Feministas desde chiquillas

por Natalia Hache.

Cuando escucho pláticas sobre qué materias se deberían dar en las escuelas que no están dentro de la currícula habitual escucho; finanzas personales, ecología y medio ambiente, sexualidad, música, nutrición, inteligencia emocional, meditación y un sin fin de materias que consideramos necesarias para desarrollarnos  como personas y obtener “habilidades para la vida”, no tanto conocimientos pedagógicos o cognitivos, si no habilidades para desarrollarnos como personas, pero ¿por qué nunca mencionamos materias que nos ayudarían a sociabilizar y a mejorar la calidad de la comunidad? 

La educación en algunas ocasiones profundiza en la enseñanza de conocimientos cognitivos para desarrollar habilidades como pensamiento matemático, razonamiento lógico, cálculo mental, habilidades lectoras y en algunas ocasiones o algunos sistemas de educación dejan de lado las habilidades sociales o los valores que debemos tener desarrollados desde pequeños que son base para la integración a la comunidad y uno clave y urgentemente necesaria; la empatía.

Y no responsabilizo completamente a nuestro sistema de educación, al final de cuentas a veces olvidamos que no todo lo que las pequeñas generaciones saben es directamente enseñado en las aulas; los medios de comunicación, sus círculos sociales (familia, amigos, vecinos), tienen una gran trascendencia en su sistema de creencias y en los valores enseñados y aplicados en sociedad.

La empatía es la participación afectiva de una persona en una realidad ajena; con ello entran tantos temas que carecen la sociedad en la actualidad; la responsabilidad socio afectiva, el machismo, el patriarcado, los roles de poder, el adultocentrismo; necesitamos impulsar dentro de las aulas una educación no sólo basada en un tema que se trabaja en el libro y queda en páginas respondidas, debemos apropiarnos de la cultura de la igualdad para obtener cambios trascendentales en nuestra sociedad y fomentar una cultura de igualdad en las escuelas; se comenta fácil pero conlleva una carga más grande que sólo cambiar un sistema educativo, hay que educar a TODA la comunidad escolar en la igualdad. 

Un artículo publicado en la revista Science (Bian, Leslie y Cian, 2017) hablaba de la influencia de los estereotipos que son asociados al género desde edades muy tempranas (6 años); a esta edad, las niñas comienzan a “creer” que por ser niñas son menos inteligentes que los hombres y evitan realizar actividades donde se “compruebe” su nivel de inteligencia. 

También se comprueba que desde edad temprana se relaciona los juguetes con algún género; las niñas con muñecas (reforzando el estereotipo de mujer=maternidad) y los niños con carros o legos (niño= pensamiento lógico) A través del juego, es como los niños y las niñas construyen su percepción del mundo; incorporando las ideas sobre su función y comportamiento en sociedad.

Es por esto que debemos optar dentro de la comunidad educativa clases para los docentes de primera instancia sobre el feminismo y su historia, sobre las huelgas y las revoluciones desde una perspectiva humanista, que lo veamos como una evolución humana donde se ha buscado la apropiación de los derechos humanos.

Establecer un patio de juego uniforme donde no reine el futbol, dejar de separar las filas de niños con las de niñas; fomentar una educación feminista que aunque no se notarán cambios de primera instancia, estaremos creando una sociedad a largo plazo fuera de estereotipos y roles de género que sólo fomentan una sociedad desunida, sin coincidir en un objetivo que debemos tener establecido desde la infancia; buscar un mejor mundo para todes.

Un mundo donde las niñas de seis años sepan defender a su compañera, un mundo donde puedan decirse feministas desde chiquillas, donde se busque la igualdad de los géneros, donde se pueda caminar en paz, donde se puedan sentir seguras y sobre todo amadas; por eso desde mi trinchera como docente, no me cansaré de seguirles diciendo lo mucho que valen, lo mucho que tienen por recorrer y sobre todo lo mucho que tenemos por aprender. 

La docencia es uno de los mundos más apasionantes que he conocido, hacer revolución desde las aulas es algo que he aprendido a lo largo de los años; yo no elegí la docencia cuando salí de la carrera, yo elegí la docencia desde que vi a mi mamá dar clase por primera vez porque cuando alguien hace algo con pasión y entrega, es imposible no inspirar a los demás; porque un maestro no sirve para enseñar, un maestro sirve para transformar vidas.

De nuestra autora de hoy

Natalia Berenice Rodríguez Hernández. Nací en Guadalajara, Jalisco, desde que recuerde me han gustado los libros y las letras así que decidí estudiar comunicación y el destino y una entrevista me llevaron a uno de mis oficios: la docencia. También me dedico a cuidar plantas y me considero fiel creyente de que el pozole no debería ser comida mexicana.
Redes: @Eneberreache

1 Comentario

  1. Cómpletamente de acuerdo, la educación debemos cómo padres hacerla, lo más integral posible, excelente artículo, ojalá los papás y maestro trabajaran más en conjunto

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