¿Por qué perforar las orejas? – De las niñas

Diana Chávez

Lo que convierte al feminismo en una forma de vida, es replantearnos todo lo que hemos pasado en las distintas etapas de la vida y tener una oportunidad para entenderlo y cambiarlo. Así como suele decirse que las personas más jóvenes son el futuro de la sociedad porque comienzan a vivir en distinto contexto y se atreven a desafiar las formas ortodoxas de vivir y pensar; así sucede con nosotras, somos el futuro de una sociedad misógina cegada por el patriarcado que puede quebrarse, puede evolucionar si nosotras como mujeres lo cambiamos.

Pensando en lo anterior me comenzó a preocupar la costumbre que se tiene de perforar a las mujeres desde bebés y someterlas al uso de aretes como una práctica normal (valdría la pena hacer una reflexión de lo que es normal) e inevitable. ¿Cuál es el objetivo de ponerle aretes a las niñas? Preguntando llegué a parar en dos palabras que me dan miedo: feminidad y diferencia. Al parecer, el uso de aretes en las niñas las hace más “femeninas” y considero esto como una forma de esclavitud que tenemos las mujeres en esta sociedad, el deber usar cosas que nos hagan ver femeninas y si no es así, entonces está mal. La segunda palabra, la diferencia, va encaminada a separarnos, a definir lo que somos incluso antes de que nosotras mismas lo descubramos. El uso de aretes se justifica con: “eres niña y debes vestirte y actuar como tal” y “les ponemos aretes para diferenciar a las niñas de los niños” como si esto último fuese tan necesario para la supervivencia (que tomando en cuenta los feminicidios sucedidos últimamente, me la pienso un poco); bastaría ver si tiene pene o vagina, no la práctica un tanto brutal de perforar las orejas de las niñas.

Socializando un poco lo que pienso sobre esta práctica, me di cuenta que muy pocas personas lo ven de esta manera y eso me asusta; a veces los actos que parecen más simples o sin importancia, son o pueden ser los más perjudiciales; un ejemplo es cuando por ser mujer en casa debes encargarte de lavar los platos y recoger la mesa -que no es algo malo ya que las responsabilidades nos hacen, valga la redundancia, responsables pero, lo mal está en no integrar a los hombres en las mismas actividades-. Estas pequeñas acciones nos van haciendo diferentes entre hombres y mujeres y nos inclinan hacia cometidos diferentes del deber ser dejándonos sin la opción de elegir.

Los aretes en las niñas son una práctica que nos obliga a ser o aparentar ser diferentes cuando lo único diferente se encuentra en lo físico y lo fisiológico. Otro ejemplo muy común es la tolerancia que deben tener las niñas cuando son agredidas por los niños; ya conocemos la típica de “te molesta porque le gustas”, esta práctica, aunque parece insignificante, enseña a las niñas a soportar el maltrato porque es un signo de amor, algo triste que trae consecuencias a la larga.

El uso de aretes es algo completamente inofensivo y personal, pero precisamente por lo personal es que debería evitarse esta práctica contra las niñas y dejar que ellas decidan si quieren usarlos o no cuando tengan la edad para ello. La imposición de ideas estéticas a las niñas las lleva a diferenciarse, a preocuparse continuamente por ser bellas, “femeninas” y diferentes; aceptar que deben ser diferentes a los niños y que esas diferencias no solo se reflejan físicamente sino en todos los aspectos de sus vidas.

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