Carta Editorial: Abril, Nuestro Cuerpo

Llega abril y con él, la ola de calor abrasador que lo acompaña. Las altas temperaturas de la ciudad nos hacen querer usar menos ropa, por eso, creemos que es importante dedicarle este mes a la importancia que representa el mostrar nuestros cuerpos y sentirnos cómodas con ello.

Los estereotipos de belleza occidental  nos han enseñado que nuestros cuerpos son sólo bellos si cumplen con ciertos estándares; nos obligan a ser flacas pero no tanto como para no tener traseros voluptuosos o pechos desbordantes; nos dicen que está bien que  tengamos “carne” siempre y cuando no lleguemos a ser gordas, y que si mostramos nuestro cuerpo, que sean únicamente nuestras partes “favorecedoras”. Que no somos igual de lindas y valiosas (sí, porque al parecer nuestro valor y nuestra belleza son un binomino inseparable) si nuestros muslos son grandes o nuestras caderas anchas.

No importa la forma, las proporciones o el peso que tenga nuestro cuerpo, el patriarcado siempre nos hará sentir que hay alguna parte de nuestro cuerpo que no nos gusta y nos hace odiarla tanto, que se vuelve insoportable el levantarnos todos los días y vernos al espejo y sentir que si tan sólo pudiéramos cambiar ese lunar, bajar o subir algunos kilos, tener más pechos, una cintura de avispa, si tan sólo nuestra nariz fuera más respingada, entonces, sólo así podríamos querernos más.

¿Y saben una cosa? estamos hartas, hartas de que nos enseñen a no querernos, a menospreciarnos una y otra vez y a encajar en los estereotipos de la mujer occidental perfecta. Estamos hartas de la reducción de todo lo que representamos a un simple objeto de placer para consumo masculino.  Somos más que el vello que crece en nuestras piernas y la talla de pantalón que usamos, nuestro cuerpo es eso, NUESTRO y tenemos que dejar de martirizarnos por no cumplir con los cánones de belleza, es momento de que nos queramos un chingo a nosotras mismas, que usemos lo que se nos dé la gana  y que dejemos de ser tan duras entre otras, reivindiquemos que no somos mujeres perfectas, somos mujeres reales.

¡No podemos esperar a leerles!

Carta Editorial Marzo – 8M, Nuestro mes

“Abajo el patriarcado se va a caer, se va a caer”
8M

Bienvenido Marzo.

En este mes no celebramos, hay muy poco que celebrar. Marzo, en La Ola Púrpura es el mes de las mujeres. Y es que tiene que haber un mes para nosotras, para el 52% de la población en el mundo. Pareciera que el feminismo lo celebramos hoy, en medio de las protestas las pancartas y los pañuelos verdes. Este mes nos sirve para recordar el lugar en el que estamos paradas en la historia, y para recordar que aún tenemos que defender nuestros derechos, porque en algún momento de nuevo podrían ser arrebatados. Por decencia humana, por sororidad, por obligación de género estamos llamadas a salir y marchar, a exigir, a construir y desde espacios como este, que es suyo, de todas, donde podamos compartir y difundir; eliminar los prejuicios y luchar por lo que nos falta y lo que aún no hemos ganado.

Porque las mujeres no se van, desaparecen, no se mueren, las matan. A las mujeres se las llevan, se apropian de sus cuerpos, de su vidas y de su libertad. En este mes conmemoramos lo que hemos ganado y los derecho que aún nos faltan y a todas aquellas mujeres que luchan por una igualdad verdadera y equitativa. Hay un millón de motivos para marchar, luchar, exigir y demandar, y en este mes aún escuchamos las voces de aquellos a los que les incomoda la reivindicación de las mujeres como personas con todos los derechos inherentes al ser humano, inalienables e intransferibles; con la libertad, aun entre el feminismo las diferencias, nuestras justas y necesarias diferencias son blanco para desmeritar nuestra lucha. No hay mejor momento para estar vivas y luchar que ahora, por nosotras por las que vinieron antes, y a las que les debemos tanto, y las que vienen detrás. Mujeres y revolucionarias, mujeres y vivas, con una postura política. En la Ola las invitamos a colaborar a unirse a ser parte del trabajo de todos los días por el que se ha luchado durante décadas.

