Somos todos

Lily Paola Sánchez
21 años, Villahermosa, Tabasco

Hoy tomé un taxi para ir a mi casa desde la universidad, el único pensamiento que abarcaba mi mente era que podría hacer si algo me pasara ¿Cuál de los cuatro asientos es más seguro? Supongo que el del copiloto, al menos así tengo un poquito de control sobre una puerta, ¿La mochila será suficiente escudo? No lo sé, aún así la abrazo por delante, por cualquier cosa, meto la mano en la bolsa de mi pantalón, no traigo la navaja suiza que me regaló mi papá y me angustia, ¿Es normal?

Soy estudiante. Mis preocupaciones deberían resumirse a la montaña de ensayos, proyectos finales y uno que otro examen, pero en realidad quedan en segundo plano. Soy joven, no debería tener miedo de salir a divertirme de vez en cuando o de alzar la voz. Soy mujer, no debería pensar muchas veces en cómo vestirme para que no me pase nada malo o preocuparme por andar sola.

Mujeres día a día son víctimas de feminicidios. De acuerdo con reportes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), del año 2000 al 2015 se cometieron 28 mil 710 casos de feminicidios en el país. Vidas reducidas a estadísticas, nombres convertidos en números, año tras año.

Tres estudiantes de cine fueron desaparecidos y asesinados, tristemente no es la primera vez, también 43 más, no hace mucho. ¿Y cuál es la estadística de estudiantes asesinados? No hay registros, no hay datos.

“Grabaron donde no debían”, “Andaba sola de noche”, “Habló sobre lo que no debía”, “Andaban en malos pasos”, el lugar equivocado es México y el momento equivocado es hoy. México es un país de jóvenes, somos el presente y futuro y nos están violentando.

Es preocupante como nos encontramos ante una sociedad a la que se le ha olvidado sentir, los asesinatos a estudiantes y feminicidios no pasan por culpa de la víctima. La culpa es de la persona que se creyó con el derecho de tomar una vida ajena como su propiedad para después ponerle fin.

¿Si me matan es que hice algo mal? No, no fue mi culpa.

Me enoja, me entristece y me indigna la situación, y sé que no soy la única que se siente así. No hay razón lógica para lo que está ocurriendo. ¿Dónde está la justicia? Claramente en México no. ¿Cómo podemos vivir tranquilos? No podemos. Nos están matando, nos están desapareciendo, exigimos justicia, exigimos seguridad y no nos vamos a callar. No somos tres, somos todos.

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