¿Y así, quién se las va a tomar en serio?

Claudia Custodio

Desde hace varios días, miles de mujeres han salido a protestar en las calles de Chile contra la violencia machista, después del brutal asesinato y violación de una menor de un año.

Las mujeres, lideradas por las jóvenes universitarias se organizaron y salieron a marchar en vista de los numerosos sucesos machistas que han ocurrido en el país durante los últimas semanas. Decenas de universidades e instituciones de educación secundaria se encuentran paralizadas bajo la protesta feminista, que exige una educación libre de violencia de género y un alto a los casos de acoso y abuso sexual dentro de las instituciones y en el país en general. El movimiento, abiertamente feminista, ha tenido tal repercusión que incluso las estudiantes de la Pontificia Universidad Católica, caracterizada por ser conservadora, y una de las instituciones acusadas de permitir el acoso y abuso sexual en sus aulas, se han sumado a la movilización.

Pero a pesar del increíble ejemplo sin precedentes de un movimiento transversal y nacional de mujeres organizadas y autónomas, exigiendo justicia y reivindicación de sus derechos humanos más fundamentales, la prensa ha decidido enfocarse en un sólo aspecto del movimiento:

Foto: Publimetro, 2018

La cobertura en medios y redes sociales parece centrarse en el hecho que durante la manifestación, un contingente de mujeres se presentaron con el torso desnudo y los rostros cubiertos con pasamontañas rojos, a la usanza del colectivo punk feminista Pussy Riot. “¿Y así, quién se las va a tomar en serio?” “¿Quieren que las respeten mientras enseñan las tetas?” “Qué asco, sólo hacen el ridículo”; son comentarios con los que me cruzo constantemente en redes, mayormente proveniente de personas que desconocen el motivo de la manifestación.

Pues bueno, yo me las tomo en serio. Y yo sí las respeto. Porque el nivel de respeto y seriedad de un ser humano no se mide conforme a su ropa, y porque estas chicas de rostros cubiertos y torsos desnudos fueron las que se atrevieron a salir a las calles a pedir justicia por la ola de violencia machista y feminicida que atraviesa Chile -y américa latina en general- y no han tenido miedo a recurrir a tácticas transgresoras para ser escuchadas. Por que en una sociedad como la actual, que una mujer se atreva a mostrar sus senos con un fin que nos sea el del consumo masculino es precisamente eso, trasgresor.

Con tal de que se escuchen sus demandas, no les importa ser tachadas de “locas, guarras, asquerosas” en el proceso. Porque saben que no hay espacio para la lucha feminista en los medios convencionales, y los derechos no se obtienen con un “por favor” y “gracias”. Así semidesnudas, enojadas y gritonas, merecen más respeto que cualquier otrx individux que se queda silente y con brazos cruzados mientras se violan bebés y niñas en manadas.

En Jalisco, existen cerca de 49 denuncias por acoso y abuso sexual dentro de la Universidad de Guadalajara, la principal institución de educación superior del Estado. Pese a las múltiples solicitudes de transparencia y la presión de grupos estudiantiles y organizaciones de la sociedad civil, tanto la Universidad como el gobierno se han mantenido indiferentes ante el asunto, e incluso han contribuido a la protección de los agresores.

Y si para que nos hagan caso y volteen a vernos es necesario que nos plantemos con el torso desnudo frente a rectoría, lo haremos. Porque estamos hartas, y al contrario de lo que nos dicen muchos, no hay vergüenza alguna en luchar por nuestros derechos.

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