Desde La Ola Púrpura con amor.

Reclamo mi placer

Karen Rodríguez

Reclamo mi placer disfrazado de tabú,

mis disgustos y mis labios,

la acera en la que camino,

las anécdotas que cuentan mis ojos,

mi útero enternecido.

Reclamo mi mañana,

mis maneras de decir “te quiero”,

el enojo que me hierve la sangre

cada vez que perturbas mi paz.

Lilith mitologíca, hecha de un barro inquebrantable:

desafiaste toda ley masculina que caía sobre ti

con más fuerza que la misma gravedad,

y fuiste exiliada a la soledad punzante como castigo.

Nosotras, descendientes de Lilith,

descendientes de una fuerza palpitante,

de libertad y autogestión,

creamos vida si así lo deseamos,

vivimos con nuestros múltiples orgásmos

y con el corazón en la mano

entregándolo a nadie, como Sabines poetizó.

Nosotras, mujeres,

más que seres de belleza y expresiones de etiqueta,

más que amantes de turno

entre las sábanas en una noche de vino,

más que fantasmas de la literatura y de la historia universal,

somos la humanidad sentipensante

que persiste y que no se deja derrotar,

por eso, más que nada, más que todo,

reclamo quien yo era antes de que llegaras a mi vida y a mi cuerpo,

violento como un desastre natural,

y me doy cuenta ahora de que existe la vida después del hombre.

Carta Editorial Febrero – #AmigaDateCuenta

Por Azalia Valdés

Llegó Febrero, y por tanto llegó el tan temido mes del AMOR…

Mientras me siento aquí a escribir estas líneas que pospuse durante mucho tiempo no puedo evitar pensar como un conjunto en todas las veces que he tenido el corazón roto, las veces que yo lo he roto y en la toxicidad que he permitido en que el amor se transforme. De la misma forma, vienen a mi recuerdos fragmentos de situaciones de las que he sido testigo, diferentes escenas de películas, frases de libros y canciones que a lo largo de una vida me han hecho idealizar el amor y las relaciones personales en general.

El amor es un sentimiento que nos une los unos con los otros y no tiene reglas ni explicaciones, no te pide que no hables con mas personas del mismo sexo, no te exige horarios y tampoco te pide cierta cantidad de atención en las redes sociales, mucho menos te pide un anillo para demostrar que es real. Es importante para mi en esta reflexión, hacer la diferencia entre el sentimiento y las convenciones sociales que hemos venido asociando a él, no se trata de establecer un juicio sobre si algo está bien o está mal, pero sí se trata de entender la diferencia y así, tal vez, ahorrarnos un montón de sufrimiento y energía con convencionalismos que hemos tenido arraigados desde hace mucho tiempo.

Sentir puede llegar a lastimar, pero sentir es lo que nos hace humanos. Este mes puede llegar a ser complicado para muchas personas por diferentes razones en las que no profundizaré, pero espero que durante las próximas semanas todxs apreciemos el amor de nuestros seres queridos y pongamos más atención a las diferentes manifestaciones de cariño que vemos todos los días en las calles. Este mes y todos los que siguen, hay que querernos a nosotros mismos cada día más y no exigirnos demasiado a nosotros ni a los que nos rodean.

Si hay dolor, aliméntalo. Si hay una llama, no la apagues, no seas cruel con lo que sientes (…) Nos despojamos de tanto con tal de curarnos lo más rápido posible, que acabamos rompiéndonos a los 30 años. Cada vez tenemos menos que ofrecer cuando empezamos con alguien nuevo (…) Nuestros corazones y cuerpos se nos regalan una vez en la vida. Antes de que te des cuenta, tu corazón ya está gastado. Y llegará un punto en que nadie querrá mirar tu cuerpo. Menos aún acercarse a él. Ahora sientes tristeza, dolor, pero no lo mates, ni con ello el placer que has sentido”.

Call me by your name, 2017

El tema de febrero (como ya quedó bien establecido) es el amor, el amor en todas sus formas, desde romántico y tóxico hasta el amor a uno mismo y al entorno. Por este medio les hacemos la atenta invitación a colaborar, a escribir y a manifestar sus sentimientos, a compartirnos todas aquellas historias que les hayan hecho vibrar y las reflexiones que obtuvieron de ellas.

