Poner el cuerpo en la calle

María Isabel Orozco Rodríguez

El pasado martes 11 de mayo, un grupo de mujeres y activistas feministas acompañamos a las víctimas del violador y pederasta Gabriel Vallejo, a la Fiscalía Estatal no. 2550 de Jalisco, con la finalidad de exigir seguimiento a sus carpetas de investigación, pues a pesar de haber más de diez denuncias en contra del supuesto psicoanalista, y una orden de aprehensión por el delito de violación, este criminal sigue libre y paseándose por la ciudad sin la menor de las repercusiones.

Llegamos a la calle 14, a las tres de la tarde, en compañía de las víctimas, entre las cuales se encontraban dos menores de edad, y comenzamos a caminar hasta llegar a la puerta de la Fiscalía. Casi al instante se nos acercó el Fiscal de Derechos Humanos para “dialogar pacíficamente” sobre nuestras exigencias; sin embargo, al momento de pedir información sobre el seguimiento de la orden de aprehensión, fue evidente que no tenía conocimiento del caso en cuestión, por lo que pedimos entrar a las instalaciones para que se atendiera debidamente a las víctimas.

Cuando nos dirigíamos a la entrada, el mismo Fiscal, mandó cerrar las puertas del recinto, justo en nuestras caras, con el pretexto de no tener en esa instancia las carpetas para revisar los casos. Ante la conmoción de ser rechazadas una vez más por las autoridades, las victimas de Vallejo tomaron la palabra ante los medios de comunicación que cubrían el
evento; comentaron cómo ellas mismas han hecho investigación para dar con el paradero de su victimario, y cómo han sido ignoradas en varias ocasiones por los servidores públicos que, se supone, deberían proporcionarles seguridad y justicia.

Mientras esperábamos a que nos abrieran las puertas, otras mujeres tomaron la palabra para compartir sus testimonios de impunidad, entre ellas una señora que con el megáfono dijo: “a mi hija la violaron, la degollaron, y la tiraron como si fuera basura, mi niña tenía solo 17 años, ya pasaron cinco años y aún no me dicen quién le hizo eso”. En el ambiente se podía palpar la tristeza y la rabia de quienes han sido ignoradas sistemáticamente una y otra vez.

La manifestación duró más de dos horas, hasta que, después de encapsular al Fiscal en una rueda de mujeres, y amenazar con no movernos de ahí hasta que revisaran las carpetas de investigación, dejaron entrar a las víctimas y a sus representantes legales a las instalaciones de la Fiscalía para dar seguimiento a sus casos. No nos retiramos hasta que todas fueron atendidas.


Esa noche no pude dormir pensando en las mujeres que vi unas horas antes, la imagen de sus caras pasaba una a una en mi mente, sus voces retumbaban en mi cabeza: “la tiraron como si fuera basura”, “me violó a los doce años”, “no nos hacen caso”. Veía también la cara de una señora que se me acercó durante la manifestación, para preguntarme cuál era la ventanilla para reportar a un familiar desaparecido, recordaba sin parar cómo me quedé muda, absolutamente congelada, sin saber qué decirle. Repetía esas imágenes una y otra vez, como si estuviera regresando la cinta de una película antigua, una película de terror.

Ahí, en el silencio y la obscuridad de mi cuarto, comprendí que, en esta ciudad y en este país, la justicia no se ejerce ni se otorga, la justicia se exige. A las y los jaliscienses, ahora más que nunca, no nos queda otra alternativa que poner nuestro cuerpo entero para exigir justicia, sobre todo a nosotras las mujeres.

Mucho se ha decidido ya sobre nuestros cuerpos, es hora de que nosotras decidamos dónde ponerlos y llevarlos a la calle; usarlos para gritar y exigir lo que se nos niega constantemente: ser escuchadas y consideradas como acreedoras de derechos. Entregarnos al acto radical de usar nuestro cuerpo para fines que no se adaptan a los estándares de obediencia y abnegación, porque la situación actual nos orilla a sacar las garras para asegurarle un futuro seguro y feliz a las siguientes generaciones.

A las mujeres que me leen, les digo: no puedes ser consiente de tus privilegios hasta que sales a la calle y ves la realidad que se viven otras mujeres, es ahí donde se encuentra el porqué del feminismo. Es ahí, en la calle, que las feministas luchamos por esas mujeres a las que nadie escucha, por las que viven los estragos de la impunidad todos los días, por las invisibilizadas, las silenciadas, las ignoradas y, sobre todo, por ti y por mí, porque sabemos que nadie más lo hará por nosotras.


El 24 de mayo del presenta año, se emitió una segunda orden de aprensión en contra de Gabriel Vallejo por los delitos de violación y abuso sexual infantil, y aunque el imputado solicitó un amparo ante la justicia federal, esto no le impide ser detenido. No nos detendremos hasta que se haga justicia, somos muchas y estamos juntas.

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