Somos los que sobran: QUEERCORE MÉXICO

“no beses a la cruz, besame a mi”

por Azalia Valdés y Luisa Carrillo

¿Qué es el arte Queer?

El día de ayer la Ola Púrpura tuvo la oportunidad de realizarle una entrevista a Edrey Cortés y a Cuaco Navarro, integrantes de Yogurt Babes, un colectivo queer residente de Guadalajara.

Nos encontramos en la Galería Montenegro en el centro de Guadalajara, espacio donde se llevará a cabo el día de hoy su galería titulada: Somos los que sobran: QUEERCORE MÉXICO.

Esta galería es un trabajo de curaduría hecho por Edrey Cortés en el que participan lxs artistas: Baby putx (cdmx), Jair Romero (Cuernavaca), Samuel Shanahoy (sydney, Australia), y los mismos Edrey Cortés, Cuaco Navarro y Yogurt Babes.

Somos lo que sobran es una exposición colectiva que aborda lo queer en el arte y su relación con lo punk, y en el camino realiza una crítica a la norma “Gay”, los medios centralizados y  blanqueados, la heterosexualidad obligatoria y el amor romántico.

Somos los que sobran pero existimos, nos comenta lxs yogurts cuando hablamos del nombre de la muestra. El arte queer es incómodo, y cuando buscan a artistas queer para darles lugar en los espacios artísticos es casi siempre para llenar una cuota, la que sobra.

Las obras que integran la muestra nos hablan de cuerpos no binarios, cuerpos disidentes, el amor romantizado, el sexo sobrevalorado y el amor propio. Hay incluso una instalación, que en un ejercicio de memoria, nos traslada a los tiempos de la segunda guerra, los roles de género, que creíamos tan rígidos de aquella época y los crímenes de odio cometidos contra quienes fijaban su identidad fuera de la norma; y nos invita a cuestionarnos ¿realmente la situación ha mejorado? ¿podemos hoy fluirnos y vivirnos como mejor sintamos? o si más bien , el mundo sigue igual pero en HD.  

“Somos los que sobran: QUEERCORE MÉXICO” se presenta hoy por única  ocasión (por lo pronto) en Galería Montenegro de las 7:00 pm a las 12:00 am.

Por lo pronto nos despedimos pero esperen más de La Ola Púrpura ft Yogurt babes ya que quedamos encantadas, con muchas más dudas y bastante material aún por compartirles.

Les invitamos a seguir al tanto de nuestras redes y de las de Yogurt Babes para enterarse de más contenido y más eventos.

De violencia y otras perversiones: el machismo en las relaciones de pareja

Luis Ángel Castellanos

La violencia en las relaciones de pareja es un tanto camaleónica y puede tomar muchas formas. Nos siempre es un ojo morado que se disfraza de un portazo; no siempre es un morete en la piel justificado como un descuido o resbalón. Y no siempre termina en su más perverso punto: en un féretro, con cientos de flores como espectadores rodeando a la víctima. Pero siempre cualquier forma de violencia en las relaciones de pareja tiene un mismo origen: el machismo.

La Organización Mundial de la Salud reporta que tres de cada diez jóvenes han sufrido violencia en el noviazgo.


(Gobierno de México, 2018)

En México, al menos 15% de los jóvenes experimentan violencia física por parte de sus parejas, mientras que un 76% sufren de violencia psicológica (Secretaría de Gobernación, 2012).

Tratándose de las mujeres, 62% han sufrido violencia mientras que, en los hombres esta cifra se reduce a 46%.


(Secretaría de Gobernación, 2012).

Si bien lo anterior deja de manifiesto que las principales víctimas de la violencia en la pareja son las mujeres, vale la pena considerar que no es un problema exclusivo de ellas, sino que también afecta al género masculino.

En el imaginario de una sociedad que fundamentalmente privilegia al hombre y a una forma de masculinidad hegemónica (hombres fuertes y agresivos, sin sensibilidad y sin sentimientos, y, sobre todo, heterosexuales) resulta complicado sino es que imposible pensar en el hombre como víctima de violencia en sus relaciones sentimentales. Sin embargo, es una realidad que lo son, aun cuando no se conciban a sí mismos como tal.

Un caso particularmente interesante es el de las relaciones entre personas del mismo género, en especial las relaciones de pareja entre dos hombres. Dos hombres que, por el simple hecho de serlo, en el imaginario social deberían ser inmunes a la violencia en pareja pues un hombre debería ser capaz de resistir el ataque de otro hombre y defenderse. Sin embargo, a esta idea tradicional del hombre fuerte se escapa el hecho de que la violencia no sólo es física y que él también es víctima de actitudes machistas de la sociedad. Esto es particularmente cierto para aquellos hombres que forman parte de la comunidad LGBTTTIQ+.