¡No podemos esperar para leerles! les queremos mucho.

xoxo Az

Resistir

Raquel Castillo

Con ganas de romperte las piernas

para que entiendas que no es no,

que dejes de asesinar mujeres y que

no hables por nosotras.

 

Me quedo con la penitencia de violenta,

de contestataria, me declaro solo mía

y no voy a complacer sus deseos de apacibilidad.

 

Soy color tierra y mujer bizarra,

soy la descendencia de Indias, brujas y mestizas,

guerreras invisibilizadas que sacrificaron su vida para dejar un legado de resistencia.

 

Subordinarme no es una opción,

estoy con las ocultas, las que se nombran solas,

las que se sublevan y las que no.

 

Me declaro en estado de guerra,

no habrá paz social ni mental

mientras existan las esclavas, las desaparecidas y las asesinadas.

 

De la rabia nací y no caeré en sus eufemismos,

soy el volcán en erupción con voces de mis ancestras,

soy las acciones irreparables que me han llevado a no callarme.

 

Ocasioné el mal en el mundo, fui la culpable de todo,

me comí la manzana social,

y, aun así, he decidido no perdonar.

Día a día

Karen Rodríguez


Vivimos con el pesar bordado detrás de los ojos.
Siempre procurando evitar
la ropa que te mantiene fresca en el verano
por temor a provocar, a escuchar ese
¡ella se lo estaba buscando!
que se fermenta en las gargantas de los solapadores.

Procurando evitar también
los callejones obscuros
por temor a estar en el lugar equivocado
en el momento equivocado.
Pero, ¿qué se hace cuando la ciudad se siente
como un laberinto de callejones obscuros?
No, no intentes cambiarte de ciudad. No hay caso.
Es una sensación inherente.

Luchando por esos “no”
que no fueron escuchados,
por esos cuerpos allanados,
por desalojar desde la raíz
la vergüenza que se nos enseñó a sentir.
La maldita culpa.
El repugnante vacío.

Un, dos, tres por mí
y por todas las historias de violencia que se esconden
(o al menos eso se pretende)
en lo más profundo de nuestra memoria.
Por todas las mujeres con la voz valiente
y las que siguen juntando el valor
para no quedarse calladas.

Hermana, yo te creo.

Golpeo como niña

Lily Sánchez

Vivimos en un mundo de estereotipos, el rosa es para las niñas, el azul para los niños, las niñas juegan con las barbies, los niños con los carritos… ¿Y los deportes? Son para los niños, pero esto no quiere decir que las niñas no hagamos nada, para nosotras esta el ballet, la danza y la gimnasia ¿Por qué? Porque somos “delicadas” y “golpeamos como niñas”.

Pero no me mal entiendan, con esto no hablo de forma despectiva de los deportes “para niñas”, sino todo lo contrario. Me molesta un poco que mucha gente los considere fáciles o que no requieren de tanto esfuerzo como los deportes “para niños”. Cuando la verdad es que requieren de muchísima dedicación, disciplina y un esfuerzo enorme, sin contar el grandísimo desgaste físico y, claro, fuerza fìsica y mental como todos.

Juegas como niña, golpeas como niña, corres como niña, son “insultos” utilizados por pequeños y grandes, la frase no es el problema, lo es el contexto; es utilizada cuando se considera que alguien hace algo mal o de forma débil, lo peor es que es una frase a la que recurren hombres y mujeres de todas las edades en su vida diaria, y si, es considerado un insulto tanto para mujeres como para hombres.

¡Bienvenidos al siglo XXI! Sé que no todxs pensamos de esa manera, estamos en el siglo de la mujer fuerte y empoderada, pero no hay duda de que aún existen mentes que quedaron atrapadas en el pasado.

Creo que cada vez avanzamos más rompiendo estos estereotipos deportivos, cada vez son más las niñas que vemos en artes marciales o fútbol y los niños en danza o gimnasia. No puedo decir que son mayoría, o un número al menos proporcional, pero si los hay y eso es un gran paso. Pero no frenemos este avance con comentarios sexistas, o estereotipando a las personas por el deporte que practican; una mujer en fútbol no es “machorra” y un hombre en danza no es “marica”, y claro, una persona con poquita fuerza no hace las cosas como niña.

