Entrevista a Mariana Holguin

Por Azalia Valdes

“Mi nombre es Mariana Holguin y soy de Gomez Palacio, Durango o sea de La Laguna. Ahora me encuentro en Atlanta en Estados Unidos y estudié Neurociencia en Georgia State University, de la cuál me acabo de graduar y proximamente comenzaré mi doctorado en Neurobiología en Duke University.”

A – ¿Por qué decidiste ir a estudiar a Estados Unidos?

M – Desde que estaba en prepa tenía la curiosidad de estudiar fuera, sin embargo por una u otra razón entré a Odontología de la Universidad Autónoma de Coahuila en Torreón y ahí estuve 3 años, pero siempre tuve la curiosidad de ver qué pasaría si me iba. Cuando me encontraba en el tercer año en Odontologia me aceptaron en el programa de la SEP Proyecta 100 000, un programa en el que mandan mexicanos a Estados Unidos a estudiar inglés. 

Me toco que me enviaran a Atlanta Georgia Tec y ya cuando me encontraba ahí no me quería ir, recuerdo que le decía a mi papá que quería estudiar ahí y él solo me decía “sí claro…” Pero yo verdaderamente quería estudiar ahí así que logré hacerme muy cercana a la directora de inglés y le pregunté sobre universidades que otorgaran becas (porque el dinero es el factor más limitante cuando quieres irte a estudiar a otro pais) y me habló sobre Georgia State porque es de las universidades que más apoyos dan, sus becas son como del 50% y del 70% así que aplique y pos me aceptaron y dije pos voy y pos fui.

A – ¿Por qué neurociencia?

M – Cuando recién llegue Georgia State entré sin declarar ( en Estados Unidos tienes que declarar que quieres estudiar pero puedes entrar sin decidir) yo no sabía en ese momento, inicialmente pensé en Química pero tomé una clase que me impulsó a Neurociencia. La clase fue con el Dr. Normandy y en ella se enseñaba solo lo básico pero  quedé maravillada porque en México si me habían enseñado sobre Biología y el cuerpo pero no a detalle. Me maravilló cómo lo que pasa en el cerebro y sistema nervioso hacen lo que es cada persona, como todos tenemos las mismas bases y las mismas partes, el mismo molde. Creo que una vez que empiezas a entender el funcionamiento del cerebro y sistema nervioso te das cuenta que no somos tan diferentes unos de los otros y eso es lo que me gusta. 

Me decidí a estudiar esto porque hay mucho que no conocemos y me pareció un  campo que me ayudaría a desarrollarme mucho como persona y como científica. 

A – ¿Podrías hablarme sobre los desafíos a los que te has enfrentado?

M – El primer obstáculo es que soy la primera de mi familia que estudia fuera de México, además soy la primera que decide estudiar ciencia no relacionada a medicina o a trabajar en industria. En el momento en el que les dije a mis papás que quería venir me dijeron va pero no sabía a qué me enfrentaba. Fue un salto de fe así que pensé  lo voy a hacer y a ver en dónde caigo yo diría que ese fue el primer y el más grande obstáculo.

Después, creo que enfrentarte al día al día, a las diferencias que hay en la manera en que las personas piensan e interactúan, a las rutinas y darte cuenta que son polos opuestos. Tuve que acostumbrarme a estar aquí sin perder lo que soy y sin olvidar a mis amigos, familia y mis valores como persona.

El tercer obstáculo al que a veces me enfrento es que como estudiante internacional en Estados Unidos tienes oportunidades pero no las mismas que un estadounidense. Existen infinidad de oportunidades pero de esas solo 20 o 10 son para estudiantes internacionales así que tienes que volverte más competitivo. Tienes que trabajar mucho en tí para lograr distinguirte de los demás.

A – ¿De qué se trata la investigación en la que has estado trabajando?

M – Estudio en un laboratorio lo que comúnmente conocemos como el dolor pero el dolor a nivel de neurociencia es lo que el cerebro detecta y mi investigación se enfoca en lo primero, que es que tu cuerpo perciba o detecte cómo un estímulo puede lastimar o causar daño.

Lo que se detecta son canales iónicos, si aplicas fuerza o cambios de temperatura estos canales se abren y desencadenan procesos que hacen que el cuerpo detecte ese estímulo como algo dañino, yo estudio cómo eso se relaciona con el dolor que se da por el frío.

Sin embargo, una limitante en la ciencia es que no puedes ir por ejemplo con tu tía Rocío para investigarla ya que eso se considera antiético, así que se utilizan distintos tipos de modelos y animales para que sirvan como proxy para medir y tratar de entender mejor la complejidad del ser humano.

Sorprendentemente yo estudio la mosquita de fruta, esas que te desesperan son las que me ayudan a mí a entender mejor ese proceso de detectar cómo el frío funciona en el cerebro de las personas.

