Yo soy Malala

Por María Isabel Orozco Rodríguez


Tanto si los hombres están ganando o perdiendo la batalla, país mío, Las mujeres vendrán y conseguirán un honor para ti.

Malala Yousafzai

Dicen que los libros te eligen y llegan a ti en el momento que más los necesitas. Compré el libro de Malala en una feria del libro en 2015, cuando su popularidad por haber ganado el Premio Novel de la Paz estaba en su mayor apogeo. Debo admitir que fui víctima de la mercadotecnia, y me dejé llevar por los colores de su portada: amarillo, rosa y aqua, mi combinación favorita. Intenté leerlo de inmediato, pero perdí el interés y lo dejé reposar por cinco años. La mirada fija de Malala se quedó en mi librero y de vez en cuando se cursaba con la mía, yo la esquivaba con la frase “mañana lo empiezo”, un clásico del autoengaño lector. Tuvieron que pasar varios años hasta que decidiera escribir sobre las voces de mujeres que han decidido hablar cuando algo no les parece correcto, y han tenido la valentía de posicionarse ante la situación de la mujer en su propio contexto.  Ahí fue cuando el libro de Malala llegó realmente a mí.

Mis expectativas eran muy bajas al comenzar el libro, en realidad sabía muy poco de Malala antes de leerla. Sabía que había sido galardonada por defender el derecho a la educación de las niñas de su comunidad y por eso había sido baleada, pero no sabía cómo había llegado a ese punto. Antes de este libro, mi conocimiento sobre la cultura musulmana estaba limitada a prejuicios: terrorismo, opresión de la mujer y fanatismo religioso; ahora me doy cuenta de lo peligrosa y limitante que es la ignorancia. Al terminar de leer tuve una sensación de total satisfacción, y ese dejo de nostalgia que se siente al terminar un buen libro. Pasé de conocer a la autora por lo que decían sobre ella los medios de comunicación internacionales, a admirarla por su historia de vida y su forma de ver el mundo. Lo que más me impresionó de esta mujer es su capacidad de discernimiento y de reflexión crítica, con lo cual es capaz de defender el derecho de las niñas a la educación desde su posicionamiento como mujer musulmana. 

“Yo soy Malala” está conformado por cinco capítulos donde la activista relata su historia de vida y va entretejiendo datos históricos sobre su país, Pakistán. Utiliza relatos de su infancia para describir la forma de vida en su natal Swat, habla sobre sus familiares y vecinos para dar ejemplos sobre la vida cultural de las familias musulmanas, y narra la vida laboral de su papá para hacer entender al lector sobre la situación política de su país. La lectura de sus 356 páginas es tan fresca como sentarte a platicar con una amiga, y tan enriquecedora como tomar clases de historia oriental. Mi párrafo favorito dice:

En Pakistán, cuando las mujeres decimos que queremos independencia, la gente cree que esto significa que no queremos obedecer a nuestros padres, hermanos o maridos. Pero no es eso. Significa que queremos tomar las decisiones nosotras mismas. Queremos ser libres para ir a la escuela o ir a trabajar. En ningún momento pone en el Corán que una mujer tenga que depender de un hombre. Los cielos no nos han transmitido que cada mujer deba obedecer a un hombre (Yousafzai, 2013, p.240) 

Con esto, me da la impresión de que Malala es una feminista nata, ya que reconoce la problemática de la mujer en su propio contexto, y aunque no puedo aseverar tal cosa, pues en el libro no habla sobre feminismo, resulta evidente que es una mujer que lucha por hablar en un mundo donde las mujeres hemos sido obligadas a callar, y la libertad a hablar es algo que el feminismo ha defendido por años y seguirá defendiendo hasta que nuestras voces sean tomadas en cuenta. 

No te voy a contar más detalles sobre el libro porque TIENES que leerlo tu mismx. Solo te diré que la historia de Malala abrió en mí una puerta de curiosidad por saber más sobre la cultura musulmana, pero sobre todo me llenó de motivación y de esperanza, por tener entre mis manos y ante mis ojos una prueba de que en todo el mundo existen mujeres increíbles levantando su voz.

Bibliografía

Yousafzai, M. (2013). Yo soy Malala. Alianza Editorial.

#JusticiaParaGiovanni

Para la memoria colectiva de “un pueblo sin piernas, pero que camina”

por Natalia Ventura

Giovanni, tu nombre resuena en todos lados, tu rostro, ha resucitado una lucha social que busca la justicia en un país sin ley, sin Estado de derecho, con gobernantes mediocres, carentes de humanidad, debilitados, irresponsables, perversos.

Los corazones de miles se unieron en las calles de la ciudad para salir a pedir justicia en tu nombre y sin embargo, muchos de ellos no volvieron. La tristeza y el dolor se apoderan de una ciudad en búsqueda de quienes salieron a protestar y no han vuelto, la lista de desaparecidos incrementa y la justicia se ha vuelto ciega, vacía, falsa, incierta  ¿Dónde es que se esconde cuando son los policías quienes torturan, violentan, reprimen, desaparecen sin impunidad o castigo alguno? ¿Por qué no la vemos cuando son los mismos gobernantes y autoridades los que desangran al pueblo?

El terror se asoma desde las entrañas de un Estado macabro, perverso, asesino, que juega con las vidas de los ciudadanos y normaliza la violencia, un ente maquiavélico para el que nuestras vidas no valen nada y que pretende borrar nombres y rostros,  minimizándolos a daños colaterales de una guerra sucia que se cobra a miles todos los días ¿qué cosecha un país que siembra  cadáveres  y desaparecidos?

Hoy, la patria sangra y llora el nombre de sus muertos y los rostros de cada uno de sus desaparecidos. Suplica por el sufrimiento de los que se llevaron y reza por los que aún estamos, los que seguimos en pie luchando, resistiendo, esperando.

 

#8M: El día que la marea púrpura nos alcanzó juntas valientes y sin miedo

Texto de Natalia Ventura

Fotografía de Lily Sánchez

“Nos sembraron miedo, nos crecieron alas”

Estos días me han conmovido por la cantidad de mujeres a mi alrededor que han despertado de un letargo que por años ha creado la violencia machista en nuestro país, porque como es bien sabido, lamentablemente vivimos en un Estado que niega las agresiones físicas y sexuales que como mujeres enfrentamos en el día a día, dejando a los perpetradores libres, impunes y a nosotras obligandonos a llevar en los hombros el sentimiento de culpa y remordimiento por hacernos creer que si nos pasó algo, es porque nos lo buscamos.  

