polvoriento reloj, aunque su pareja llevaba años queriendo tirarlo.

Era un reloj normal, pero el tiempo y el uso lo había hecho ligeramente particular en comparación con el resto de relojes de la casa. Tenía una pequeña disfunción: a las siete menos diez minutos de cada tarde, a la hora a la que el marido acostumbraba a llegar a casa, el reloj se paraba. El paso del tiempo se hacía insoportable. Y cuando el resto de relojes marcaban las siete en punto, éste echaba a andar de nuevo, un poco más deprisa de lo normal de tal manera que recuperaba la hora corriente y entonces, los segundos volvían a marchar a la velocidad adecuada.

Una noche el marido llego algo más tarde de lo habitual, algo más ebrio de lo habitual. El reloj aún no se había parado en todo el día.

Entonces, a las doce y cuarenta y nueve minutos de la noche, con el sonido de unas llaves sobre la mesa, el reloj se volvió a parar; y desde la casa de los vecinos se escuchaban golpes de la mano de un llanto prolongado. El tiempo se hacía eterno…

Cuando el llanto se apagaba echaba a andar de nuevo el reloj, un poco más deprisa -como cada tarde-, hasta que recuperaba la hora corriente y todo volvía a la normalidad como quien sana de una enfermedad momentánea.

Pronto llegarían las siete de la mañana y ambos saldrían a trabajar. Él la besaba y le recordaba que la quería mientras que ella maquillaba las magulladuras visibles frente al espejo para que sus compañeros no dijeran nada, pero ellos lo sabían.

Y es que no existe maquillaje para las heridas que quedan bajo la piel. Esa mañana ella se dio cuenta de que la felicidad no es más que aquella máscara de carnaval que viste la amargura frente al espejo de la sociedad.

Jaime Sarrais