Camino sin fin

Texto Fer Hernández

Fotografía Lily Sánchez

Tener una relación tóxica es estar en una burbuja que todos ven excepto tú. Decirlo en voz alta, “animarte” a terminarla, es un grito sofocado de la tan famosa “salud mental” “paz emocional” o cualquier otro término por el estilo para desechar todo eso que te hace sentir tan mierda, pero que tú mismo has estado formando. Para mí es como un trip que nunca acaba, o como un laberinto en el que a veces crees encontrar la meta y aceptas todos los pasajes y caminos inciertos por un momento de felicidad. Pero éste nunca abandona su naturaleza de muros, de vueltas interminables y pies y mente y todo desgastado de tanto recorrerlo.

Me parece aburrido contar cualquier detalle de mi relación, porque es la historia que todos conocemos: chico y chica llegan a los niveles más miserables y codependientes, enfermizos y catárticos, por razones que estaban y no estaban en su control. Creo que nadie es la víctima y los dos los culpables, tal vez uno más pendejo que otro, otro más abusivo o chantajista, pero al fin y al cabo, la historia de dos.

El Dédalo de nuestro laberinto fuimos él y yo, y me cuesta perdonarme por permitirle hacer todo lo que hizo y todo lo que hice. Y es que al principio me sentí tan enamorada como Pasifae, y construí mi propia vaca para amoldarme a todas sus formas. Naturalmente mis decisiones engendraron una bestia destructora que comía uñas y recuerdos, devorada buenas intenciones y liberaba tricotilomanía y desvelos.

Salir me costó mucho, muchísimo, todo lo contrario que entrar. Pensar en salir del encierro me frenaba, me daba un sabor agridulce por recordar que fuimos Pasifae, pero también el Minotauro, y olvidamos el hilo de regreso, pero es que después de tanto ya no queda espacio para un acto heroico. Queda caminar recto en direcciones opuestas, en un camino igual de oscuro e incierto. Un camino solitario y de ecos.

De nuestra autora de hoy

Me llamo Fernanda pero me gusta que me digan Fer. Mis cosas favoritas son el mar, leer, andar en bici, hacer collages, el té verde, los atardeceres, y compartir y aprender de los demás. Escribir es mi yo más auténtico porque es escuchar y materializar todas esas cosas que conscientemente no sé que hay en mí, pero que surgen al hacerlo.

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