La violencia comenzó a percibirse como algo cotidiano, algo normalizado y  aceptado por generaciones y generaciones súbditas de un sistema violento y patriarcal que intentó por años callarnos y minimizarnos, decirnos qué hacer y cómo ser sin elección aparente de nuestro propio camino y peor aún, dándole “bandera verde” a nuestros agresores, acosadores y violadores de vernos como objeto para su consumo. Nos enseñaron a ser sumisas y a aceptar todo en una sociedad en la que, aparentemente, nuestra posición es menos importante que la del hombre. 

Y nos hartamos. Después de años de ser víctimas de un sistema increíblemente machista, la lucha que viene gestándose por grupos de mujeres valientes y revolucionarias desde hace años nos alcanzó inevitablemente en todos y cada uno de los rincones de este país. Se volvió un despertar colectivo, masivo, contagioso que reunió a miles de voces femeninas que bajo los efectos de la furia y el enojo, exigimos al unísono “ni una más”. 

Ayer fue el clímax de una ola de indignación y furia que venimos arrastrando las mexicanas, algunas desde hace meses, otras desde hace años. La marcha fue histórica, no solo porque convocó a cerca de 35 mil mujeres en una ciudad en la que tradicionalmente las marchas no superan los 5 mil, si no porque además, fue transgeneracional; había universitarias, madres, mujeres de la tercera edad, niñas, adolescentes, todas unidas por el deseo de que no nos falte nunca una más.

Hace algunos años (no tantos) que empecé a ir a marchas feministas con mis amigas de la universidad, la primera vez no pude ni cantar las consignas feministas, la voz se me rompía de pensar en el dolor y la tristeza de las mujeres que habían perdido a una hija, hermana, amiga y  que estaban aquí, conmigo, gritando a todo pulmón sus nombres y cargado la foto de todas las que ya no volvieron. Ayer, la furia y la rabia pudieron más que mi tristeza y salí a gritar y a entonar los cánticos feministas como nunca antes de la mano de mi madre, rodeada de amigas, conocidas y de miles de mujeres más que a pesar de no conocerlas, las sentía cercanas, como si el furor de movilizarnos para exigir un cambio en nuestra condición femenina nos hubiera hecho hermanas de toda la vida. 

Ayer grité para que nunca me falte ni mi madre, ni mi abuela, ni mis primas, ni mis amigas, ninguna. Porque estoy cansada de ver fotos de desaparecidas y denuncias de agresores todos los días en las redes sociales y en las noticias, porque en general, es un martirio sentir tan cerquita la violencia machista al acecho todos los días. 

¿Es tan difícil entender que pedimos que no nos maten? ¿O que lo único que deseamos es andar sin sentirnos inseguras por la calle? ¿Cómo se atreven a decirnos que nos calmemos, a siquiera sugerir que “esas no son formas de manifestarse”? La violencia hacia las mujeres nos ha rebasado, estamos frente a una emergencia nacional de feminicidios que nos arrebata la vida de 10 mujeres al día ¿Cómo pueden no (querer) verla? La marcha de ayer vino a demostrarme que como yo, somos miles las mexicanas (y no mexicanas) que queremos vivir tranquilas, sin la necesidad de sentir un hueco en el estómago cada que una de nosotras sale de casa, somos miles las que nos cansamos del temor a no llegar seguras a nuestro destino y de mantenernos alertas y a la espera de las otras. 

La marea púrpura nos alcanzó y encendió  la sed de justicia en todas y cada una de nosotras, el espíritu de hermandad y sororidad está más vivo que nunca y espero con todo mi ser, que la llama que prendimos este ocho de marzo se mantenga viva, que nunca más nos callemos y sobre todo, que juntas comencemos a construir los cimientos de una sociedad más justa, igualitaria y carente de todo tipo de violencia. Ayer aprendí que somos más las que pisamos fuerte, las que exigimos justicia y libertad por las que estamos y por las que nos arrebataron y no vamos a parar hasta que se convierta en una realidad. 

Hoy quiero darles las gracias a todas y cada una de las mujeres que salieron a manifestarse ayer en Guadalajara y en todo el país, hicimos historia. Me han llegado a lo más profundo de mi ser y me han contagiado de su energía y espíritu de lucha, me vinieron a recordar que somos muchas las que estamos haciendo algo por cambiar nuestro entorno, cada una desde su trinchera y sé que algún día, aquello que soñamos, se materializará.  

Gracias infinitas a las compañeras que marcharon con sus familias enteras, a las que tuvieron el privilegio como yo de marchar de la mano de su madre, a las mujeres trans que salieron sin miedo, a las que vinieron desde lejos solo por esta marcha, a las niñas y adolescentes que se plantaron valientes, a las primerizas, a las que denunciaron a sus agresores y a todas aquellas que marcharon en nombre de alguna mujer querida que se fue. 

Sobre todo, gracias a las compañeras valientes que sin miedo denuncian en las estatuas, edificios y paredes que México es un estado feminicida, en donde nos matan sólo por el hecho de ser mujeres, son ustedes las que se apropian del espacio público para denunciar a un Estado pasivo, a un sistema de justicia incompetente y misógino. Gracias por hacer nuestras las calles, por apropiarse aunque sea por unas horas de la vía pública  y por recordarnos que no hay pared ni monumento que valga más que la vida de ninguna de nosotras. Y que nunca nunca me falte ninguna, porque el día que eso pase, lo rompo todo. 

Carta Editorial Agosto – Lo privado es político

Por Karen Castro

¿Cuál es la distancia entre lo público y lo privado?, ¿Dónde se dibuja la línea entre nuestra vida a puertas abiertas y nuestra vida de puertas cerradas? Y ¿quien tiene derecho a vivirla? La esfera pública históricamente se ha identificado con el lado más humano, racional, lógico y sensato de nuestra especie. Como seres gregarios la especie humana ha buscado un espacio para desarrollar una vida común donde reine el bien público y los “hombres” de manera racional busquen la felicidad y el beneficio propio, camino que conduce a la civilización.

Esta última frase, espero me disculpen, está deliberadamente enmarcada en el género masculino puesto que esta, “la esfera pública”, se ha identificado histórica y casi universalmente con el hombre, en términos biológicos. Ahora bien, la esfera privada es aquella donde el “reino familiar” ocurre, familia como núcleo; es todo aquello que sostiene la esfera pública y que a puertas cerradas parece estar últimamente divorciado de lo racional y público donde se legisla la sociedad.

De esta manera históricamente este reino privado que se identifica generalmente con lo femenino, lo propio, “instintivo” y natural de la mujer, ha sido considerado casi independiente de esta vida publica, inmencionable en algunas ocasiones pero imprescindible en la práctica. Y entonces así se desarrollaron sociedades históricas, donde, universalmente esta esfera privada de puertas cerradas está asignada a la mujer para su gobernanza y enmarcada a ella en sus limitaciones. Pero lo privado también es público, porque no solo ahora sino también entonces, cuándo las abuelas de nuestras abuelas no podían soñar con nada fuera de las cuatro paredes de su casa, también entonces lo publico y su esfera afectaban profundamente a lo privado.