Y no lo digo solo por decir, he sido testigo de esto. Como a todxs, me ha tocado escuchar esta frase dirigida a mi, “De seguro golpeas como niña” Pues si, golpeo como niña… soy una niña cinta negra en taekwondo que ha practicado artes marciales desde los 8 años y golpeo como niña. Así que la próxima vez que escuches esto, di que tu haces las cosas como niña y demuestra cómo hacemos las cosas las niñas.

Un ideal incompleto

“Su emancipación hará posible que la mujer sea un ser humano
en el verdadero sentido. Todo dentro de ella que reclama
reafirmarse y actuar podrá llegar a su máxima expresión;
todas las barreras artificiales serán destruidas,
y el camino hacia la máxima libertad será limpiado
de cualquier rastro de siglos de sumisión y esclavitud”
—Emma Goldman

Lía Quezada

Dicen los psicoanalistas que la madurez y la superación del narcisismo van de la mano, pero, ¿se ha parado alguien a preguntarse si el sentimiento de autosuficiencia infantil se resquebraja no porque nos hallemos inferiores, sino porque el mundo no para de decirnos que nos falta una mitad?

Tanto Emma Goldman, como Susana Gómez Nuño denuncian la inoculación patriarcal en las niñas que coloca en ellas al matrimonio como su más alta aspiración, su más grande anhelo. El mito cada vez más deforme las hace creer que una pareja es lo que cubrirá todas sus necesidades, y de esta forma se ven obligadas a ceder una parte de ellas para asegurar el amor del otro.

En la bibliografía psicoanalista, Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis explican que en el ideal del yo, Freud ve un modelo al cual el sujeto aspira adecuarse y cae en ocasiones a colocar en ese lugar al sujeto amado, dependiendo hipnóticamente de él. María Paulina Mejía teoriza sobre cómo el yo hará todo por creerse merecedor del cariño del sujeto idealizado.

En este duelo entre el ser y el deber ser, tanto los hombres como las mujeres se ven obligados a adoptar la serie de prescripciones que la sociedad actual ha decidido como formas válidas de disponer de sí; piensan que será más fácil embonar en el molde impuesto. Un poder afectivo para ellas, un poder racional para ellos: los posicionamientos dicotómicos dominador/dominado impuestos por la sociedad heteronormada y patriarcal perpetúan una desigualdad sistémica, aparentemente inercial.

Lo peor es que muchas veces no nos damos cuenta. Hemos internalizado el dispositivo, lo llevamos en nuestro cuerpo, lo transmitimos y perpetuamos cada que nos reímos, incómodas, por un chiste sexista; cada que sucumbimos a la demanda de educar a un varón sobre nuestra lucha, cada que le decimos a una pequeña que si un niño la molesta es porque la quiere.

El amor de pareja comercializado por producciones cinematográficas y demás medios de comunicación es, además, una estructura individualista —de esas que tanto le gustan al capitalismo— encerrada en una ilusoria utopía que, como dice Susana Gómez Nuño, “no cree en la lucha contra las injusticias y las desigualdades, tan solo busca evadirse”, donde el mundo lo construyen dos indisolubles integrantes, donde el amor se reduce a estabilidad económica.

Construir la colectividad sin dejar de ser una, deconstruir la supremacía del amor como única meta, afirmarnos no sólo como seres sexuales sino igualmente como humanas, compañeras, camaradas: esa será, según Emma Goldman, “la base sobre la cual la masa y el individuo, la verdadera democracia y la verdadera individualidad, el hombre y la mujer, pueden unirse sin antagonismos y resistencia”.

La supervivencia de la especie no puede continuar erigida sobre la sumisión y maquinización de la mitad de la misma. Con la utopía como motor evolutivo, el nuevo paradigma amoroso habrá de articularse bajo el signo de la igualdad y el respeto para volverse transgresor y subversivo, revolucionario en cada paso. Termino con Goldman: “si el mundo es capaz de dar a luz un verdadero compañerismo y una unidad, el amor, no el matrimonio, será el único creador”. El amor será libre o no será.

