Se robó mis datos y me escribió de madrugada

por Maria Fernanda Flores

Hace unas semanas recibí por la madrugada un mensaje de WhatsApp desde un teléfono desconocido: ¨Hola. Buenas noches. ¿Eres Fernanda?¨. Mis señales de alarma se encendieron en cuanto leí mi nombre. ¿Quién me escribía a esas horas desde un teléfono desconocido y dirigiéndose a mí por mi nombre? Mi estómago se hizo nudo y la ansiedad se disparó. 

Unos minutos después descubrí que era un chico que me había atendido al hacer un pago y quien había decidido guardar mi número de celular. Al saberlo, me sentí aún más vulnerable, preocupada y en peligro. ¿Y si era un acosador? ¿Y si tenía más de mi información privada? Decidí seguirle un poco más la conversación para definir si era una amenaza a mi integridad. 

Mi mente era una maraña de ideas, de esas que todas las mujeres sentimos al saber que un hombre se siente en el derecho de reclamarnos atención sin siquiera conocernos. Sin embargo, lo tomé como una especie de experimento social para entender mejor qué pasaba por la mente de este personaje. Trataría de educar a un hombre promedio sobre el acoso que vivimos las mujeres a diario y por qué robarse mi número de celular no es una estrategia de conquista. Spoiler alert: no funcionó.

Desde un principio le dejé muy claro que me parecía muy mal lo que había hecho y traté de explicarle por qué no era la manera para acercase a alguien. No es de sorprender lo que sucedió después: propuestas sexuales explícitas y comentarios no solicitados sobre mi cuerpo. Insistí en el concepto de consentimiento, pero como siempre, no le interesó mi opinión.

Al pasar de los días, me fue contando más sobre su vida, sus parejas, su atracción hacia mí. Todo me parecía un discurso muy ensayado y trillado, enfocado en ¨seducirme¨ insistiendo en sus medidas anatómicas, su capacidad de satisfacer a sus amantes y su gran desempeño en el colchón. Además de su constante recordatorio de quererme enviar dick pics. Yo ya tenía confirmado que cumplía con todas las características tan normalizadas en los hombres: irresponsabilidad afectiva, nulo cuidado de la salud de sus parejas, limitado conocimiento de anatomía femenina, enfoque únicamente en el auto-complacimiento, acosador e hipersexualizado. 

Sin embargo, el culmen llegó cuando le pregunté sobre su salud sexual. Ya que según sus propias palabras, había tenido una gran lista de parejas, insistí en sus rutinas de prevención de ITS y análisis periódicos. No me sorprendió que en siete años de actividad no se hubiera realizado ninguna revisión o consulta médica. La sangre me ardió al saberlo y di por terminado el experimento, mi paciencia se agotó y lo confronté. Al cuestionarlo sobre ello, sus respuestas se volvieron violentas y su actitud arrogante, se rompió la burbuja de ¨cortejo¨ y pasó a ser de agresión. Otra muestra de esta masculinidad herida frente a alguien como yo. 

No podía callarme y fingir que todo estaba bien cuando las mujeres ya sufrimos violencia sexual de tantas maneras. Sólo basta recordar que existen prácticas como el stealthing (retirar el condón sin consentimiento), que el 90% de las mujeres con VIH lo adquirieron de su pareja estable (AHF México) y se estima que el 90% de las mujeres mexicanas ha tenido VPH (CEDOC INMUJERES). 

No podemos callarnos ante estos individuos que sólo sexualizan nuestros cuerpos, nos ponen en riesgo y se aprovechan de su posición para acosarnos. Si bien aprendí un poco más sobre cómo piensan, es algo que no volveré a hacer. No le dedo mi tiempo, atención o respuesta a nadie, menos a un hombre que sólo piensa en aprovecharse de cuerpos femeninos para su propio placer. 

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