La sabiduría oculta del cuerpo

por Mariana Jasso

Hay quienes dicen que nuestro cuerpo es nuestro primer territorio, otras como yo lo manejamos como nuestro templo y otras quizá hablan de su cuerpa, sea una de estas con la que te identifiques o no, lo cierto es que toda la vida nos enseñaron a odiarnos, fuera cual fuera nuestro cuerpo. Y no sólo eso, nos enseñaron a habitar un cuerpo, a tenerlo, a apropiarnos de él en lugar de ser y existir en conjunto. Quisiera recuperar el siguiente fragmento del libro de “Mujeres que corren con los lobos sobre el cuerpo” de Clarissa Pinkola, psicoanalista junguiana,

“[…] A veces se habla de las mujeres como si sólo un cierto temperamento, sólo un cierto apetito moderado fuera aceptable. A lo cual se añade con harta frecuencia un juicio sobre la bondad o la maldad moral de la mujer según su tamaño, estatura, andares y formas se ajusten o no a un singular y selecto ideal. Cuando se relega a las mujeres a los estados de ánimo coma gestos y perfiles que sólo coinciden con un único ideal de belleza y conducta, se les aprisiona en cuerpo y alma y ya no son libres.”

Sin duda este libro me ha llenado de cuestionamientos constantes, el más reciente es justo sobre mi cuerpo y mis inseguridades. Creo que todas tenemos inseguridades y no sólo sobre nuestro cuerpo, sino también sobre las relaciones, nuestro trabajo y esfuerzos, nuestra familia y amistades; inseguridades de todo tipo se apoderan de nosotras haciéndonos creer que no somos o hacemos lo suficiente, pero no somos nosotras, son las enseñanzas. Se nos ha dicho que nuestro cuerpo no es perfecto y que para serlo debemos hacer dietas especiales, ejercicio y ser correctas, con esto último me refiero a que no podemos permitirnos liberar nuestros instintos salvajes como la intuición y la sabiduría ancestral, toda esa que guardamos justamente en nuestro cuerpo. Vamos a ello.

Nuestros cuerpos saben cómo interactuar con el ambiente y cómo ir fluyendo a través de lo que sucede, incluso hay quienes afirman que las estaciones del año no están ahí por casualidad y que no sólo ayudan a los árboles y animales a sobrellevar la vida, sino que nosotras como humanas también nos movemos a través de ellas, generando ideas en primavera, trabajando en verano, evaluando en otoño y descansando en invierno, pero claro que no hemos sido enseñadas en ello porque entonces, sería escuchar a la naturaleza, a lo “salvaje” y al sistema en el que vivimos no le conviene eso, lo que necesita es que vivamos para trabajar y consumir, a pesar de que, como menciono, nuestros cuerpos tienen esa sabiduría ancestral que viene de generaciones, pero la rechazamos buscando nuevas ideas o pensamientos que creamos están correctos en sociedad. Tenemos que volver a lo ancestral.

Ahora pensemos en cómo el no estar conformes con nuestra corporalidad conlleva a otras inseguridades, porque si no estamos satisfechas con nuestro cuerpo, mucho menos lo vamos a estar haciendo con lo que hagamos con él, así que primero debemos sanar los vínculos que tenemos con los cuerpos de nuestras abuelas, madres y nosotras mismas, y hago mención a sanar estos linajes de mujeres específicamente porque somos quienes hemos recibido esta opresión de manera histórica, sistémica y que nos causa dolor. Aceptar los cuerpos no sólo es su físico, sino también su historia, sentimientos y experiencias, aprender a ser un cuerpo en lugar de tener un cuerpo para poder vibrar en sintonía con todo lo que somos y vivimos a diario. Hay que reconocernos como somos. Clarissa Pinkola menciona en el mismo libro antes mencionado que la diversidad de lobas es lo que las hace fuertes, pues una sin una pata puede entrar a una cueva a comer arándanos, otra loba puede saltar tan alto a un lago que parece un delfín y otra podría tener la gracia de una bailarina al tomar agua de un estanque, porque ser diferentes nos hace mágicas y extraordinarias.

Aceptar nuestros cuerpos no es fácil, ¿cuánto tiempo nos llevará? No lo sabemos, son procesos individuales y propios, hace poco leía un artículo de una amiga querida llamada Lisseth donde compartía su experiencia compartiendo su cuerpo y cómo había pasado muchas cosas para al fin aceptarse y quererse, así que cada una tendrá su reconocimiento que conllevará dolores, pérdidas y experiencias nuevas que lleven a entender al cuerpo como un ser multilingüe que habla a través de su temperatura, su color, su olor, etc. ¿No es verdad que tu cuerpo te indica cuando tienes miedo o cuando el fuego de una excitación al estar con quien amas en un momento de pasión llega a ti? O quizá recuerdes que tu corazón latía fuerte por una decisión importante que debías tomar y te decía qué hacer, tal vez le escuchaste, tal vez no, pero eso sólo te sirve de experiencia ahora que iniciarás esta aceptación corporal y empezarás a ser, con todas las letras que tiene esa bella palabra.La sabiduría está en nosotras, sólo necesitamos regresar a ella y confiar. Cuando empecemos a aceptar, cuidar y amar nuestro cuerpo, veremos poco a poco como las otras inseguridades desaparecen o se trabajan más y mejor. Y como una mujer sabia llamada Patricia Yllescas me dijo alguna vez: aprecia la respiración porque tienes el ciclo sagrado de la vida, cuando naces inhalas y cuando mueres exhalas, tienes más poder del que crees cuando respiras y vives. Y sí, cada respiración es una decisión, así que aceptemos esa sabiduría que ya nos fue dada.

Deja una respuesta

*