Lo público, que se vuelve político y que parece meter sus manos dentro de la casa, abriendo puertas y ventanas, y más lejos aún, más allá incluso de la cocina, entrando a la alcoba y legislando sobre los cuerpos de las “amas” de este intocable reino, metiendose por dentro de sus entrañas y legislando sobre sus úteros, sobre sus vellos, sobre sus mentes y sobre su identidad. Así, la esfera pública y su política han incidido históricamente no solo en lo privado para gobernarlo sino también, sobre el ser humano que la habita, -la mujer-, para restringirlo.

Lo personal está intrinsecamente afectado por lo público, lo político que se desarrolla públicamente en la esfera dominada por el hombre; y para muestra más que un botón. Mientras que lo público reina sobre lo privado parece ser que las reglas que se gestan en esa esfera reinan sobre nuestros cuerpos, sobre nuestra maternidad, sobre nuestra sangre, sobre nuestra libertad y nuestra identidad como personas y al mismo tiempo parece ser que lo privado no puede salir de su esfera y llevar de la mano a un esposo o un padre a una corte con moretones en los brazos, o con la falda desgarrada.

Y así esta relación no equitativa de raíces históricas ha permitido a tantos hombres en tantas épocas defender su control sobre las casas que habitan, sobre las manos que planchan y visten y cuidan y limpian y alimentan a los hijos que algún día saldrán allá afuera y podrán decidir sobre sus cuerpos, sus vellos, sus mentes – sus hijos varones- esos hijos que tendrán derecho a esta esfera publica, que podrán legislar después sobre sus madres, hermanas, esposas e hijas y sobre las mujeres que no les deben nada también.

Pero no todo esta perdido, durante los últimos 50 años hemos traído a la esfera pública aquellos problemas que parecían escondidos bajo los muebles, las ollas, los baldes y se negaban a salir; escondidos bajo las sabanas, bajo el algodón que limpia la sangre o el maquillaje que cubre la mancha azul de vergüenza de quien no debe decir ni sentir nada fuera de casa porque no se le ha dado el derecho de hacerlo.

Hemos traido a las calles con pancartas y a los espacios públicos donde ahora convivimos en aparente igualdad con descaro nuestros cuerpos, enteros o mutilados, mallugados o intactos; hemos traído lo privado para gritar con una sola voz -que a veces son dos o tres o cuatro o ninguna, que al final entre más mejor- que lo privado es político y que nuestros cuerpos son nuestros, que nuestro útero y la sangre que sale de él también; que nuestros vellos y donde dejarlos o quitarlos están aquí sobre decision propia y que mi voz ahora aquí afuera y en alto protegerá mi derecho aquí y en casa y el de mi madre y mi hermana y mi hija y mi futura nieta y el de todas las mujeres que vienen detrás.

Un 8 de agosto en Buenos Aires, pero un 28 de septiembre lejos de Guadalajara

por Gabriela Saray

Día con día entre las calles del microcentro, zona de capital donde me suelo mover, cruzan por mi mirada los pañuelos verdes atados a los bolsos, en el cuello, como goma de pelo, en las muñecas… En un sin fin de lugares donde las mujeres se las han ingeniado para hacerlo visible; siendo así como me imaginaba no sólo capital, sino el país argentino entero, invadido por una gran marea verde, conformada por pibas desde los 15 años hasta mujeres de una edad avanzada, pero juntas en una misma causa: reclamar el derecho de decidir sobre sus cuerpos.

No hay mañana o tarde que, caminando entre los barrios de CABA, no recuerde aquella emoción que solía tener meses atrás antes de llegar, cuando era una espectadora de los acontecimientos que suscitaban en este país desde 7 mil km de distancia, mismos que generaban una esperanza y un sentimiento de lucha acompañados por la gran pregunta: ¿cuándo México será inundada por esta marea?

“Las mujeres ya ganamos porque las estructuras de las mentalidades fueron modificadas[…] Se puso a las mujeres en la escena política como nunca antes. Si no es ahora será en el próximo capítulo”

Dora Barrancos

Para el 8 de agosto mi estadía cumplía 13 días desde mi llegada, 13 días de espera por tan ansiado evento, el cual marcaría la historia de las mujeres no sólo en Argentina, sino en Latinoamérica entera. Nuestras esperanzas estaban puestas en la lucha que habían librado por meses nuestras hermanas sudamericanas, que si bien habían obtenido la victoria ante la cámara de diputados, la guerra aún no terminaba. Sin embargo, las cosas no salieron como las había imaginado, aunque tuve la suerte de coincidir en tiempo y espacio con tan maravillosas mujeres que me invitaron a vivir uno de los mayores capítulos de su vida, el desarrollo de los eventos y el desenlace no fueron por mucho los mejores. El clima jugó en contra, la vigila que había presenciado por redes sociales quedó en el pasado a causa del adelanto de horario del inicio de sesión, y en el aire se sentía esa verdad incómoda que se trataba de callar entre gritos y cantos, esa verdad que en el fondo todas y todos guardábamos en nuestro ser, como si de alguna manera el callar lo inevitable cambiaría el curso de los hechos: sabíamos que ese día no saldría la Ley.

Y así, sentada en la cocina al volver a casa después de un exhaustivo día, rodeada de mujeres mar platenses, pude notar en sus caras la tristeza y el sentimiento de haber perdido, aunque en el fondo, yo había ganado. Y me atrevo a decir que en esos 13 días yo gané más de lo que mis expectativas pudieran imaginar, que a pesar de no salir las cosas como pensé, salieron de una forma que jamás olvidaré. Gracias a las mujeres porteñas, misioneras, mar platenses, mendocinas, de todas partes de la gran Argentina, incluso las mujeres procedentes de los rincones más pequeños, pude presenciar de forma en vivo y directo ese acto de sororidad tan pura de una hermana a otra; donde mujeres privilegiadas que pudieran pagarse un aborto salían a gritar a las calles por aquellas que no tenían las posibilidades, donde las mujeres que vivieron desde el siglo pasado luchaban en busca de un mejor futuro que, a pesar de que ellas no lo vivirían, las que están y las que vienen sí. Todas ellas unidas, en busca del derecho que por años les habían estado arrebatando, con la idea clara que de su cuerpo ni el Estado es dueño.

Y gané tanto que una parte de mí ansiaba con volver a mi tierra y compartir con las demás ese tanto que había obtenido, sin darme cuenta que mis hermanas mexicanas, sin necesidad de presenciar en directo la majestuosidad de la marea verde, ya habían sido empapadas con la misma intensidad que yo. Las filas de guerreras con uniforme de pañuelos verdes atados a bolsos y cuellos se estaban preparando para salir a las calles de México, porque así de grande es esta marea, como un tsunami que inunda Latinoamérica, sin importar que tan extensa sea.

