Hasta que te pasa a ti

Ilustración Andrea Rafols

Tenía 19 años cuando abusaron de mí. 

Cuando pasó estaba en mi casa, con “amigxs”.

Es difícil escribir esto y me tiembla un poco la mano. Se me pone fría la piel con solo recordarlo pero quiero escribirlo, quiero que salga de mi porque ya no quiero cargarlo por otros 5 años más, ya no quiero lidiar con este sentimiento de culpa que a veces me oprime y no me deja respirar, ni con la sensación de asco que me recorre el cuerpo cuando por cualquier detalle o comentario viene a mi memoria ese momento. 

Era miércoles, yo tenía clases al otro día, era mi segundo año en la universidad y viviendo sin mi familia. Mi amiga me llamaba y me insistía en que ella y sus amigos fueran a mi casa, al final dije que sí porque vivía con la constante idea de no querer incomodar, de no querer quedar “mal” con las personas porque después ya no querrían verme o me considerarían “aburrida”. Recuerdo que cuando llegaron yo ya tenía mucho sueño, pero llevaban comida y tequila y aunque yo ya no quería, seguía tomando los vasos que me servían, en algún momento pensé ¿qué es lo peor que puede pasar si estoy en mi casa?. 

Uno de los amigos de mi amiga trataba de hablarme y se acercaba mucho pero yo no tenía ningún interés en establecer ninguna especie de relación con esta persona, así que sólo trataba de no ser “grosera” y le contestaba lo mínimo. Por alguna razón, esta persona tomó eso como que yo le estaba dando pie a que intentara besarme así que lo hizo, me fui y le dije que no, que  yo no quería eso. Me empecé a sentir muy incómoda y quería que se fueran así que fui a buscar a mi amiga y me dijo que no exagerara, que además, él era “guapo” así que me quede pensando que tal vez ella tenía razón, que yo estaba exagerando, que todo estaba bien.

No recuerdo mucho después de eso, empecé a sentirme mal y muy cansada, recuerdo que alguien trataba de jalar mi ropa de mi cuerpo, yo trataba de patear y decir que no pero en algún punto todo se volvio negro y no supe más. 

Desperté sin mi ropa.

Con el cuerpo de un hombre desnudo a mi lado.

La cantidad de sensaciones que inundaron mi cuerpo no las puedo describir, ni siquiera podía hacer sentido de lo que estaba pasando, tomé mi ropa, me fui corriendo al baño y empecé a llorar. Empecé a gritar que se fuera. Encontré a mi amiga y me dijo que estaba exagerando pero que si quería ella me prestaba para la pastilla del día siguiente “por cualquier cosa”.

Tomé mis cosas, me subí a un taxi, llegué a la escuela y me quedé llorando en una banca con una de mis amigas de la universidad a la que le conté lo sucedido, me llevó a la farmacia y me acompañó todo el día, no entré a ninguna de mis clases y mi cerebro estaba en blanco.

Tardé algunos días en poder volver a mi casa, renuncié a mi trabajo y reprobé varias materias. 

No quería ver a nadie, sentía que no tenía nada que decir solo quería llorar, sentía asco de mi propio cuerpo y me reprochaba a mí misma las circunstancias que me habían llevado hasta ese lugar. Pasaba el tiempo leyendo artículos sobre personas que habían pasado por algo similar para tratar de no sentirme tan sola. Sabía que mis amigxs estaban ahí pero mi mente no creía que alguien más pudiera entender lo que estaba pasando. Pasé mucho tiempo sola, queriendo no estar aquí. 

A veces pienso mucho en una foto que me había tomado ese día en la mañana, la recuerdo muy claramente porque siento que después ya no volví a ser ella, ya no volví a verme igual.

Hoy decido contar esto porque 5 años han sido suficientes para mí, porque por fin me doy cuenta de que la culpa no fue mía, porque hoy por fin me doy cuenta que no hay nada que yo podría haber hecho para provocar que esto me pasara. 

La culpa no era mía, ni de dónde estaba, ni de lo que vestía. El violador es él. 

Escribo esto después de mucho tiempo de terapia, de pasar por momentos muy oscuros, de dejarme llevar por relaciones muy malas. Escribo con todas las cicatrices físicas y emocionales que me han quedado, con mucho miedo pero al mismo tiempo fuerte, con una red de apoyo de mujeres increíbles que sé que estarán ahí para mí y con la firme convicción de que sobre mi cuerpo solo decido yo, de que mi cuerpo y mi vida valen. Hoy perdono a la Azalia de 19 años y le agradezco por resistir y por creer que algún día llegaría a sanar, aún cuando todo parecía indicar lo contrario. 

Escribo esto porque tristemente sé que no soy la única persona que ha pasado por algo así, porque sé que no soy la única que ha cargado la culpa por años y lo único que estoy tratando de hacer, es de alguna forma decirle a las personas que me están leyendo que no están solas, que estamos juntas y juntas somos más fuertes, que lo que nos paso no lo causamos nosotras y sobre todo, que lo que nos pasó no nos define.

No es no, nuestros cuerpos son solo nuestros y nuestras vidas nos pertenecen.

1 Comentario

  1. Yo también tenía 19 años cuando uno de mis “amigos”, en un viaje a Manzanillo, abusó de mí, mientras yo estaba que me caía de borracha. Yo estaba en una habitación, él entró y literalmente puso su pene en mi boca. Yo no podía ni hablar por el estado en el que me encontraba. Intentaba decirle que parara, me estaba ahogando. No paró hasta que él quedó satisfecho y simplemente salió del cuarto con su vaso en mano. La culpa no fue mía, ni de dónde estaba, ni de cómo vestía.

    Te abrazo fuerte, Azalia. “Estamos juntas y juntas somos más fuertes, lo que nos pasó no lo causamos nosotras, y lo que nos pasó no nos define.”

Deja una respuesta

*