Notas al pie:
1. Explica Cecilia Winterfox que “a pesar de los cientos de recursos sobre el tema de que podría, al igual que el resto de nosotras, echar mano y leer, el Wey Chido espera que las mujeres paren lo que están haciendo para, en lugar de ello, compartir sus experiencias de opresión y contestar a sus preguntas. Irónicamente, el Wey Chido no es consciente de que al demandar de las mujeres que desvíen sus energías para satisfacer de forma inmediata sus caprichos, está reforzando las dinámicas de poder que supuestamente busca comprender”.
2. “Sí, el amor es libre; no puede vivir en otra atmósfera. En la libertad se entrega sin reservas, abundante, total. Cuando el amor echa raíz no hay leyes, ni estatutos, ni tribunales en el universo capaces de arrancarlo del suelo” (Goldman, 1977:43).

Una mujer Extraordinaria

 

Azalia Valdés

Dedicado a mi abuela, una mujer verdaderamente extraordinaria en todos los sentidos.  

Alma nació el 9 de mayo de 1944 un año antes del final de la segunda guerra mundial, una época llena de cambios para todo el mundo y especialmente para las mujeres. Su lugar de nacimiento fue Francisco I. Madero, Coahuila. Tenía 3 hermanos, 2 hermanas y una madre y un padre.  

Mi abuela creció y se desarrolló dentro de una familia conservadora, era la mayor de entre sus hermanos y hermanas, por tanto, tenía más responsabilidades que los demás. Desde muy joven comenzó a ayudar a su padre en los negocios y a hacerse cargo de sus hermanos y hermanas. Mi abuela siempre quiso estudiar, sin embargo, su padre no se lo permitió así que ella por sus propios medios se fue a muy corta edad a Ciudad de México para aprender Alta Costura, algo que sin saberlo terminaría convirtiéndose en uno de los grandes amores de su vida. Se mantenía sola y se dedicaba a trabajar y a aprender lo más que podía. Sin embargo, en una de sus visitas con su familia ya no le permitieron volver y fue después de eso que se casó con Luis Manuel, mi abuelo. Después de casarse se mudó a la ciudad de Torreón, Coahuila donde con mucho trabajo logró hacer una tienda y un taller de vestidos llamado Creaciones Ángeles, mientras que mi abuelo mantenía su trabajo de ingeniero y que los dos se hacían cargo a distancia de los negocios de mi Bisabuelo.

Después de tener su taller comenzó a formar una familia con mi abuelo, tuvieron 2 hijos y una hija quienes ahora tienen sus propios hijos e hijas y entre ellos estamos mi hermano y yo. Sin embargo, aún durante este tiempo ella nunca dejó de ayudar y cuidar a sus hermanas, hermanos, a su madre y su padre.

Mi abuela siempre cuidó de todo el mundo alrededor de ella, no le importaba que a ella le faltara algo si a las demás personas que la rodeaban no les faltaba nada. Trabajó desde muy joven, lo que tenía y lo que tienen y tenemos ahora sus hijos y nietos lo construyó ella. Nunca paró e inclusive trabajó un mes antes de dejarnos. Fue una persona extremadamente fuerte e independiente que siempre sabía cómo lidiar con las situaciones de una forma muy entera, con respeto y  justa.

Respetaba a sus padres y aunque estos no le permitieron llevar a cabo ciertos planes que ella tenía para su vida a corta edad, eso no impidió que en su mente se formaran nuevas metas y que encontrara la manera de ir tras ellas. No había situación que no supiera resolver y no existía nada con lo que no pudiera ayudar. En vida solíamos bromear y decirle que en todo quería estar y es porque así era, pero no porque simplemente quisiera saber las cosas si no porque verdaderamente quería ayudar en lo más que pudiera y tratar de evitarnos cualquier mal. Se ganó la amistad y el cariño de todas las personas que la rodeaban, inclusive trabajadoras y enfermeras.

En mi opinión mi abuela era feminista sin siquiera saberlo, nada la detenía y nunca dejaba que nadie más le dijera cómo tenía que actuar o qué normas o convenciones sociales le dictaran su actuación. Su rol en nuestras vidas y en el mundo lo definió ella y solo ella.