A simple vista, en estas relaciones la cancha está equilibrada y es un juego justo y en igualdad de condiciones. Ambas partes con el “privilegio masculino” de la fuerza y la gallardía. Ambas partes igual de resistentes y listos para atacar. Sin embargo, las expresiones de violencia más comunes en las parejas de hombres gay no se contrarrestan con músculos ni con puños pues están enraizadas en lo profundo de la mente de los hombres.

En las relaciones gay el machismo son los puños y la homofobia las bofetadas. Y en realidad la violencia empieza incluso antes de iniciar el noviazgo, desde la búsqueda de pareja. En las apps de ligue y encuentros las constantes son: “no obvios”, “no afeminados”, “se buscan hombres discretos”, “sólo masculinos” o “straight acting”. Siempre privilegiando lo masculino y lo viril a costa de repudiar lo femenino. Menospreciando e incluso discriminando a aquellos que no actúan de manera masculina, con agresiones verbales y psicológicas.

Las cosas no mejoran una vez que inicia la relación, sino que, por el contrario, la violencia psicológica a causa de la homofobia internalizada aumenta, de manera que es común que alguna de las partes, unilateralmente decida mantener al otro en el clóset junto con su relación al no presentarlo a sus círculos sociales por ser “muy femenino”, “muy amanerado” o “muy obvio”. Por considerar que no es lo suficientemente bueno, o lo “suficientemente hombre”. Así, dentro de las relaciones gay (y LGBTTTIQ+) se reproducen las conductas machistas abriendo una clasificación entre aquello deseable y aquello que no lo es. Entre aquello que es lo suficientemente masculino, fuerte y gallardo y aquello que es femenino y, por tanto, delicado y frágil.

Y de esta forma la discriminación sistemática a nivel comunidad y pareja se convierte en un viacrucis para aquellas personas que no entran en el canon de la masculinidad hegemónica, volviéndolos víctimas de su machito gay, que no es sino producto del mismo machismo que deja ojos morados y moretones en el cuerpo. Una palabra duele tanto como un golpe. Y también es violencia. Amigo, en serio, date cuenta.

Referencias

Gobierno de México. (23 de Enero de 2018). Ponle un alto al círculo de la violencia en el noviazgo: conoce, identifica y prevén. Obtenido de Gob.mx: https://www.gob.mx/mujeressinviolencia/articulos/ponle-un-alto-al-circulo-de-la-violencia-en-el-noviazgo-conoce-identifica-y-preven

Secretaría de Gobernación. (11 de Mayo de 2012). Violencia en el noviazgo. Obtenido de SEGOB: http://www.reformapolitica.gob.mx/en/Violencia_Familiar/Violencia_durante_el_noviazgo_de_los_jvenes


Joti machines

Héctor Alejandro Hoyos García

-¿Misógino? ¿Machista? ¡Pero sí soy gay!

De alguna manera se ha colado en el imaginario colectivo que los hombres homosexuales estamos, por naturaleza, imposibilitados de ser machistas y misóginos. No obstante ser gay y machito no son adjetivos mutuamente excluyentes, es incluso bastante común encontrar prácticas violentas hacia las mujeres en la cotidianidad de los hombres gay.

Expresar abiertamente repulsión a los genitales femeninos, tocar el cuerpo de las amigas sin consentimiento y rechazar la presencia de mujeres en bares y antros gay son algunas de las expresiones violentas más comunes dentro de la “comunidad”.

El machismo dentro de la comunidad gay, opino, tiene sus raíces en la percepción negativa de la feminidad con la que somos criados; en casa, en la escuela y socialmente. Se nos dice, constantemente, que no actuemos, lloremos, hablemos, juguemos, lancemos o golpeemos como niñas, por lo que crecemos creyendo que hacer cualquier acción “como niña” es algo malo, y tiene que ser evitado. Y es ahí precisamente dónde se origina la homofobia, se educa para rechazar lo femenino, y cómo tener relaciones erótico-afectivas con hombres se asocia a las mujeres, la sociedad nos marginaliza.

Es importante puntualizar que la discriminación y violencia no son sólo perpetradas por personas heterosexuales, sino que dentro del mismo colectivo gay se segrega a hombres “afeminados”, mujeres trans, travestis, y todas las expresiones e identidades que no repiten los patrones de estética y conducta masculina hegemónica.

A menudo se piensa que si un hombre gay llama a las mujeres bitch, perra, puta, etc., está bien e incluso es divertido. No obstante, no dejan de ser expresiones despectivas para referirse a entidades femeninas; feminizar la negatividad es violento.

