Nada más político que el cuerpo

por Luis Ángel Castellanos

Decía Hermann Hesse que para nacer hace falta romper un mundo. Si bien es cierto que el escritor alemán tuvo, a lo largo de su vida, actitudes e ideas reprobables, muchas personas podremos identificarnos con esta máxima: “El que quiere nacer tiene que romper un mundo”

Cuando se nace en esta sociedad siendo cualquier cosa distinta a un hombre cisgénero, heterosexual y blanco, día a día hay que romper el mundo. Hay que desgarrarlo desde adentro, desde su gente, desde sus ideas y su historia. Hay que romperlo para conseguir espacios, para conquistar trincheras y para ganar un cuerpo. 

Históricamente las mujeres han tenido que luchar por sus derechos y conquistarse cada espacio que ahora poseen. 

Simone de Beauvoir escribió que “no se nace mujer, se llega a serlo”. Y tenía toda la razón. Sólo por su luchas, por su resistencia y por sus victorias es que la mujer ha llegado a serlo. Realmente, aquello que ha permitido que la mujer sea ciudadana, que tenga voz, voto y oportunidades, ha sido ella misma, que, a través sus propios medios y con sus propias manos ha desgarrado al mundo. Y lo ha hecho desde muchos frentes: desde las aulas, devorando libros; desde las calles, lanzando piedras y rompiendo vidrios; desde las empresas, desde las urnas, desde las cámaras legislativas y los espacios públicos. Desde todos lados. 

“No se nace mujer, se llega a serlo”. Se llega a serlo cuando la mujer es más que el útero y la vagina que engendran y paren. Se llega a serlo cuando la mujer es más que el objeto al servicio del placer masculino. Se llega a serlo cuando la mujer es más que el cuerpo confinado al hogar y a las tareas domésticas.  

Cada derecho, oportunidad y espacio que la mujer ha conseguido han sido frutos de una batalla, y cada lucha, cada protesta, cada resistencia han hecho un mundo mejor no sólo para ellas, sino para la humanidad entera. Sin embargo, de entre todas sus conquistas, vale la pena reconocer aquella más importante: su propio cuerpo. 

No hay un solo movimiento de liberación y búsqueda de derechos que no consagre en primer lugar al cuerpo. Y es que, el cuerpo es lo único con lo que el humano llega al mundo, y lo único con lo que se va de éste. Por ello, la conquista más grande que se puede hacer es el ganar el derecho, la autonomía y la decisión sobre el cuerpo propio. 

Y las mujeres lo han conseguido. Es cierto, que existen aún batallas pendientes por ganar (por ejemplo, la universalización del derecho a elegir o no la maternidad), sin embargo, definitivamente la mujer ha conseguido apropiarse de su cuerpo. 

Cuando viven su sexualidad libremente, y con ello obtienen placer, han conseguido apropiarse de su cuerpo. Cuando le dicen “no” al servir como objeto, han conseguido apropiarse de su cuerpo. Cuando se ponen la minifalda que les gusta, para complacerse a sí mismas, han conseguido apropiarse de su cuerpo. Cuando deciden llegar más y más lejos en su profesión y ser más que un útero, han conseguido apropiarse de su cuerpo. Cuando con plena voluntad deciden la maternidad, han conseguido apropiarse de su cuerpo. 

Cuando salen de fiesta, a bailar y cantar al ritmo de su canción de reggaetón favorita, rodeadas de sus amigas, han conseguido apropiarse de su cuerpo. Porque, ¿quién podría dudar que esta escena es política? Mujeres reunidas en un lugar público por su gusto, escoltándose entre sí, moviéndose al ritmo de la música, en un momento de intimidad compartida del que sólo a través del consentimiento se puede ser parte. Rebelarse a todas aquellas ideas obsoletas. Romper con la mujer servil, sumisa y esclava del hogar y del hombre. Rebelarse a todo esto es un mensaje claramente político: aquí estamos porque queremos, con quien queremos, haciendo para nosotras mismas y con nuestro cuerpo lo que queremos. 

Romper al mundo es una acción política, porque lo que se haga hoy en lo privado, cimentará el camino para lo que será público el día de mañana.  Y en realidad, no hay nada más político que la apropiación cuerpo mismo.

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