“[…] porque así de grande es esta marea, como un tsumani que inunda Latinoamerica, sin importar que tan extensa sea”

Debo confesar que me dio nostalgia ver como el 28 de septiembre la ciudad que me había acogido durante los últimos 3 años se había pintado de verde y no haber podido estar presente, y que esa nostalgia sigue al saber que estoy lejos de este gran comienzo, pero a la par nace desde mis senos el orgullo de ver a todas ellas en las calles y en las redes peleando por nuestro derecho. Es tanto mi orgullo que no pierdo oportunidad alguna para enseñar a cada argentina que conozco los videos donde escucho a mis amigas, compañeras de clases, las habitantes de mi ciudad, etc. gritar ‘’aborto si, aborto no, eso lo decido yo’’. Al mismo tiempo se los enseño con la finalidad de que vean que en ese 8 de agosto no han perdido, sino que han sumado más aliadas, que así como aquí seguirán luchando, afuera también estaremos de pie al grito de guerra.

A todas esas mujeres en México, que quede claro que vamos a tocarle la puerta al Congreso de San Lázaro y nos van a escuchar. Van a ser testigos de nuestro grito, vamos a dejarles claro que de nuestros cuerpos sólo somos nosotras dueñas; que el verdadero debate no es sobre si se lleva a cabo un aborto o no, sino de la clandestinidad en la que se realiza, junto con el negocio millonario que implica, donde en nuestro sistema de distribución de riquezas, la rica vive mientras la pobre muere, más en un país donde nuestros cuerpos duelen de ser ya tantas menos. Nos van a escuchar gritar EDUCACIÓN SEXUAL PARA NO MORIR, ANTICONCEPTIVOS PARA NO ABORTAR Y ABORTO LEGAL PARA NO MORIR.

En las propias palabras de Dora Barrancos ‘’las mujeres ya ganamos porque las estructuras de las mentalidades fueron modificadas[…] Se puso a las mujeres en la escena política como nunca antes. Si no es ahora (refiriéndose a la Ley de despenalización del aborto) será en el próximo capítulo’’.

Pie de página:
Quiero dar un gran agradecimiento a todas las mujeres que me han aportado a mi vida y me han enseñado ser mejor feminista, a las chicas de la Ola Púrpura por crear este espacio, a las de la Colectiva de Uni-Diversidades, a mis compañeras de clase, mis compañeras de trabajo, a mis amigas, a las mujeres de mi familia, a mi hermana Danny, pero en especial a las mar platenses; gracias por volver el 8 de agosto un día inolvidable.

Un 10 de mayo con perspectiva de género

por Mariana Jasso

En la mayoría de los países el Día de las Madres se celebra el segundo domingo de mayo, en México es el día 10, y seguro has pensado o escuchado que el día del padre no es tan festivo ni importante, y es cierto, no lo es, pero ¿por qué?. Veamos esto con una perspectiva de género.

El 10 de mayo en México no hay clases, la ciudad se llena de flores, chocolates, corazones rosas, los restaurantes se llenan, etc., la mayoría de las personas salen a festejar a sus madres y a agradecerles todo lo que les han dado, incluso existe un monumento a la madre. Sin embargo, el origen del 10 de mayo no es tan conmovedor como se nos vende, pues fue institucionalizado en 1922 por grupos conservadores que buscaban derrotar el movimiento feminista en Yucatán, en el cual se peleaba por una maternidad deseada y no impuesta. Así que no comenzó por un “agradecimiento” a todo el trabajo no remunerado de las madres, sino por la idea de seguirlas sometiendo a dicho trabajo sin que pudieran decidir sus propios destinos.

Y claro, puesto que se estableció como un arma para controlar a las mujeres, cada año se le da un auge impresionante en todo el mundo, pero hay otra cuestión importante para analizar y es que a las mujeres se les ha enseñado que su mayor logro o meta es ser madre, imponiéndose desde pequeñas juguetes que marcan esta idea, y claro, en el caso de los hombres no se celebra de gran manera porque no es lo único que pueden hacer, esta premisa es tan clara que el Día de las Madres es el único que se encuentra en femenino: Día del Médico, Día del Maestro, Día del futbolista, etc. todas las festividades se manejan en masculino porque son tareas a las que puede aspirar cualquier hombre, incluyendo ser padre, pero ninguna se le impone.

El origen del 10 de mayo […] fue institucionalizado en 1922 por grupos conservadores que buscaban derrotar el movimiento feminista en Yucatan.

Hoy en día se menciona la Economía del cuidado, la cual hace referencia a todo el trabajo no remunerado que elaboran las personas cuidadoras en el hogar y se ha reconocido que este trabajo es indispensable para el desarrollo económico de un país. En 2005 la CEPAL tuvo la Trigésima octava reunión de la Mesa Directiva de la Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe1, en la cual se menciona que:

“En los últimos años se ha acuñado el término “economía del cuidado” para referirse más específicamente a este espacio de actividades, bienes y servicios necesarios para la reproducción cotidiana de las personas. Y se ha señalado extensamente la importancia de este espacio para el desarrollo económico de los países y el bienestar de sus poblaciones. También se ha mostrado que, como todo el resto de los espacios sociales, la economía del cuidado presenta una particular configuración de género, y el impacto que sobre la misma tienen las políticas públicas en general y económicas en particular no resulta neutral.”

Enríquez, C. R. (2005). ECONOMÍA DEL CUIDADO Y POLÍTICA ECONÓMICA: UNA APROXIMACIÓN A SUS INTERRELACIONES . Mar de la Plata, Argentina: CEPAL

Vemos que esta economía es de suma importancia para el desarrollo y bienestar de la sociedad y no se le reconoce como debería, este es un tema muy extenso del cual se han hecho paneles, debates, conferencias, etc., por lo cual no profundizaré, pero es preciso tenerlo en cuenta y conocer más sobre esto.

Y es que a las mujeres se les ha enseñado que su mayor logro o meta es ser madre.

Y no olvidemos que el sistema patriarcal va de la mano con el sistema capitalista, porque esta relación es muy importante para el análisis del 10 de mayo, en primera instancia porque al estado le resulta de gran beneficio no tener que gastar en crianza de niñez, en cuidados de personas de la tercera edad, de personas enfermas, etc., pues ya tiene a las personas cuidadoras que se encargan de esta labor sin remuneración alguna.

Y en segunda instancia, porque ambos sistemas nos enseñan a comprar a las mujeres como si fuéramos objetos, incluso las campañas publicitarias propician eso al mostrar mensajes en los cuales les regalan muchas cosas a las mujeres y se vuelven propiedad de quien brinda esos obsequios, así que el 10 de mayo para el capitalismo es una magna celebración, pues la mayoría de las personas gastan en comprar cosas “femeninas” con precios más altos que el resto del año con tal de dejar una buena imagen ante la sociedad.

