Esclavas del poder

Por María Isabel Orozco Rodríguez

El libro Esclavas del poder, de Lydia Cacho me dejó una angustia que no me deja dormir. Y aquí estoy, a las 3:00 am escribiendo este texto, que más que un texto es un exorcismo, como si a través de la escritura me pudiera deshacer de los miedos y corajes que me atormentan. No puedo dejar de pensar en los testimonios de las mujeres prostituidas, vendidas como esclavas sexuales, violadas multitudinariamente; siento miedo al imaginarme en su situación, pensarme en su lugar me provoca pavor. 

De repente me siento afortunada, y le doy gracias a la vida por no estar ahí, luego pienso que ese sentimiento no sirve de nada, pues ese problema existe, y aunque mi cuerpo no esté siendo explotado hay miles de mujeres cuyos cuerpos están siendo vejados en este mismo instante, y yo no puedo hacer nada para evitarlo. Y entonces me enojo, ya no doy gracias, reclamo, me desespero, lloro y maldigo el momento en que las mujeres fuimos y somos concebidas como objetos de placer. ¿Qué es lo que lleva al ser humano a torturar a otra persona?, ¿por qué existen mafias que abusan, trafican y lucran con el cuerpo de las mujeres? En mi cabeza se repite una y otra vez el caso de la chica estadounidense que fue engañada y vendida en Japón, violada durante horas por más de cuarenta hombres, una chica inocente, ¿por qué ella?, ¿qué llevó a estos hombres a torturarla de esa forma? Me duele imaginarme esas escenas, me duele el cuerpo y me duele el alma, y me vuelvo a enojar, y vuelvo a llorar.

Todo es cuestión de poder, todo se resume al poder. Los padrotes, y los clientes que pagan por sexo no piensan en las mujeres que compran y venden, ellas son solo una representación de su estatus, la materialización de su necesidad de dominación, de control, de supremacía, de omnipotencia. Hay mujeres involucradas, sí, y a pesar de eso no deja de ser una cuestión de género, no hay dudas ni argumentos que le resten la mayor responsabilidad al género masculino del problema de la trata de mujeres, niñas y niños, no en esto, jamás en esto. La prostitución forzada, comienza con hombres que venden y termina con hombres que compran, aunque haya casos específicos, aunque haya excepciones a la regla. Seguramente con estas aseveraciones se lastimen algunas masculinidades frágiles, pero esa es la realidad y si no la vemos a los ojos jamás podremos cambiarla.  

Hay una lógica que mueve los engranajes y distribuye el poder inequitativamente, el orden del mundo, la base de todas las opresiones, el patriarcado, el famoso y mentado patriarcado. Nunca lo había entendido tanto como ahora que he leído este libro, un concepto tan abstracto pero que se materializa en formas tan violentas de opresión. El poder, siempre relacionado con lo masculino, lo blanco, lo primero, lo fuerte, lo más. Cierro los ojos e intento dormir, luego recuerdo que vivo en un Estado que posee uno de los principales puntos de turismo sexual del país y del mundo, y me ahoga un sentimiento de impotencia. Ante esta angustia solo encuentro una vía, una luz… ahora entiendo por qué soy feminista. 

BibliografíaCacho, L. (2015). Eslavas del Poder. Un viaje al corazón de la trata sexual de mujeres y niñas en el mundo. Penguin Random House

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