Reclamo mi placer

Karen Rodríguez

Reclamo mi placer disfrazado de tabú,

mis disgustos y mis labios,

la acera en la que camino,

las anécdotas que cuentan mis ojos,

mi útero enternecido.

Reclamo mi mañana,

mis maneras de decir “te quiero”,

el enojo que me hierve la sangre

cada vez que perturbas mi paz.

Lilith mitologíca, hecha de un barro inquebrantable:

desafiaste toda ley masculina que caía sobre ti

con más fuerza que la misma gravedad,

y fuiste exiliada a la soledad punzante como castigo.

Nosotras, descendientes de Lilith,

descendientes de una fuerza palpitante,

de libertad y autogestión,

creamos vida si así lo deseamos,

vivimos con nuestros múltiples orgásmos

y con el corazón en la mano

entregándolo a nadie, como Sabines poetizó.

Nosotras, mujeres,

más que seres de belleza y expresiones de etiqueta,

más que amantes de turno

entre las sábanas en una noche de vino,

más que fantasmas de la literatura y de la historia universal,

somos la humanidad sentipensante

que persiste y que no se deja derrotar,

por eso, más que nada, más que todo,

reclamo quien yo era antes de que llegaras a mi vida y a mi cuerpo,

violento como un desastre natural,

y me doy cuenta ahora de que existe la vida después del hombre.

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