No hay que perder de vista que sin duda alguna debemos agradecer a las personas cuidadoras por todo el trabajo que han hecho y por todo lo que nos han brindado, pero no creo que se necesite un día en específico para hacer esta acción, sino que debemos estar conscientes es esto y hacer un análisis personal.

Al estado le resulta de gran beneficio no tener que gastar en crianza, en cuidados, etc., pues ya tienen a las personas que se encargan de esta labor sin remuneración alguna […].

No creemos mitos sobre que ninguna feminista quiere tener hijos porque no es cierto, recordemos que todas estas creencias son fundadas a partir de una misoginia interiorizada y falta de conocimiento sobre el movimiento.

Porque claro que hay feministas con hijos e hijas o que quisieran ser madres algún día, pero están conscientes de su decisión y de que la maternidad debe ser por elección y no por obligación, que es parte de lo que se plantea también en las campañas de aborto legal, seguro, libre y gratuito.

Queremos poder decidir sobre nuestra vida e ir formando nuestro destino sin imposición de nada ni nadie.1

Carta Editorial Marzo – 8M, Nuestro mes

“Abajo el patriarcado se va a caer, se va a caer”
8M

Bienvenido Marzo.

En este mes no celebramos, hay muy poco que celebrar. Marzo, en La Ola Púrpura es el mes de las mujeres. Y es que tiene que haber un mes para nosotras, para el 52% de la población en el mundo. Pareciera que el feminismo lo celebramos hoy, en medio de las protestas las pancartas y los pañuelos verdes. Este mes nos sirve para recordar el lugar en el que estamos paradas en la historia, y para recordar que aún tenemos que defender nuestros derechos, porque en algún momento de nuevo podrían ser arrebatados. Por decencia humana, por sororidad, por obligación de género estamos llamadas a salir y marchar, a exigir, a construir y desde espacios como este, que es suyo, de todas, donde podamos compartir y difundir; eliminar los prejuicios y luchar por lo que nos falta y lo que aún no hemos ganado.

Porque las mujeres no se van, desaparecen, no se mueren, las matan. A las mujeres se las llevan, se apropian de sus cuerpos, de su vidas y de su libertad. En este mes conmemoramos lo que hemos ganado y los derecho que aún nos faltan y a todas aquellas mujeres que luchan por una igualdad verdadera y equitativa. Hay un millón de motivos para marchar, luchar, exigir y demandar, y en este mes aún escuchamos las voces de aquellos a los que les incomoda la reivindicación de las mujeres como personas con todos los derechos inherentes al ser humano, inalienables e intransferibles; con la libertad, aun entre el feminismo las diferencias, nuestras justas y necesarias diferencias son blanco para desmeritar nuestra lucha. No hay mejor momento para estar vivas y luchar que ahora, por nosotras por las que vinieron antes, y a las que les debemos tanto, y las que vienen detrás. Mujeres y revolucionarias, mujeres y vivas, con una postura política. En la Ola las invitamos a colaborar a unirse a ser parte del trabajo de todos los días por el que se ha luchado durante décadas.

Desde La Ola Púrpura con amor.

Miedo a nuestra misma especie

Cuando tratamos de cuidar unas de las otras y si por esto nos tachan a todas de feministas lo aceptamos, exigimos igualdad y un cambio. Estamos hartas.

Rosa de Guadalupe Jiménez Alcudia

Tenía aproximadamente 11 años, entre unos árboles camino a la secundaria donde estudiaba que se encontraba a la vuelta de mi casa, un hombre me acorralo y sacó su pene, mirándome y diciendo palabras que no entendí bien, corrí asustada, sentí mucha vergüenza, jamás pude decirle a alguien lo que había pasado.

Me atrevo a decir que todas las mujeres en algún momento hemos sido víctimas de acoso sexual en la calle, sentimos impotencia y odio al preguntarnos ¿Qué pueden tener los hombres en la cabeza y que ganan con decir estupideces o seguirnos?.

En pleno siglo XXI los hombres aún no entienden o no quieren entender -en el supuesto de entendimiento que tienen- lo que es el respeto. Que tanto hombres como mujeres tenemos derecho al tránsito libre y contar con la confianza de no ser violentados.

Es increíble que el estudio realizado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en su división ONU Mujeres muestra que:

9 de cada 10 mujeres sufren algún tipo de violencia en su trayecto diario“.

Mamacita” “que rica estas”, “chiquita preciosa”.

Son frases de hombres que nos encontramos en la calle todos los días, miradas que desnudan en  segundos, roses en transportes públicos -que solo un estúpido diría que no fue intencional-, muchas otras faltas de respeto son con las que tengo que lidiar diariamente en mi vida, solo por ser mujer.

Del 100% de las mujeres, la mitad ha recibido un comentario sexualmente explícito, al 47% las han seguido en la vía pública, al 37% un hombre le mostró sus partes íntimas, y el 29% fue tocada con intención. Desgraciadamente yo pertenezco a todos los porcentajes, estoy segura que no soy la única a la que la han acosado de todas las formas.

Esto pone en evidencia que el acoso y la violencia a la mujer es un problema inherente en la sociedad, que pareciera que acosar es parte de los hombres y si no lo hacen pierden su hombría, demasiado patético cuando lo piensas.

"Un hombre me está mirando y camina hacia mí, el miedo me invade, me sudan las manos y mi opción es cruzar la calle, del otro lado un hombre acaba de tocar a una joven que se queda helada sin saber qué hacer, esa sensación la conozco muy bien, miro a otras mujeres que deben caminar con alguien más para sentirse seguras, voy pensando en que tengo que modificar mi forma de vestir, jamás me volveré a poner esa falda."

Precisamente aquí emerge una condición que no solo atestiguo yo, sino muchas mujeres que con sus experiencias dan muestra de los miedos que se tiene a lo incierto del otro que nos acosa visible o invisiblemente.

Michel Foucault es quien nos deja claro esta situación, diciendo que existe miedos que se convierten en poder.

Ese miedo que tenemos a los hombres les da el poder sobre nosotras, las mujeres.

Hablamos de desigualdad de género, de falta de respeto, de violencia y un sinfín de supuestos derechos que sin duda no tienen transparencia para las mujeres, estamos siendo sometidas a cambios radicales en nuestra vida, están dejando de un lado nuestro derecho a la libertad, no podemos hacer lo que queremos, vestir como se nos plazca, salir sin ningún tipo de “precaución”.

La ley N° 26.485 que establece la protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales está en vigencia y existe.