Mi abuela falleció el 20 de mayo de 2018, unos días después de cumplir sus 74 años y de cumplir su 49 aniversario de casados con mi abuelo, un matrimonio  que como todos tenía sus fallos, pero estaba lleno de cariño y profundo respeto mutuo. Las últimas palabras que me dijo en persona fueron que ella ya me había enseñado cómo debía cuidar mi cuerpo y mi espíritu porque ella no quería que nadie ni nada me lastimara. Su partida me deja un hueco muy profundo y que posiblemente nunca será llenado por nada ni nadie, pero también me deja muchas enseñanzas, una vida llena de amor y un ejemplo enorme de quién quiero ser y cómo quiero ser recordada en este mundo.  

¿Por qué perforar las orejas? – De las niñas

Diana Chávez

Lo que convierte al feminismo en una forma de vida, es replantearnos todo lo que hemos pasado en las distintas etapas de la vida y tener una oportunidad para entenderlo y cambiarlo. Así como suele decirse que las personas más jóvenes son el futuro de la sociedad porque comienzan a vivir en distinto contexto y se atreven a desafiar las formas ortodoxas de vivir y pensar; así sucede con nosotras, somos el futuro de una sociedad misógina cegada por el patriarcado que puede quebrarse, puede evolucionar si nosotras como mujeres lo cambiamos.

Pensando en lo anterior me comenzó a preocupar la costumbre que se tiene de perforar a las mujeres desde bebés y someterlas al uso de aretes como una práctica normal (valdría la pena hacer una reflexión de lo que es normal) e inevitable. ¿Cuál es el objetivo de ponerle aretes a las niñas? Preguntando llegué a parar en dos palabras que me dan miedo: feminidad y diferencia. Al parecer, el uso de aretes en las niñas las hace más “femeninas” y considero esto como una forma de esclavitud que tenemos las mujeres en esta sociedad, el deber usar cosas que nos hagan ver femeninas y si no es así, entonces está mal. La segunda palabra, la diferencia, va encaminada a separarnos, a definir lo que somos incluso antes de que nosotras mismas lo descubramos. El uso de aretes se justifica con: “eres niña y debes vestirte y actuar como tal” y “les ponemos aretes para diferenciar a las niñas de los niños” como si esto último fuese tan necesario para la supervivencia (que tomando en cuenta los feminicidios sucedidos últimamente, me la pienso un poco); bastaría ver si tiene pene o vagina, no la práctica un tanto brutal de perforar las orejas de las niñas.

Socializando un poco lo que pienso sobre esta práctica, me di cuenta que muy pocas personas lo ven de esta manera y eso me asusta; a veces los actos que parecen más simples o sin importancia, son o pueden ser los más perjudiciales; un ejemplo es cuando por ser mujer en casa debes encargarte de lavar los platos y recoger la mesa -que no es algo malo ya que las responsabilidades nos hacen, valga la redundancia, responsables pero, lo mal está en no integrar a los hombres en las mismas actividades-. Estas pequeñas acciones nos van haciendo diferentes entre hombres y mujeres y nos inclinan hacia cometidos diferentes del deber ser dejándonos sin la opción de elegir.

Los aretes en las niñas son una práctica que nos obliga a ser o aparentar ser diferentes cuando lo único diferente se encuentra en lo físico y lo fisiológico. Otro ejemplo muy común es la tolerancia que deben tener las niñas cuando son agredidas por los niños; ya conocemos la típica de “te molesta porque le gustas”, esta práctica, aunque parece insignificante, enseña a las niñas a soportar el maltrato porque es un signo de amor, algo triste que trae consecuencias a la larga.

El uso de aretes es algo completamente inofensivo y personal, pero precisamente por lo personal es que debería evitarse esta práctica contra las niñas y dejar que ellas decidan si quieren usarlos o no cuando tengan la edad para ello. La imposición de ideas estéticas a las niñas las lleva a diferenciarse, a preocuparse continuamente por ser bellas, “femeninas” y diferentes; aceptar que deben ser diferentes a los niños y que esas diferencias no solo se reflejan físicamente sino en todos los aspectos de sus vidas.