Calaverita

Por Natalia Ventura

Ilustración de Andrea Rafols

La calaca confundida y dolida

no entendía porqué en México se perdían

las vidas de 10 mujeres al día

“¿Cómo es que este año a tantas

mexicanas recibo en mis brazos?

¡Yo no las he llamado!”

Lloraba en agonía

porque sabía que a ninguna de ellas

la muerte había llamado.

No entendía cómo a todas,

la violencia machista

la vida les había quitado.

“Esto no es obra mía mis niñas,

en su destino no estaba

que yo por ustedes pasara,

la barbarie que a mí las trajo

es culpa del feminicida

y no un acto por mí orquestado.

Pero no teman más

que aquí yo les doy descanso,

y  allá entre los vivos

las mexicanas buscarán hacerles justicia

para que sus nombres no sean olvidados”.

Entre cempasúchil y veladoras, 

los xoloitzcuintles las guiaba en el camino,

rumbo al merecido descanso eterno

de aquellas almas que injustamente

del mundo de los vivos se fueron. 

La flaca en sus brazos las arropaba

los ojos les besaba y en el último suspiro,

sus nombres llamaba

sus rostros memorizaba

y deseaba que ni una más

de forma tan cruel su vida acabara.

-En honor a las víctimas de feminicidio, 

que su luz y nombre perdure en la memoria. 

Justicia para todas.  

Deja una respuesta

*