Pero no me sirve de mucho cuando estoy en la calle y me empiezan a acosar, hasta se olvida que hay leyes que nos “protegen”. ¿Debo decirle al estólido que parece que no piensa ni un poco la existencia de esta ley? ¿En verdad consideran que con esto los majaderos que están en la vía pública van a parar?

Somos las mujeres las únicas interesadas en que esto termine, las organizaciones que trabajan en este problema buscan estrategias necesarias para disminuir el acoso callejero, pero las más visibles son cuando las mujeres se unen y manifiestan la inconformidad,

Cuando tratamos de cuidar una de las otras y si por esto nos tachan a todas de feministas lo aceptamos, exigimos igualdad y un cambio. Estamos hartas.

Traemos los genes del 68, del 71, del 99 y de los 43

Mariana Jasso

“Su ingreso coincide con los 50 años del movimiento estudiantil de 1968. Este año estaremos conmemorando ese movimiento y con ello celebrando los nuevos derechos y valores que la nación ha alcanzado.” Fueron palabras que iniciaron el mensaje de bienvenida del rector Enrique Graue a la generación 2019 que ingresó a la Universidad Nacional Autónoma de México. Aparentemente la Universidad le ha dado mucha importancia y conmemoración a este movimiento, invitando a pláticas, conferencias, cursos y otorgando agendas a la comunidad estudiantil teniendo como tema principal el movimiento estudiantil, pero ¿qué está pasando en la UNAM 50 años después?

El 29 de agosto un grupo de estudiantes de Medicina Veterinaria y Zootecnia en Ciudad Universitaria (CU) sufrieron un intento de secuestro durante una de sus prácticas de la asignatura de Desarrollo Rural al municipio de Jacala de Ledezma en el estado de Hidalgo, donde se les exigían $300,000 para dejarles ir. Ese mismo día se localizó al autobús y la policía federal, estatal y municipal localizó a las estudiantes que se encontraban allí, regresándoles con salud y a salvo. Esto deja evidencia que la “máxima casa de estudios” no tiene ningún protocolo de seguridad contra estos contingentes. Académicos de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVZ) manifestaron su repudio por el secuestro virtual del que fueron víctimas estudiantes y profesores de dicha institución, siendo esta la única información que dio a conocer la UNAM.

Amelia es estudiante de la FES Acatlán y tiene 22 años, el 16 de agosto bajaba de su transporte para ir a trabajar y poder costear sus estudios cuando un hombre la amenazó con una pistola obligándola a entregarle sus pertenencias y la llevó a la entrada de una fábrica y en sus palabras “entre locales y un auto, me violó”, mientras las personas caminaban a prisa para llegar a sus trabajos y sólo algunos volteaban a ver con mirada de asco actuando con la mayor expresión de complicidad: la indiferencia. Estudiantes de la institución apoyaron a Amelia haciendo viral el caso y exigiendo a las autoridades justicia.

En diciembre el Colegio de Ciencias y Humanidades Azcapotzalco tuvo un cambio de autoridades directivas y administrativas en el que Guadalupe Márquez Cárdenas tomó la dirección del plantel. En el mes de julio mandó retirar diversos murales que tenía el plantel, los cuales eran proyectos de arte por parte de estudiantes y profesores. El día de la inscripción, en agosto, las cajas de pago del plantel se encontraban cerradas, por lo cual la comunidad estudiantil tuvo que pagar un mínimo de $100 en diversos bancos para poder concluir su trámite. Iniciado el semestre, las y los estudiantes no contaban con horarios establecidos, y una vez que los tenían sufrían cambios de profesores e incluso de grupo, lo cual llevó a que existieran grupos de 60 estudiantes o más y que no hubiera una continuidad en las clases. El día 27 de agosto el grupo estudiantil representante convocó a un diálogo pacífico con la directora, en el cual ninguna autoridad acudió, pero sí se presentó el grupo porril de la institución que obligaron al grupo estudiantil a desalojar el plantel, dejando algunas personas heridas a causa de los petardos que lanzaban.

Miranda Mendoza tenía 18 años, estudiaba en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Oriente y fue secuestrada al salir del plantel, las autoridades no hicieron nada a pesar de los gritos de Miranda. Se pidió un rescate de cinco millones de pesos a la familia, los cuales no pudieron juntar. Al día siguiente se encontró el cuerpo de Miranda calcinado.

En respuesta a las diversas olas de violencia acontecidas en la Universidad, se convocó a una marcha pacífica el pasado 3 de septiembre en la cual estudiantes de CCH Oriente y CCH Azcapotzalco pedían mayor seguridad en sus planteles, horarios fijos y clases reguladas. Al llegar al edificio de rectoría, un grupo porril comenzó a golpear a las y los estudiantes con palos y piedras, lanzaron petardos, bombas molotov e incluso hirieron a un chico con una navaja. Se presentaron 14 personas heridas, 7 de ellas fueron trasladadas a urgencias, a un chico le intentaron cortar la oreja. El estado es crítico y desafortunadamente no se cuenta con información al respecto, ya que los medios de comunicación hablan de sólo dos personas heridas. Es verdaderamente indignante que la UNAM haya lanzado un comunicado donde “reprueba enérgicamente” la violencia manifestada, pero no se hayan tomados acciones contundentes más que la expulsión de 18 estudiantes identificados como porros.

Las demás instituciones de la UNAM convocaron a asambleas dentro de cada plantel y se acordó un paro estudiantil por al menos 48hrs. En total son 41 escuelas unidas en este movimiento, entre las cuales se encuentran la ENAH, la UPN y la Escuela de Periodismo Carlos Septién.

El día 5 de septiembre se convocó a una marcha titulada “¡Este diálogo no lo entendemos!” que salía de la FCPyS rumbo a Rectoría. Es muy interesante seguir de cerca esta marcha estudiantil porque en realidad no comenzó en Ciudad Universitaria, comenzó en las instalaciones del tren suburbano (FES Cuautitlán), del metro toreo (FES Acatlán) y de distintos puntos de la ciudad, gritando “No somos porros, somos estudiantes” y reuniéndose en el metro de Universidad, partiendo a luchar por la justicia. También hubo padres y madres de familia que se reunieron afuera de TV UNAM para exigir seguridad, pidiendo que no tuvieran miedo de dejar ir a sus hijos e hijas a la escuela sabiendo que podían no regresar. De igual forma se realizaron movilizaciones en diversos estados del país mostrando su apoyo con la comunidad estudiantil de la UNAM, o mejor dicho, mostrando su apoyo con la nación El grupo estudiantil de CCH Azcapotzalco dirigió la marcha, detrás iban los contingentes de las otras facultades, CCHs y Preparatorias, así como el contingente del Colegio de México, del Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Autónoma Metropolitana. La marcha comenzó a las 13:00 hrs. Y terminó alrededor de las 18:00 hrs, diversos sistemas de transporte ofrecieron servicio gratuito.

