Como ha sido vivirme en cuarentena

-NAIAN ÁLVAREZ-

Desde hace más de tres meses que vivimos en cuarentena, en un inicio la principal preocupación fue protegernos del virus, cuidar a las personas que queremos y con las que tenemos, o teníamos contacto constantemente, además de poder subsistir en confinamiento. Sin embargo, nadie nos advirtió que lidiaríamos con nuestras ansiedades y depresiones derivadas por el encierro, el lidiar constantemente con nuestro amor propio o incluso, batallas dentro de los hogares personales por ser “demasiado feminista”, orgullosa mujer lesbiana y la lista interminable de problemas que muchas viven (vivimos) o han vivido.

Poco después de las primeras semanas en confinamiento con el cambio de carga y demanda de energía al trabajo en la nueva “realidad virtual” (una normalidad a la que muchas de nosotras hemos tenido que adaptarnos), donde a modo personal he tratado de romper la barrera tecnológica para crear espacios más humanos a la medida de lo posible. Me di cuenta que el contacto a través de una computadora, depende de recursos fuera de nosotras como el internet, que cargue la aplicación, entre un montón de factores fuera de nosotras, esta situación llegó a estresarme muchísimo lo cual poco a poco se convirtió en ansiedad y depresión (hacía todas mis actividades con el doble de esfuerzo, las ojeras marcadas y un dolor en el cuerpo horrible).

Me he descuidado de manera física al ya no hacer actividad física como antes y, por las horas de demanda de esta nueva realidad me volví sedentaria; comiendo para no morir de ansiedad, por dedicarle tiempo al trabajo, a la escuela y las labores domésticas, que han ido en aumento, he subido de peso. En esa red de cuidados que tejí con mis familiares, amigxs y seres queridxs se me olvido uno fundamental, auto cuidado. 

Cada vez que me miro al espejo me cuesta reconocerme de nuevo, sé que mi cuerpa es hermosa pues me ha sostenido toda mi vida, que hay que aceptarla y que parte del descontento que vivo es causado por esos estereotipos patriarcales y euro-centristas causados por bombardeos masivos a los que hemos estado expuestas desde niñas para “encajar en la imagen femenina de perfección”. No obstante, por más que una se esfuerce, a ratos, volverse a encontrar en la imagen que vemos de nosotras mismas cuesta muchísimo trabajo. 

Recuerdo que leí hace tiempo un texto que decía “Necesitamos liberar nuestro concepto de nosotras mismas, como un acto de profunda liberación”, es lo que he trabajado estas últimas semanas, estoy tomando conciencia de lo que implica vivir con depresión y darle seguimiento para salir de ello. Tomo conciencia de lo que significa ser lesbiana para que deje de sentir que es una categoría y re-significarla para mí, tomo conciencia de lo que significa declararse feminista y todo lo que el feminismo me ha regalado en este tiempo, desde mejores vínculos afectivos, amigas que me salvan la vida, hasta un planteamiento y de-construcción para volver a construir y apropiarme conceptos que mejoren y hagan feliz a mi persona.

No hay una sola manera de vivir el confinamiento, ojalá pudiéramos googlear cómo sobrevivir en esta pandemia sin tener a nuestras amigas cerca para apapacharnos cuando a nosotras nos cuesta trabajo, tampoco hay una manera de ser mujer, de vivir con algún trastorno alimenticio, una enfermedad mental, de lidiar con todos los estereotipos impuestos, de ser feminista (desde la multiplicidad de feminismos que existen), ser bisexual, ser una mujer trans, lesbiana, pansexual o una mujer en busca de su identidad y felicidad. 

Hay que rescatar y volver a las cosas que nos hagan felices, no creo en “la pequeña felicidad” creo que todas son muy grandes, nos salvan constantemente de tristezas que matan. Dentro de todo hay cosas que nos abrazan y otras que no, poco a poco espero que al mirarme en el espejo pueda volver a reconocerme, abrazarme y que todas las emociones y situaciones que he vivido en cuarentena multiplique el amor propio y aprenda de ello. Espero que ustedes lo hagan igual y sepan que hay alguien que las abraza desde lejos.

De nuestra autora de hoy

Andrea Naian Álvarez Rodea, Ciudad de México 1999, estudiante de la licenciatura Lengua y literaturas Modernas Francesas en la Facultad de filosofía y letras de la UNAM.

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