Me gustaría que quienes lean esto se quiten la idea de que los humanos somos seres superiores o especiales en relación a lo molecular genético y a cómo nuestro sistema nervioso se desarrolló. El sistema nervioso de una mosca de fruta es similar al del ser humano y es así como me es posible hacer una comparación utilizando a la mosca y haciendo manipulaciones genéticas. De esta forma, me ha sido posible aportar más información sobre cómo se detecta el dolor.

A – ¿Qué piensas sobre el síndrome del impostor? ¿lo has experimentado?

M – No diré que no lo tengo porque lo tengo y muchas veces. Creo que es muy normal que cuando logras algo que pensabas que no lograrías o no tendrías la oportunidad de hacer te enfrentes a cosas así. Con mucho trabajo yo he logrado quitarme un poco de la cabeza esa idea de que estoy aquí por suerte y no por lo que he trabajado.

A mí me ayuda hablar con mentores, con mis papás y con mis amigos para tener retroalimentación y recordar que lo que he logrado ha sido porque trabaje por ello porque de suerte es difícil que lleguen las cosas. Es importante aceptar que tienes esa mentalidad y hablar con quienes saben que has hecho y trabajado y te reiteren que has trabajado para llegar a eso. 

A – ¿Dirías que el ambiente para las mujeres en las ciencias ha cambiado? y ¿Cuáles son las perspectivas que ves a futuro?

M – La perspectiva que creo que antes se tenía es que este era un campo dominado por hombres, antes no veían a la mujer como capaz de lograr estudiar o meterse en los temas científicos pero yo que estoy aquí y tengo contacto con investigadores más avanzados me doy cuenta que eso está cambiando totalmente. Siento que ya es mucho más común ver a investigadoras con carreras increíbles, ya no es raro y en un futuro me  arriesgaría a decir que será mucho más común que una mujer esté en la ciencia que un hombre.

En mis clases de los últimos años un poco más del 50% ya son mujeres entonces eso indica una tendencia en la que la presencia femenina está igualando y superando a la masculina. 

Stem como comunidad ya es más abierta y perceptiva a cambios sociales, abierta a diferentes identidades de género y preferencias sexuales, siento que el campo de las  Stem se ha vuelto más inclusivo hacia todo tipo de identidades.

O- stem o out in stem era un grupo que tenía como propósito crear un espacio abierto para personas con identidades diversas y darles oportunidades y herramientas para que crezcan en su carrera como científicos. Este programa estaba presente a  nivel nacional y en muchas escuelas como Harvard y algunas otras. 

A – ¿Cuál dirías tú que es la mejor forma de inspirar a las mujeres jóvenes para que se interesen en las ciencias?

M – Primero que nada yo diría que es muy importante el ejemplo de ver a otras mujeres, pero es muy importante que no se quede solo en eso, si no que nosotras mismas nos apoyemos y motivemos a lograr cosas. Siempre lo digo pero la manera en que yo aprendí a estudiar y a desarrollar mi punto de vista en el ámbito escolar fue por mi mamá, sin esa presencia o ese rol yo no estaría en donde estoy.

Es importante que como mujeres no nos veamos como competencia porque es muy fácil tratar de competir, a veces pensamos que solo hay cierto número de lugares y por eso tenemos que hacerlo, pero más que competir, debemos apoyarnos y buscar que más oportunidades se abran para nosotras para que así las niñas en el futuro puedan tener más opciones sobre qué pueden hacer con sus vidas.

A – ¿Cuál es tu cosa favorita sobre las ciencias?

M – ¡Es que las ciencias siempre están cambiando! Algo que se consideraba verdad hace 3 años la ciencia puede demostrar que sí es cierto o que en realidad eso no era.

 Además, en la ciencia no hay como una ley y esto será por siempre, siempre está cambiando y eso me gusta, esa capacidad de evolucionar y de no encasillar en una las cosas. Quizá si estudias biología y lees adn dices chole otra vez lo mismo pero ya en la investigación y haciendo el trabajo te das cuenta que todo ese conocimiento llevó mucho tiempo para que se hiciera ley.

Tu trabajo puede cambiar la percepción de las cosas y tienes la oportunidad de mejorar constantemente.

A – ¿Sientes que el apoyo de tu entorno ha sido un factor determinante para ti?

M – Claro, cuando les dije a mis papás que quería estudiar neurociencia ellos nunca me juzgaron, a pesar de ser algo que no conocían.

El hecho de que mis amigos y mi familia no me juzgara fue muy importante para mi porque yo decidí venir cuando me quedaban 2 años de carrera en odontología. Mucha gente lo vio como que estaba perdiendo el tiempo o decían no sabe qué hacer con su vida pero he tenido suerte de que ni mis papás ni mis amigos cercanos me han puesto nunca en duda el porqué de mis acciones y siempre me apoyan y me motivan.

Siempre he sabido que aún estando lejos estoy a una llamada de distancia y sin el apoyo de todos ellos yo no podría lograr nada.

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