Pese al miedo que se originó por estar expuestos y expuestas a una agresión por parte de grupos porriles, se rodeó el edificio de rectoría dejando claro que unidos y unidas somos más.

Es importante decir que esta lucha no es sólo por sacar a los porros de la UNAM, es para quitar toda la violencia que existe, es para que tengamos una #UNAMenPaz

Quiero concluir diciendo que no necesitamos que institucionalicen movimientos sociales como el del 1968 para tener presente la historia que tenemos marcada en la piel, para seguir luchando por nuestros derechos y, sobre todo, no necesitamos esa politización para unirnos y vencer a favor del bien común. Somos nietos y nietas del 68, hijos e hijas del 99 y hermanos y hermanas de los 43 desaparecidos.

 

Mariana Jasso es feminista, activista de Amnistía Internacional y estudiante de la Licenciatura de Administración en la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán.

Entrevista a Candelaria Ochoa

“La Universidad de Guadalajara pudo ser una institución de vanguardia al ser la primera universidad en normar el acoso sexual, pero el patriarcado está instalado en la sangre de los hombres y mujeres”. Candelaria Ochoa, diputada.

Lunes 28 de mayo del 2018

Ileana Sánchez

En recientes fechas se han viralizado casos como el de las alumnas de la Escuela Politécnica que fueron acosadas sexualmente por el profesor Pedro Javier Cárdenas Ramos, o el caso de Tanya Méndez (profesora) y Cynthia (alumna), quienes fueron víctimas de Horacio Hernández Casillas, coordinador de la carrera de Antropología de la UdeG, que se imparte dentro del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH).

Para discutir sobre el acoso sexual en las Universidades La Ola Púrpura busco a Candelaria Ochoa Ávalos, quien fuera Profesora Investigadora Titular del Centro de Estudios de Género de la UdeG. Ochoa también es actual Diputada Federal electa del distrito 9, y quien presentará en 2017 la iniciativa ante la cámara de diputados para que el acoso callejero sea considerado un delito.

La diputada habló sobre su tiempo al frente del Centro de Estudios de Género y sobre la propuesta presentada en su tiempo como titular para actuar en casos de abuso y hostigamiento dentro de la Universidad.

Entrevista

  1. La Cámara de Diputados aprobó por unanimidad el dictamen producto de la iniciativa para que el acoso callejero sea considerado acoso sexual y, por lo tanto, un delito. ¿En qué consistía la iniciativa?

La iniciativa se presentó en septiembre del 2017, tardó en dictaminarse hasta diciembre y ese mismo mes se aprobó en la cámara por unanimidad, de acuerdo con el proceso se fue al Senado, donde realizaron diversos ajustes a la iniciativa, y ahí se aprobó a principios de abril. La idea de la iniciativa era sancionar 3 tipos de acoso: el acoso callejero, el acoso universitario y el acoso laboral. Las autoridades decidieron que el acoso callejero no se mezclara con los otros dos, y se focalizará la inactiva en estos por falta de acuerdo en el cómo se sanciona el hostigamiento en las calles, aunque se presentó de manera separada esta propuesta.

La iniciativa es una modificación a la ley general de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia, y se presentó por que el acoso laboral, ya está legislado a medias por así decirlo, pero no el acoso en el ámbito educativo. Fue una lucha larga, porque este tema no es considerado por muchos como importante, lo consideran incluso superficial, e incluso se cree que la mujer es la culpable de esta. Esto nos habla de una cultura patriarcal que hay que tratar de cambiar, para hacer entender que el tema lesiona las relaciones sociales, escolares y laborales, y que ocasiona temor entre las mujeres para movernos con libertad, para ingresar o permanecer en ciertos espacios, etc.

 

  1. ¿Cómo afecta el acoso callejero al desenvolvimiento, al libre tránsito y al bienestar de la mujer?  

Yo creo que el acoso callejero es en el que más estamos expuestas, sin embargo, el laboral y educativo es igual de importante porque son un caleidoscopio de lo que ocurre afuera. La educación muchas veces se centra en la enseñanza formal y de tipo intelectual, pero no del tipo cívico o social, ya que llegamos a las aulas o al espacio laboral con los mismos prejuicios o conductas que aprendimos en el seno familiar.  

En la calle se ejecuta de forma más grave el tema del acoso, y lo grave de esto es que ya sea que traigas falda, short, vestido largo, blusa con escote o sin escote, ya seas alta, baja, delgada, rubia, morena, el acoso es permanente, porque es una acción de relaciones de poder. En estas el atacante busca intimidar, molestar, hacer sentir mal a la mujer e incluso cuando estas responden, son culpables, porque consideran que nos hacen un favor al sexualizarnos de manera ofensiva.

 

  1. ¿Cuáles considera que son los principales obstáculos para la erradicación del acoso y la violencia sexual hacia las mujeres en Jalisco?

La cultura, esta tiene todos los prejuicios y conductas que menosprecia el papel de la mujer, donde se cree que la mujer es un objeto de pertenencia y que una debe estar agradecida al ser receptora de “piropos obscenos”.   Pero también las mujeres debemos ser autocríticas al reproducir el estereotipo femenino todos los días, analizar hasta qué punto jugamos al patriarcado con nuestras actitudes y decisiones diarias. Nos consideramos personas ilustradas, pero solo para restar, sumar, leer, pero no hemos cambiado nuestra forma de vida, nuestros prejuicios o estigmas.

El acoso lo hemos sufrido todas las mujeres, en mayor o menor medida, pero todas. El problema es no reconocer que esto pasa, porque esto nos hace vulnerables. Y es que cuando una es adulta pones un alto, pero cuando eres pequeña no sabes cómo reaccionar, porque además eso no te lo enseñan en la familia, no nos enseñan a defendernos, no nos enseñan a decir que no.

 

  1. ¿Cómo considera que se posiciona la Universidad de Guadalajara ante el tema del acoso escolar?

En octubre del 2011 cuando era Coordinadora del Centro de Estudios de Género, realice un proyecto que buscaba el impulso de 5 líneas de trabajo: El diagnóstico sobre la docencia y la currícula con perspectiva de género; un diagnóstico sobre la violencia educativa en toda la red universitaria; la formación académica; y conferencias magistrales.  

Como resultado del diagnóstico, yo me comprometí a impulsar acciones normativas en el interior de la Universidad de Guadalajara. En ese entonces era rector del CUSCH, Pablo Arredondo, y yo fui a presentar una iniciativa, que todavía está vigente en el Consejo de Centro pero que no se ha llevado a la práctica. La iniciativa consistía en normar y sancionar el hostigamiento sexual, así como promover el respeto a la diversidad sexual. Cuando se discutió el tema en el Consejo de Centro hubo mujeres que se opusieron, pero los primeros en objetar fueron los hombres del área de Derecho. La comisión duró 5 meses estudiando la mejor forma de normar y sancionar.  

