Un cuerpo nuestro

Luis Ángel Castellanos

Los estándares de belleza occidental están tan enraizados en nuestra psicología colectiva que se convierten en expectativas personales. Como mujeres, deseamos cinturas más delgadas, pechos más grandes y rostros más afilados. Como hombres, quisiéramos bíceps más grandes, pectorales más desarrollados y abdominales bien definidos. En la mayoría de los casos, llegar a un nivel de perfección física (tomando como medidas estos estándares) es prácticamente imposible, lo que puede impactar en la vida de las personas.

Sin embargo, para muchas otras el descontento con su cuerpo va más allá. Imagina que el verano llegó, estás en la playa y te pones ese traje de baño que te encantaba. Empero, ves que no te queda como como imaginabas. No es el cuerpo que tenías en tu mente. Y te sientes mal, con incomodidad. No quieres mostrar ese cuerpo por lo que te pones un pareo o una camiseta. Imagina ahora, sentir eso de manera permanente y sin que haya prenda capaz de cubrirlo.

Romina es una simpática adolescente de 13 años. Para conocer a Romina, es necesario mencionar aquello que le gusta. Romina adora trepar árboles; siente fascinación por los insectos; hornea las mejores galletas del mundo y en la secundaria sus maquetas siempre son las mejores; es muy rápida corriendo y ninguna de sus amigas del fútbol le para un gol. Y aunque siempre ha sido muy alegre, en los últimos años, cada vez más, hay algo que parece asfixiarla. Romina odia pensar que sus papás esperan que encuentre a un buen hombre y se case. Le causa disgusto pensar en tener hijos y quedarse en casa. Aunque todos halagan su larga cabellera, en realidad a ella no le gusta tanto, y preferiría cortarla aunque fuera un poco. A Romina no le gusta su nombre, piensa que no le queda bien del todo, por lo que ha comenzado a presentarse como “Rom”, ya que siente que va mucho más con su personalidad. Tampoco se siente cómoda usando vestidos o faldas, ni ropa muy ajustada. Y ni hablar de usar esos taconcitos que le compró su mamá. No tolera ni verlos. Prefiere la ropa más sobria, de mezclilla y colores neutros y siempre ha sentido cierta añoranza por los trajes de su papá. Recientemente, además se siente muy incómoda en los vestidores y las regaderas del fútbol, y siendo honestos, lo que en realidad le desagrada es su cuerpo.

Y no es que quisiera ser más delgada, ni tener un rostro más afilado o tener pechos más grandes, sino lo contrario. Ver cómo su cuerpo cambia, cómo su silueta en el espejo se refleja cada vez más femenina la atormenta cada noche. Al verse a sí misma, no puede contener el llanto, e incluso ha tenido algunos episodios de ansiedad por los que ha tenido que pasar sola, ya que nadie la entendería. Sus compañeras de la escuela leyeron en la revista de una de sus mamás sobre la masturbación femenina y dos de ellas lo intentaron. Dijeron que se sentía bien y que debería probarlo, y aunque Romina lo ha intentado con todas sus fuerzas, no puede tocar sus genitales sin sentirse sucia, nauseabunda y con un sentimiento de enorme vacío que se convierte incluso en dolor y que ni los abrazos de su mamá pueden calmar.

Romina tiene disforia de género. Según el Manual MSD la disforia de género, es la identificación potente y persistente con el sexo opuesto, que deviene en ansiedad, depresión e irritabilidad y deseos de vivir con el género distinto al asignado al nacer. Quienes lo padecen se encuentran en un cuerpo que es incompatible con su identidad de género (Manual MSD, 2019).

Rom no necesita bajar 5 kilos, ni ir al gym o a hacerse las uñas. Rom necesita un cuerpo que coincida con su identidad. Necesita que su cuerpo, que es enteramente suyo, sea modificado, que sea arreglado y que sea adecuado para ser feliz. Hay quienes necesitan músculos, depilación o maquillaje. Pero Rom, y muchas otras, necesitan simplemente un cuerpo suyo y la dignidad de éste.

La OMS retiró en 2018 la transexualidad de la lista de enfermedades mentales, y aunque eso representa un gran paso, la sociedad sigue señalando y excluyendo a aquellos que más autonomía necesitan sobre su cuerpo. Todxs tenemos que aprender que #TransEsBello y todxs tenemos derecho a que nuestro cuerpo sea, efectivamente, nuestro.

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