En los sitios de recreación dirigidos a una población específica -hombres gay- suele haber discriminación a los cuerpos femeninos. Es común escuchar quejas entre grupos de amigos rechazando la presencia de las mujeres en antros y bares gay “nos están invadiendo”. Este rechazo resulta muy violento porque en ocasiones estas mujeres buscan espacios seguros de diversión, lejos de las miradas y hostigamiento de hombres heterosexuales, pero se encuentran con que en las discos y bares gay también sufren por comportamientos machistas de otros hombres.

El falocentrismo suele ser muy fuerte entre hombres gay, se lleva tanto al extremo que es común escuchar que la vagina es asquerosa. Paradójicamente, con frecuencia se producen tocamientos no consentidos a mujeres; se toca, acaricia y golpea las nalgas, el busto e incluso la entrepierna, justificado que no es con intenciones sexuales y que no sienten atracción por sus cuerpos. Sin embargo éste acto tan común está plagado de machismo, pues repite patrones misóginos de superioridad masculina sobre el cuerpo femenino, reforzando la mentira histórica de que los cuerpos de las mujeres nos pertenecen.

Generalmente no nos damos cuenta que estamos siendo violentos con las mujeres, hemos normalizado estas prácticas por décadas y es difícil desarraigarlas. Pero es importante dejar en claro que nuestra sexualidad no nos da la libertad de tratar a las mujeres con violencia, y que incluso éste rechazo a lo femenino alimenta el sistema heteronormativo, y por lo tanto homofóbico que nos violenta a todas y todos. La invitación es, entonces, reflexionar sobre nuestras acciones y comportamientos hacia las mujeres, y a la par invitar a la reflexión a otros hombres violentos.

Misoginia en la comunidad gay

Marco Martín del Campo

Hace tiempo alguien me preguntó ¿se puede ser gay y no tener perspectiva de género? En ese entonces no sabía cómo responder a eso, pero después obtuve una respuesta y explica mucho más de lo que imaginé.

El día de hoy les platicare del caso de Javier. Javier es abiertamente homosexual y no tiene ningún problema con expresar su opinión. Sin embargo me ha llamado mucho la atención la manera en la que Javier se refiere últimamente a las demás personas homosexuales. Jotas, gritonas, locas, maricones, y demás. Mucha gente pensará que esta es una manera normal en la que los hombres homosexuales se llaman entre ellos, y aunque puede que en casos sea así, en el caso de Javier no lo es. Javier utiliza estas palabras de manera despectiva hacia los demás miembros de la comunidad gay, a pesar de que él mismo sea abiertamente homosexual.

¿Y cuál es la importancia de que un homosexual sea despectivo ante otros homosexuales? La importancia es mucha, pues cómo pueden notar, estas palabras tienen una connotación femenina. A esto se le conoce como homonormatividad; es cuando dentro de la comunidad gay se discrimina a ciertos individuos por ser considerados afeminados. Esta aversión a lo femenino demuestra los niveles de misoginia interna que existen aún dentro de un grupo minoritario que ha sido oprimido sistemáticamente.

Las personas que hayan descargado apps como Tinder o Grindr, sabrán que dentro de algunos perfiles hay descripciones que dicen “No fems” o “Masc only”, y aunque muchos pueden escudarse sosteniendo que es su preferencia hacia un cierto tipo de hombres, no exenta la existencia de discriminación. Además, este tipo de comportamientos demuestra la hegemonía de la masculinidad sobre todo lo demás. Volvamos al caso de Javier. En uno de sus posts de Facebook, reprime a los homosexuales que son “obvias”, “se les nota la pluma”, etc.

Esto también es visible en los medios de comunicación. La representación de hombres homosexuales se limita a individuos con imagen masculina. Películas como Brokeback Mountain, Prayers for Bobby o Dreamboy, e incluso películas más recientes como Call Me by Your Name, donde no existe representación de homosexuales femeninos. Y cuando existe representación, en películas como Love, Simon o GBF (Gay Best Friend), la manera en que se les representa es cómica (aunque Love, Simon da un papel más serio a su personaje homosexual femenino).

La respuesta es sí. Sí se puede ser homosexual y no tener perspectiva de género. Se puede ser homosexual, bisexual, transexual o cualquiera de las letras y no ser parte de la comunidad LGBT+. Porque para ser parte de una comunidad debe existir respeto mutuo y aceptación. Así que, la siguiente vez que escuchen a un homosexual hablando de manera despectiva acerca de otros homosexuales solo por ser femeninos, entenderán que la misoginia va más allá del cuerpo y factores biológicos, y que el tener una preferencia sexual distinta a la heterosexual, no exenta el arraigo del sistema patriarcal dentro del individuo.

No sean como Javier.