Un paso muy importante en la propuesta fueron las sanciones, primeramente, se buscaba que existiera un impacto en los estímulos académicos, que el profesor o la profesora que hostigara sexualmente o no respetara la diversidad sexual iba a tener una sanción en sus estímulos académicos, en términos de apoyos universitarios o gubernamentales; en segundo lugar, que fueran acreedores a una sanción administrativa y la tercera era su salida de la Universidad. Ahí mismo propusimos un observatorio de Género.

La Universidad de Guadalajara hubiese sido una institución de vanguardia al ser la primera universidad en normar el acoso sexual, pero no quisieron. Hubiese sido un paso importante pero el patriarcado está instalado en la sangre de los hombres y mujeres. En ese entonces el rector, Marco Antonio Cortés Guardado, me dijo “Apruébenla en el CUCSH, y luego se viene al Consejo de Centro”, pero nunca paso. Una vez que me fui del Centro de Estudios de Género nadie le dio seguimiento, ni se insistió en el asunto.

Yo en la Cámara propuse los Observatorios de Género y ahora pido a la vicerrectora de la Universidad de Guadalajara, Carmen Rodríguez Armenta, que dé cuenta de los avances en dicho tema. De ser necesario, yo presentaré una observación como diputada a la UdeG por el incumplimiento.

 

  1. Se han divulgado casos de profesores y administrativos que al ser objeto de acusaciones de hostigamiento sexual, las instituciones y directivos se limitan a reubicarlos en otros centros educativos, propiciando la continuación del acoso. ¿Qué vías existen para impedir estos casos?

Se tiene que normar. Esos profesores no pueden ser reubicados en otros espacios estando frente a estudiantes. Las instituciones y en este caso la Universidad están obligadas a garantizar la seguridad de sus alumnas y profesoras. Primeramente, se tiene que normar, y se tiene que garantizar su cumplimiento. Y en el caso de la UdeG, la Comisión de Responsabilidades y Sanciones también tiene que participar, así como la FEU. Claro que esto implica enfrentarse con la autoridad, pero implica un triunfo para mujeres y hombres, para perder el miedo y detener el acoso.

  1. ¿Como podemos combatir esa idea de separar lo académico de lo personal, donde el acoso deja de ser responsabilidad de la institución o la empresa una vez que este se ejecuta por redes sociales o en espacios ajenos?

Debemos enfrentar y confrontar no solo a los atacantes, también a las autoridades académicas y laborales que permiten estos actos, pero eso lo tenemos que hacer muchas, porque una sola no tenemos protección. El caso profesor y la alumna es una relación de subordinación, e incluso si el acoso ocurre fuera del aula la alumna está a expensas de que si no contesta sus mensajes la repruebe, que si no consiente sus avances la exponga, que si actúa en su contra él tome represalias.

Eso es algo que muchas veces las autoridades no quieren reconocer, consideran que saliendo de espacio educativo es enfoque cambia, pero no, es una relación de subordinación a la que estás sujeta durante tanto tiempo como seas estudiante. Y en el ámbito laboral es igual.  

Necesitamos que las mujeres y las autoridades lo detengamos, y que los hombres reconozcan que no es correcto, y que si tenemos aliados estos sean parte del cambio, no solo espectadores, que nos ayuden a decir “eso no se hace y eso no lo vamos a permitir”.

 

  1. ¿Cómo puedo yo, como civil, testigo o víctima apoyar para la erradicación y el combate del acoso contra las mujeres?

Es una gran paradoja que vivimos a diario, porque todos los días tenemos que defendernos de esas acciones, protegiéndonos o defendiéndonos de la manera que sea, desde ignorarlo hasta enojarnos, porque sí, el no hacer caso es también un mecanismo de defensa para demostrar que el acosador no tiene el poder de importunarnos.  

Yo creo, que las mujeres debemos hacer menos caso de esto al momento de responder las agresiones, es decir, al acoso en la psicología lo denominamos una acción correspondiente a los voyeristas, que les gusta que voltees y los veas, que los notes porque eso es lo que los excita. Es necesario desestabilizárselo para que cada vez sea menos deseante para los hombres el realizarlo.

  1. La iniciativa al Código Penal para clasificar el acoso callejero como delito, se presentó en el 2017 y ha sido aprobada, pero sin establecimiento de sanciones y la propuesta para ampliar las órdenes de protección a mujeres violentadas, que se presentó desde el 21 de junio de 2016, está en pausa. ¿Qué sigue en su agenda como diputada para incentivar o presionar en la inclusión de estos temas en la agenda local?

Después de la aprobación de los ajustes a la iniciativa, el ejecutivo tiene que modificar un reglamento para integrar esta reforma y plantear las sanciones. Esto puede tardar mucho, pero la idea es seguir insistiendo hasta que se complete. La Cámara de Diputados legisla, pero no somos los ejecutores de la ley, ahora lo que sigue son los ajustes al reglamento y la propuesta de sanciones, para que el poder judicial pueda establecerse al respecto. Los 3 poderes tienen que estar engarzados, ninguna reforma sirve no hay una ejecución de la misma y su correspondiente sanción.  

 

  1. ¿Cómo pueden las ciudadanas, las activistas, los civiles, participar en este tipo de procesos, para ejercer presión y que estos temas tan importantes no queden archivados o postergados?

Investigando y creando redes de personas en contra del acoso. Solo juntos lo podemos hacer. Existen datos, investigaciones, escritos, y demás, pero a los que nadie les hace caso. Entonces es cuando tenemos que presionar para que se visualice, se divulgue y se persiga. Estos logros no se consiguen, sin estar aunados a ciertos estigmas de mujeres locas, enfadosas, con la desaprobación de muchos, pero se tiene que insistir, tenemos que presionar. Realizar boletines, plataformas, ir a otros espacios y unirnos.

 

*Posterior a la entrevista, el pasado viernes 01 de junio del 2018, la Universidad de Guadalajara anunció que promocionará un protocolo para denunciar acoso y el hostigamiento sexual. El rector de la UdeG, Miguel Ángel Navarro, aseguró que en el protocolo se presentará “qué hacer, a quién acudir, qué teléfono marcar y cómo conducir la denuncia”, e incluso mencionó que se propondrá la creación de la figura del defensor de los derechos universitarios, no sólo en cuestiones de acoso sexual, sino de hostigamiento laboral y de bullying psicológico. Cuando se le mencionó si la actuación de la casa de estudios para detener los casos de hostigamiento sexual no había llegado demasiado tarde, respondió que no, pues es hasta hoy cuando las víctimas comenzaron a denunciar.